Escrito por
La Redacción.
diciembre 13, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
Lilian Tintori, activista de derechos
humanos y esposa del líder
opositor
venezolano Leopoldo López.
|
La
esposa del opositor Leopoldo López afirma que “hoy en Venezuela, hay más de 300
presos políticos que ejercen lo que Sájarov llamó la lucha incesante por su
dignidad humana”.
Madrid.-
En
el discurso del Premio Nobel de la Paz 1975 del disidente soviético Andrei
Sájarov, pronunciado por su esposa Yelena Bonner, manifestó: “Es insoportable
considerar que en este momento en que estamos reunidos en esta sala en esta
ocasión festiva, cientos y miles de presos de conciencia están sufriendo de
desnutrición”. Cuando el Parlamento Europeo honra a la Oposición Democrática
venezolana, y a todos los presos políticos del país, con el Premio Sájarov 2017
a la Libertad de Pensamiento, hoy podríamos pronunciar estas mismas palabras. Al recibir este prestigioso honor
nuestra alegría es agridulce.
Mientras que el reconocimiento de
nuestra lucha y esta muestra de solidaridad nos anima, sabemos que este premio
es producto de una gran tragedia. Hoy en Venezuela, hay más de 300 presos
políticos que ejercen lo que Sájarov llamó “la lucha incesante por su dignidad
humana”.
Están sujetos a actos crueles,
degradantes y tortura; están encerrados en celdas sin ventanas, uno de esos
sitios apodado la Tumba, algunos han sido
amenazados con ser quemados a menos que confiesen crímenes que no cometieron.
Los crímenes actuales de los detenidos incluyen:
enviar un tweet crítico contra el
Gobierno, usar un megáfono para llamar a la libertad y criticar al Gobierno.
Estos presos, en su lucha por la
dignidad, encarnan el coraje de nuestra gente; a pesar de conocer las
atrocidades de las que es capaz el régimen, han exigido incansablemente la
libertad de nuestro pueblo, en paz y de conformidad con nuestros derechos
constitucionales.
Este maltrato hacia los presos políticos
es solo parte de un patrón más amplio de supresión de los derechos básicos y de
someter a la población a condiciones de privación para tratar de debilitar a la
disidencia.
La actual crisis humanitaria en
Venezuela es la materialización de nuestras peores pesadillas. Nuestros
hospitales carecen del 85% de los medicamentos y los supermercados no tienen
comida. Tres cuartas partes de los venezolanos han perdido en promedio 9
kilogramos.
Actualmente, 300,000 niños están en
riesgo de morir por desnutrición —en los últimos cuarenta días, 11 niños han
muerto— y en 2017 han resurgido enfermedades del siglo pasado que estaban
erradicadas como la malaria y la difteria. Pero el Gobierno venezolano se niega
a aceptar cualquier ayuda humanitaria. ¿Qué tipo de Gobierno decide dejar morir
de hambre a sus propios niños?
Hace casi cuatro años, mi esposo
Leopoldo López, uno de los presos políticos a quien se honra hoy, comenzó su
protesta contra esta injusticia.
Indignado por el arresto de nuestros
jóvenes estudiantes, y anticipando el desastre humanitario que se avecinaba,
pidió a los venezolanos que salieran a la calle pacíficamente para comenzar
esta lucha. Tras tres años y diez meses de injusto encarcelamiento la mayoría
del tiempo en una prisión militar, continúa su detención arbitraria bajo
arresto domiciliario.
Si bien ahora podemos proteger mejor su
integridad física en el hogar con su familia, la censura a la que está sometida
es aún más fuerte. Incluso con un monitor de tobillo para rastrear cada uno de
sus movimientos, los guardias de seguridad le toman una foto cuatro veces al
día. Tiene prohibido hablar públicamente.
Aunque el régimen trata desesperadamente
de silenciarnos, ya no pueden ocultar este desastre. Los líderes del mundo
democrático han sido enfáticos en sus demandas para exigir la restauración
plena de la democracia en Venezuela.
Y el Secretario General de la
Organización de Estados Americanos, Luis Almagro tuvo la iniciativa de llamar a
una comisión especial para remitir potencialmente a funcionarios venezolanos a
la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.
Aquí en Venezuela, estamos trabajando
para apoyar este esfuerzo, hemos organizado audiencias públicas donde las
víctimas de los abusos del gobierno pudiesen dar sus testimonios para
documentar con rigor estas violaciones. Sabemos que no podemos vencer a esta
dictadura solos, por ello estamos agradecidos por el trabajo de nuestros
aliados en todo el mundo.
La adjudicación del premio debería
llamar a la reflexión. La mayoría de los que merecen este premio en lugar de
asistir a esta ceremonia, pasarán la noche en una celda de prisión húmeda. El
Premio Sájarov es una de las más altas distinciones en la lucha por los
derechos humanos; sin embargo, no debemos pensar que la lucha cesa aquí.
El ganador del Premio 2002, Oswaldo
Payá, nunca llegó a ver una Cuba libre. Este premio hoy debería alentar a todos
nuestros aliados a permanecer firmes en apoyo a nuestra lucha.
Específicamente, la Unión Europea debe
garantizar que el Gobierno venezolano acepte la demanda de la oposición para
liberar a todos los presos políticos.
Además, necesitamos la ayuda de la
comunidad internacional para lograr nuestras tres demandas principales, que
acompañan la liberación de los presos políticos: la restauración de un Consejo
Nacional Electoral independiente, la apertura de un canal humanitario bajo los
auspicios de las Naciones Unidas y el restablecimiento pleno de la autonomía de
la Asamblea Nacional democráticamente elegida.
Al igual que Sájarov y su discurso de
1975, escribo estas palabras lejos de la ceremonia en Estrasburgo. Si bien el
gobierno venezolano me ha prohibido abandonar el país, no impedirán que me
escuchen.
A pesar de lo difícil de esta lucha,
estoy más inspirada que nunca. Tengo ocho meses de mi embarazo, la gente me pregunta
cómo se siente acerca traer un hijo al mundo bajo estas circunstancias. Temo
por mis hijos, como lo haría cualquier madre, pero más fuerte que ello es mi fe
en el futuro de mi país.
Y mientras veo a los innumerables
valientes venezolanos salir a la calle todos los días y ondear nuestra bandera
en alto, sé que vamos a rescatar a Venezuela. (Texto de Lilian Tintori, activista de derechos humanos y esposa del líder opositor venezolano Leopoldo
López. Publicado en el periódico El País, de España, este miércoles, 13 de diciembre de 2017)


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario