Escrito por
La Redacción.
noviembre 05, 2017
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Miles de somalíes
se congregan para orar por la
memoria
de miles de sus muertos en
confrontaciones |
Es un pequeño milagro que
los países hayan mantenido sus fronteras conforme incrementan los
resentimientos.
Somalia, África.- Un aspecto notable de África es la estabilidad de sus
fronteras. A diferencia de Europa, donde las guerras que alteraron las
fronteras rugieron durante siglos, donde Yugoslavia se hizo añicos hace apenas
una generación, y donde aún hoy la integridad de países como España y el Reino
Unido apenas está resuelta, los africanos han aceptado sus fronteras.
Esto a pesar del hecho de que los Estados modernos del
continente fueron creados en la Conferencia de Berlín de 1884-85 por
colonialistas con poco conocimiento de las realidades étnicas, políticas o
geográficas.
Los países fueron creados
combinando docenas, incluso cientos, de grupos étnicos y lingüísticos, muchos
de los cuales, como los Ashanti, los Yoruba o los Baganda, habían sido Estados
independientes y sofisticados antes de la llegada de los europeos.
El hecho de que líderes como Julius Nyerere de Tanzania y Kwame
Nkrumah de Ghana, por imperfectos que fueran, se las arreglaron para forjar
Estados nacionales coherentes a partir de esta mezcolanza es un logro que se ha
pasado por alto.
No todas las fronteras se han
mantenido. Eritrea se convirtió en una nación independiente en 1993 después de
una guerra prolongada con Etiopía. Sudán del Sur obtuvo su independencia de
Sudán en 2011 con resultados hasta ahora desastrosos.
Somalilandia ha sido un Estado autónomo de facto desde 1991
cuando declaró unilateralmente su independencia después de que el colapso del
régimen de Siad Barre sumió a Somalia en el caos.
África ha visto múltiples
guerras civiles y diversos movimientos secesionistas derivados de la ilogicidad
de estas fronteras. Inmediatamente después de la independencia, tanto Katanga,
la provincia congoleña con recursos minerales, como Biafra, en el sudeste de
Nigeria, buscaron separarse. Cuando la independencia de Biafra fue aplastada
por el ejército nigeriano en la guerra de 1967-1970, envió un mensaje a todo el
continente sobre el alto costo del separatismo.
Sin embargo, África hoy no es
inmune al sentimiento secesionista que ha surgido desde Cataluña hasta
Kurdistán y desde Escocia hasta Quebec.
El separatismo ha ganado impulso en Camerún, una vez más en
Biafra e, inusualmente, incluso en el oeste de Kenia. Aunque cada situación es
diferente, todas han surgido debido a que el gobierno central no les ha dado
expresión política, económica y cultural a los grupos que están al margen del
poder.
En Camerún, los
resentimientos latentes de larga data entre la minoría de habla inglesa y la
mayoría de habla francesa se han intensificado.
Los angloparlantes, que representan aproximadamente una quinta
parte de la población, hace tiempo se sienten marginados, un sentimiento que se
ha incrementado debido a las burdas movidas del gobierno central de inundar las
cortes y escuelas de francoparlantes.
Al igual que en otras regiones donde un grupo se siente
discriminado, cultural o económicamente, los moderados han presionado por un
mayor federalismo, mientras que los de línea dura buscan una independencia
total.
Después de su derrota, los
biafreños siguieron viviendo en una Nigeria unificada, una creación
especialmente contorsionada del colonialismo británico.
Pero recientemente, el secesionismo de Biafra se ha reavivado y
se ha enfrentado a la fuerza total, y a menudo cruel, del Estado. Wole Soyinka,
recipiente del premio Nobel de Literatura, pasó dos años en confinamiento
solitario por decir que el secesionismo de Biafra nunca podría ser derrotado.
La semana pasada, él me dijo que se apegó a esas palabras. “No
estaba hablando militarmente. Quise decir que la noción había ingresado al
torrente sanguíneo y no se puede eliminar”.
El Sr. Soyinka no favorece la
ruptura de Nigeria. Pero rechaza la afirmación del presidente Muhammadu Buhari
de que la soberanía de Nigeria no es negociable. Él dice que la única forma de
preservar la integridad de Nigeria es restablecer el federalismo genuino
eviscerado por los sucesivos regímenes militares. “La autoidentificación y este
movimiento hacia las micronacionalidades no pueden ser ignorados”.
En Kenia, el dominio de la
política nacional por los Kikuyu y Kalenjin ha persuadido a los grupos
minoritarios de que nunca obtendrán representación en un sistema de “el ganador
se lo lleva todo”.
Eso es lo que está detrás del estancamiento electoral actual en
el que Raila Odinga, que representa a los Luo y otros grupos más pequeños, se
niega a reconocer la derrota.
Sorprendentemente también ha provocado unos llamamientos (aunque
muy pocos) para un Estado occidental independiente. “Tenemos un sistema mayoritario
que no funciona en las sociedades heterogéneas africanas”, dice John Githongo,
prominente activista por los derechos de Kenia.
Dadas tales realidades, es un
pequeño milagro que los Estados africanos se hayan mantenido unidos. Las
fronteras porosas y una sensación de panafricanismo han ayudado.
Pero los Estados no deben confiar en su
integridad. Todos deben esforzarse para que las minorías se sientan que son
parte de un todo mayor. Si no lo hacen, la integridad de los Estados no se
mantendrá para siempre. (Trabajo escrito
por David Pilling. Publicado en The Financial Times)


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