Escrito por
La Redacción.
diciembre 19, 2017
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Pyongyang.- El estatus de paria de Corea del
Norte parece aumentar cada día. Sin embargo, debajo de ese aparente aislamiento
yace una extraña anomalía: su red diplomática sorprendentemente extensa.
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Corea del Norte es retratado con frecuencia
como un país aislado, pero tiene vínculos
diplomáticos con casi 50 países.
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Desde
su creación en 1948, Corea del Norte ha establecido relaciones diplomáticas
formales con más de 160 países y mantiene 55
embajadas y consulados en 48.
Un pequeño pero significativo número de Estados —25 en
total— tienen misiones diplomáticas en Corea del Norte, incluyendo Reino Unido, Alemania y Suecia, según
muestra el mapa del Instituto Lowy.
China y Rusia, como sus vecinos comunistas, están
entre los primeros países que establecieron relaciones diplomáticas después de
la creación de la República Popular Democrática de Corea (como se conoce
oficialmente).
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Ja Song-nam, embajador norcoreano en la ONU.
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Estados Unidos está ahora presionando al resto del
mundo a endurecer su relación con Pyongyang. La embajadora estadounidense en la
ONU Nikki Haley, llamó a "todas
las naciones a cortar todos los lazos".
Entre aquellos que tomaron acciones están España,
Perú, México, Italia, Kuwait y Myanmar, que expulsaron embajadores o
diplomáticos en los meses recientes.
Portugal, Uganda, Singapur, Emiratos Árabes Unidos y
Filipinas suspendieron las relaciones o cortaron otras relaciones.
Pero muchas misiones diplomáticas norcoreanas
alrededor del mundo permanecen abiertas por negocios.
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Conferencia de la industria de
municiones de
Corea del Norte.
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Algunos países incluso parece que están reforzando la
relación. Así, Pyongyang coopera
con varias naciones africanas en la construcción de numerosos
proyectos y mantiene conversaciones sobre energía y agricultura con otras.
Sin embargo, los lazos diplomáticos con Corea del
Norte son profundamente deficientes.
Solo seis de los 35 países miembro de la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la organización
internacional de las economías más desarrolladas del mundo, mantienen una
misión en Pyongyang.
Estados Unidos nunca
estableció relaciones diplomáticas con Corea del Norte. Tampoco Japón ni Corea del Sur.
Esto significa que Estados Unidos y algunos de sus más
cercanos aliados asiáticos dependen de otros países para la escasa información
que sale de Pyongyang.
Esta viene de países como Alemania, Reino Unido y
Suecia, que comparten las instalaciones en la capital norcoreana, y que no
llegaron a retirar a sus embajadores ni a cerrar las misiones norcoreanas en
sus capitales.
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Corea del Norte celebró sus
pruebas
nucleares con la emisión de sellos.
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La red de misiones
diplomáticas norcoreanas en Asia, Europa, Medio Oriente y África han
sido cruciales para generar ingresos, tanto legales como ilícitos,
evadiendo las crecientes sanciones de las Naciones Unidas y las unilaterales.
Las embajadas en gran medida se autofinancian, y las
acusaciones de que operan como frentes para actividades ilícitas son extensas.
Los
anfitriones europeos de las misiones norcoreanas se han quejado de que los
edificios de las embajadas se subalquilan ilegalmente a empresas
locales.
En Pakistán, un país con históricas simpatías hacia
Pyongyang, un robo en la residencia de un diplomático norcoreano generó
sospechas de que podría haber estado involucrado en el contrabando de alcohol a
gran escala.
En ambos lados, las agencias de inteligencia sospechan de los funcionaros del
otro país y vigilan de cerca a los diplomáticos y los someten a restricciones
estrictas de viaje.
Corea del Norte también pone a sus propios
diplomáticos bajo un escrutinio de contrainteligencia,
temiendo que puedan desertar.
Dados todos estos problemas, la pregunta obvia es:
¿qué puede lograr la diplomacia?
Para algunos países socialistas o comunistas, como
Cuba, Venezuela y Laos, la relación con Corea del Norte cobra una apariencia
de apoyo ideológico mutuo.
Pero en estos días, esos fraternales lazos
diplomáticos se sostienen más por una corriente compartida de antiamericanismo que por una
ideología común, al igual que ocurre con Siria e Irán.
Donde sea que estén ubicados, se espera que los
diplomáticos de Pyongyang impulsen el apoyo progubernamental y rechacen los
sentimientos "hostiles".
Los países occidentales que acogen misiones y las
tienen en Pyongyang, como Alemania, ven un valor en mantener abiertas las
líneas diplomáticas de comunicación, creyendo que la diplomacia es la mejor solución al problema coreano.
Quienes también pueden proveer un servicio invaluable
fueron los diplomáticos suecos, que obtuvieron permiso para acceder al
estudiante estadounidense Otto Warmbier, arrestado en Pyongyang en 2016 y quién
murió poco después de su regreso a Estados Unidos.
Un exembajador británico en Pyongyang
argumentó que tener una embajada valía la pena, no costaba mucho y podría
"actuar como los ojos y
oídos de la comunidad internacional en una situación potencialmente volátil".
Los
vínculos entre Pyongyang y el resto del mundo, aunque sean frágiles, muestran
que las opciones diplomáticas con Corea del Norte aún no se han agotado.
(Sobre este artículo: Esta pieza de
análisis fue encargada por la BBC a Alex Oliver, director del Programa de
Diplomacia y Opinión Pública del think tank con sede en Australia Lowy
Institute, y a Euan Graham, director de su Programa de Seguridad Internacional.
Publicado este martes en MSN Noticias).






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