Escrito por
La Redacción.
diciembre 02, 2017
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El presidente de Francia, Emmanuel Macron
pasa este sábado frente a una formación militar
en la capital francesa.
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El
índice de popularidad del presidente de Francia ha caído desde el 66% en junio
hasta el 46% en noviembre.
París.- Durante un acto
de campaña en Hénin Beaumont, un antiguo pueblo minero, el por entonces
candidato a presidente, Emmanuel Macron, esperaba encontrar algunos
simpatizantes, como Brigitte Dessailly.
Tras una pequeña charla con Dessailly,
viuda y madre de tres hijos, ésta le confirmó que tenía su voto. Seis meses
después, tras la victoria de Macron en mayo, Dessailly es menos entusiasta.
Macron afirma que se ha quedado perpleja
con alguna de las medidas del presidente, lo que ha llevado a los críticos a
bautizarle como "el presidente de los ricos".
Como
antiguo miembro del ayuntamiento de Haillicuort, Dessailly está preocupada por
los efectos de los recortes en gasto público. Uno de cada cuatro residentes de
dicho pueblo se encuentra por debajo del umbral de la pobreza. Los planes de
Macron para reducir los trabajos subvencionados por el Estado amenazan el
puesto de trabajo de 19 habitantes del municipio.
La
opinión de Dessailly ofrece una pista sobre uno de los mayores problemas
nacionales a los que se enfrenta Macron: cómo convencer a la clase obrera de
mantener las políticas tradicionales de globalización que han sumido a las
regiones industriales en la ruina y han enviado a los trabajadores no
cualificados al paro, que se sitúa en el 9,4%.
Fuera
de Francia, el triunfo de Macron en las elecciones de mayo frente a la
candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen, ha sido alabado como un signo de
que el país galo ha encontrado la fórmula para contener a los euroescépticos.
Macron,
que prometió renovar la política con su partido de centro En Marcha, es visto
como un baluarte del orden liberal de posguerra, especialmente tras el reciente
revés sufrido por la canciller alemana Angela Merkel.
Los inversores extranjeros elogiaron los
primeros pasos del presidente, que contó con el respaldo de una mayoría parlamentaria
tras las elecciones legislativas de junio. Pero la debilidad del presidente y
de su partido es algo evidente.
El mes pasado, tanto los presupuestos de
Macron como sus reformas registraron un índice de popularidad muy bajo. La
defensa del presidente sobre la política de centro de su partido es acogida con
escepticismo. Según Ifop, el índice de popularidad de Macron ha caído cerca de
un 66% desde junio, hasta el 46% en noviembre. Los votantes del
centro-izquierda sienten que sus políticas han girado demasiado a la derecha en
estos meses.
El
creciente descontento de la clase obrera es otro gran problema que ha ido
empeorando con el paso del tiempo. La mayoría de personas con rentas altas
apoyan las políticas de Macron, frente al 33% de la clase obrera, un descenso
del 24% desde junio, según datos de Ifop.
"Cada
vez hay más personas que piensan que Emmanuel Macron dirije sus políticas a un
pequeño porcentaje de franceses acomodados. Será difícil deshacerse de esa
imagen. Los votantes de clase obrera no sienten que él sea uno los suyos",
afirma Bruno Cautrès, profesor de la Universidad de Po en París.
Menor popularidad.- El descenso de la
popularidad de Macron no debería ser una sorpresa, teniendo en cuenta que su
victoria electoral fue más un reflejo del rechazo a Le Pen que un apoyo a su
plataforma. El porcentaje de Macron durante la primera ronda de votaciones, el
24%, era su base de votantes, afirma Cautrès, que advierte que los votantes de
los candidatos euroescépticos como Le Pen y Jean-Luc Mélenchon, casi la mitad
del total, no han desaparecido.
Sin
embargo, la falta de estructura del partido se ha convertido en un problema.
Muchas de las figuras que lideraron la campaña se han trasladado al Palacio
Elíseo o a la Asamblea Nacional, dejando a muchos de sus políticos locales con
pocas directrices y, en muchos casos, decepcionados. Esto hace que la
revolución política de Macron se encuentre en sus horas más bajas, lo que sin
duda se reflejará en las elecciones parlamentarias y municipales de 2019 y
2020.
Thomas
Godart, un empresario que nunca participado en política hasta que se afilió a
En Marcha en la región de Haillicourt, cree que los ex políticos están
intentando llenar el vacío a nivel local y compiten por una posición en el
partido de cara a las próximas elecciones.
Godart considera que los caminantes,
como se conoce a los simpatizantes de Macron, se sienten decepcionados. Las
últimas decisiones sobre los candidatos y la dotación de personal parecen
responder más a una cuestión de propaganda que a necesidades locales. "En
Marcha no debería parecerse a otros partidos. Hay gente que utiliza al partido
para sus propios intereses y las antiguas redes políticas se están reactivando.
Necesitamos mantener la fe y la lealtad
de aquellos que se unieron al principio. Tenemos que mantenernos alerta para
proteger la esencia del partido y evitar antiguos hábitos", afirma Godart.
