Escrito por
La Redacción.
octubre 12, 2017
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Militares con material electoral,
durante un acto el lunes en Caracas.
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Los participantes en las elecciones regionales se
alejan de la imagen del presidente de Venezuela y del recuerdo de Hugo Chávez.
CARACAS.-
Los
candidatos del chavismo a las elecciones regionales del próximo domingo, que
elegirán a los 23 gobernadores de provincia, hacen campaña desligados del
presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, e incluso del recuerdo al fallecido
Hugo Chávez, como estrategia para evitar una amplia victoria de la oposición,
como prevén las encuestas.
El propio mandatario se ha alejado de la
escena con un viaje a Rusia, Bielorrusia y Turquía en vísperas de unos comicios
cruciales para medir la temperatura del país, sumido en una profunda crisis
económica y política.
En la entrada de la autopista del Este
de Caracas es imposible no advertir una enorme valla con una fotografía
de Héctor Rodríguez, el
joven candidato chavista a la gobernación del Estado de Miranda. La imagen
llama la atención no tanto por su tamaño, sino porque el aspirante no lleva la
camisa de color rojo tan distintiva de los principales cuadros del régimen, y
se disimulan las siglas del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), la formación oficial,
apenas visibles en una de las esquinas. Se trata de una estrategia que los
aspirantes oficialistas a las elecciones regionales del domingo están empleando
para impedir una amplia victoria de la oposición, según los sondeos.
Nicolás Maduro, de hecho, no ha
aparecido junto a los aspirantes en los actos de campaña. La semana pasada,
mientras sus compañeros recorrían los Estados en busca de los votos, el
presidente viajaba a Rusia, Bielorrusia y Turquía en un esfuerzo por conseguir
el dinero necesario para vadear las sanciones financieras impuestas por
Washington. El régimen le ha dado prioridad a este asunto, pero ha llamado la
atención que Maduro haya decidido viajar en vísperas de un lance tan crucial
para el futuro de la llamada revolución bolivariana.
El chavismo había hecho de la compañía
de su máximo líder toda una tradición cada vez que correspondía renovar a las
autoridades locales. Hugo Chávez solía
presentarse en los mítines para alzarle la mano a sus candidatos. Era la manera
de decirles a los electores que ese aspirante representaba sus intereses. El
recuerdo de Chávez, que solía movilizar a los electores, también parece
habérselo tragado la gestión de sus delfines, que mantiene a Venezuela en el
umbral del colapso y a sus ciudadanos sobreviviendo con lo mínimo. Los
candidatos chavistas no están usando las camisas rojas que los distinguían en
el pasado y han disimulado en su propaganda impresa los símbolos del culto a la
personalidad del fallecido líder.
Despliegue de la oposición.- Es una campaña atípica para el chavismo
porque ya no tienen la ayuda de un líder carismático. Lo han entendido los
abanderados del régimen en los Estados de Carabobo, en el depauperado corazón
industrial del centro del país, o de Monagas, la región petrolera del noreste.
En Carabobo, Rafael Lacava suele terminar los discursos con el torso
descubierto y ha acudido a una entrevista de televisión montado en burro.
A la misma línea de llamar la atención
se ha apuntado la candidata a la reelección en Monagas, Yelitze Santaella,
quien se ha subido a un cuadrilátero con guantes de boxeo para perseguir a un
supuesto oponente y parodiar un KO. Ambos lances se han viralizado en las redes
y han sido ignorados por la oposición. Henrique Capriles, excandidato presidencial y
gobernador de Miranda ahora inhabilitado para presentarse por el Tribunal de
Cuentas, criticó: “Acabaron con todo y encima les parece un chiste”.
La campaña chavista contrasta con el despliegue más racional de la oposición, que, sin
embargo, debe imponerse a la división aupada por los abstencionistas dentro de sus
filas. Capriles ha recorrido buena parte del país alzándoles la mano a la
mayoría de los aspirantes de la Mesa de la Unidad, la coalición de partidos
opositores, que ha nombrado candidatos unitarios para intentar ganar en la
mayoría de las provincias. Los roles se han invertido. Ahora la oposición sí
puede presumir de que sus líderes pueden movilizar al electorado.
MOVILIZACIÓN
DE VOTANTES CONTRA EL RÉGIMEN.- Los principales líderes de la oposición
han dedicado las últimas semanas a intentar movilizar a sus simpatizantes. Los
anima una certeza: cuantas más personas voten, mayores serán las posibilidades
de obtener gobernaciones.
No obstante, hay opositores que rechazan
participar en los comicios porque, en su opinión, suponen reconocer al régimen.
De acuerdo con un estudio de
Venebarómetro publicado el fin de semana, tres de cada cuatro venezolanos
afirman que la gestión de Maduro es negativa; pero solo el 55,7% está seguro de
que acudirá a las urnas. La abstención permitiría al chavismo mantener el
control de algunas regiones.


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