Pero, a corto plazo, Macron se está beneficiando de la falta de organización de
los antiguos partidos de derecha e izquierda.
Le
Pen y Mélenchon tuvieron problemas a la hora de movilizar a sus simpatizantes.
Las protestas contra la reforma laboral han tenido menos seguimiento que las
realizadas hace un año contra la reforma de François Hollande.
"Macron
ha ganado el asalto. Las movilizaciones tendrían que haberse producido antes,
pero no ha ocurrido. Es extraño. Solíamos tener un mecanismo de resistencia
social", declaró Mélenchon el mes pasado.
Pero
los analistas políticos advierten que el descontento está creciendo entre las
rentas bajas, especialmente tras la decisión de Macron de eliminar los
impuestos sobre el patrimonio para las personas que tengan bienes con un valor
superior a los 1,3 millones de euros.
Por
otro lado, se han subido los impuestos a los pensionistas que perciban más de
2.000 euros al mes. Cautrès añade que la reforma laboral limita las acciones
legales por despido improcedente, lo que ha generado un clima de inseguridad
entre los trabajadores.
Reformas.- A pesar de las
críticas, Macron ha capeado el temporal. El presidente considera que las
reformas, presentes en su programa electoral, están diseñadas para dar un
impulso a la economía tras 5 años de estancamiento con Hollande, para el que
Macron trabajó de asesor económico y ministro. "No sé lo que significa
'una política para ricos'. Tan sólo sé que cuando el país no tiene un impulso
económico, cuando los emprendedores no tienen éxito, cuando no hay inversión,
los más desfavorecidos no salen adelante", declaró el presidente a
principios de este mes en un mitin en Roubaix.
Se
espera que el PIB francés crezca un 1,7% este año en comparación con el 1,2% de
2016, debido al impulso de la recuperación económica mundial y a las exenciones
fiscales para las empresas introducidas por Hollande en 2014. Según la
consultora Trendeo, por primera vez desde 2009, las aperturas de fábricas han
superado a los cierres. Este año, se espera que, por primera vez desde 2007,
París reduzca su déficit presupuestario hasta los niveles de la UE.
Los
funcionarios también insisten en que otras reformas podrían satisfacer a los
votantes de las clases medias y bajas. Se invertirán unos 15.000 millones de
euros en planes de formación profesional para desempleados y la prestación por
desempleo se extenderá a agricultores y autónomos. Los 37 planes de pensiones
de Francia se unificarán y, para el final de la legislatura de Macron, el 80%
de los hogares estarán exentos del pago del IBI.
Liberalismo.- El presidente
insiste en que está defendiendo el liberalismo en Francia y unas regulación
laboral y comercial más severa en la UE. Macron ya ha conseguido endurecer las
leyes para los trabajadores desplazados, lo que permite a las empresas
contratar mano de obra temporal más barata procedente del Centro y Este de
Europa para trabajar en otros estados miembros.
El
presidente francés también aprobó el mantenimiento de 200.000 empleos
subvencionados de un total de 500.000, aunque Macron cree que son puestos que
no fomentan la creación de empleo, ya que han sido utilizados por los alcaldes
durante las campañas electorales para ganar votos.
Sin embargo, en Haillicourt, donde los
desempleados representan el 18% de la población y un 40% de estos ha estado sin
trabajo durante más de un año, muchos podrían sentirse tentados ante estos
puestos.
Christelle
Senechal, dueña del restaurante Le Mustang, cree que es un grave error poner
fin a estos contratos. Su hijo de 19 años ha pasado de un trabajo temporal a
otro, el último en una planta de montaje de coches.
A pesar de tener un salario de unos
1.300 euros al mes, el banco le negó un préstamo para comprar un coche.
"Para mí, Macron siempre será un banquero. Siempre está hablando de
Europa. ¿Y qué pasa con Francia?", añade Senechal refiriéndose a la época
en la que Macron estuvo en el banco de inversión Rotchschild.
Le
Pen consiguió un 66% de los votos en mayo, una cifra muy distinta a los
resultados nacionales. En las elecciones al Parlamento en junio, el candidato
local del Frente Nacional ganó un escaño en la Asamblea Nacional, uno de los
ocho del partido en el Parlamento, incluyendo a Le Pen.
Godart
cree que llevará algún tiempo antes de que ciertas regiones del país acojan la
visión optimista del presidente. Pero a pesar de esta resistencia, aún hay
lugar para la esperanza. "Hemos llegado hace menos de un año, es duro. A
día de hoy, los que estaban enfadados, lo siguen estando", añade Godart.
A
pesar de sus dudas, Dessailly no ha perdido completamente la fe en el
presidente francés. "Sabíamos que la gente estaba descontenta tras la
presidencia de Hollande, que no hizo mucho por nosotros y no tenía carisma.
Macron parece un buen presidente, todavía es pronto para hacer conjeturas.
Prefiero esperar".


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