Escrito por
La Redacción.
octubre 01, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
Los Dallas Cowboys, incluido su propietario Jerry
Jones,
se arrodillan antes del himno estadounidense en su
último partido el pasado domingo.
|
Las
protestas masivas de la liga de fútbol americano, propiciadas por los insultos
del presidente de Estados Unidos, superan las reivindicaciones pasadas de
iconos negros.
WASHINGTON.-
Cuando
miles de personas, incluido el expresidente Bill Clinton, despedían eufóricas
a Muhammad Ali en junio de 2016 en las calles de Louisville (Kentucky), costaba imaginarse un pasado en
que el héroe era vilipendiado.
En la década de los sesenta, el icono
del boxeo y la desobediencia era insultado en su ciudad y rechazado en
restaurantes por ser negro pese a haber logrado el oro en los Juegos Olímpicos
de Roma. Tras negarse a combatir en la guerra de Vietnam, Alí, fue despojado de sus títulos,
brevemente encarcelado y se convirtió en un paria para muchos. Solo el tiempo lo
reconciliaría con su país y lo encumbraría en un mito.
![]() |
Muhammad Ali
es escoltado por el comandante
del centro de
reclutamiento de Houston en 1967
tras negarse a alistarse.
|
Salvando las distancias y el contexto, es imposible no contemplar desde el
prisma de Ali la polémica actual en Estados Unidos por los insultos de
Donald Trump a los jugadores de fútbol americano que no se levantan ante
el himno nacional en protesta por la violencia policial y la discriminación
contra los afroamericanos.
![]() |
Los atletas Tommie Smith, en el centro, y John
Carlos, alzan
el puño en los Juegos Olímpicos
de México de 1968.
|
El presente también evoca a Tommie Smith
y John Carlos, los atletas negros que, subidos al podio en los Juegos de México
de 1968, alzaron el puño. Al volver a EE UU, la federación de atletismo los
suspendió y recibieron amenazas de muerte. Hoy tienen una estatua en el Museo
Afroamericano de Washington.
En 2017, los repudiados antipatriotas
son, para Trump, los jugadores que ponen una rodilla en el césped durante el
himno. “Es una falta de respeto total a nuestra herencia”, espetó el
presidente estadounidense el pasado viernes 22, cuando desató él solo una
tormenta de consecuencias imprevisibles.
![]() |
Donald Trump,
presidente de Estados Unidos.
|
En un mitin en Alabama, crecido y
desenfrenado entre los suyos, Trump instó a los propietarios de los 32 equipos
de la NFL, la liga de fútbol americano, a despedir a los jugadores, “hijos de
puta”, que no honraran el himno. Y también alentó a un boicot de los
aficionados.
A
los dos días había convertido una polémica prácticamente muerta —tras las
protestas esporádicas iniciadas el año pasado por el jugador Colin
Kaepernick, ahora sin equipo— en un desaire masivo contra él. En los partidos
del domingo, decenas de jugadores, blancos y negros, se arrodillaron o
entrecruzaron sus brazos antes o durante el himno.
Incluso les acompañaron propietarios de
equipos. Tras sentirse ultrajados, decidieron que lo más patriótico era
protestar, no lo contrario. Fue un clamor vigoroso en una liga que mueve y
atrae a millones, en que el 70% de los jugadores son negros, pero todos los
propietarios —muchos amigos de Trump— son blancos y la mayoría conservadores.
Kenneth Shropshire, profesor de gestión
deportiva en la Universidad Estatal de Arizona y autor del libro En blanco y negro:
raza y deportes en América, sostiene que las
protestas contra el himno son mucho más significativas que las de Ali y
otros en el pasado.
“La mayor diferencia es la participación
masiva”, dice por teléfono. Ahora se trata de equipos y no individuos, el
presidente está en el centro de la polémica y las redes sociales permiten que
“mucha más gente” hable de ello.
“En el momento tienen
ciertamente mucho más impacto, pero nadie sabe cómo miraremos históricamente a
este momento”, subraya Shropshire. Esa es la gran pregunta: asistimos al inicio
de una rebelión de efectos duraderos o es una furia pasajera.
En las protestas del domingo, el foco
estuvo más en el himno que en el debate racial que lo propició todo. Para
el experto, la clave es si el enfado se traducirá en cambios concretos, por
ejemplo en un mayor activismo de la NFL con la comunidad negra.
Andy Markovits, profesor de Políticas en
la Universidad de Michigan y erudito del deporte, hace un símil español para
contextualizar cómo de insólita es la rebelión contra Trump: “Es como si
Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, se convirtiera en un
nacionalista catalán”.
La NFL y sus propietarios, enfatiza, son
el adalid del establishment y el patriotismo. “Son sus amigos,
para que ellos te den la espalda es de locos. Lo hacen porque estos hombres
están muy enfadados de que sus jugadores estén enfadados”, dice referencia a
los gestores de los equipos y Trump.
“No hay mayor unificador en este país
que el deporte y desafortunadamente nada más divisivo que la política”, dijo,
sobre las palabras del presidente, Robert Kraft, muy cercano al republicano y
propietario de los New England Patriots, ganadores de la última Super Bowl.
Trump confía en que, con su último
exabrupto polarizador, movilice a su base de votantes y distraiga de sus
problemas en la Casa Blanca, pero el profesor Markovits cree que le será
“contraproducente” porque tener en su contra a la NFL y otras ligas “rebajará
su legitimidad”.
![]() |
| Lebron James |
El clamor se expande: Lebron James y
Stephen Curry, los mayores iconos del baloncesto actual y que son negros, han
criticado con dureza al presidente. Y el domingo, con el retorno de los
partidos del domingo a la NFL, el mandatario afronta una nueva prueba de fuego
que también medirá la fuerza del movimiento de protesta
Eric Reid, de los 49ers de San
Francisco, fue el primer jugador que se unió a las protestas del quarterback Kaepernick a principios de la
temporada pasada contra la brutalidad policial contra los afroamericanos. Ambos
son negros y él le instó a poner una rodilla en el suelo durante el himno en
vez de sentarse en el banquillo como hacía.
“Me asombra que nuestra protesta todavía
esté siendo malinterpretada como irrespetuosa hacia el país, la bandera y el
Ejército. La escogimos porque es precisamente lo contrario”, escribió esta
semana en un artículo en el diario The New York Times.
“Rechazo ser una de esas personas que ve injusticias pero no hace nada. Quiero
ser una persona que en 50 años sea recordada por alzarse por lo que era
correcto pese a que no fuera una elección popular o fácil”.
![]() |
Donald Trump,
presidente de Estados Unidos.
|
DIVISIÓN EN LAS
ENCUESTAS.- Donald Trump insiste en que su soflama no tiene nada
que ver con la raza sino con el “respeto a la bandera”.
Pero el presidente, que ha sido
titubeante ante el racismo, lanzó su ofensiva en un mitin ante un público
mayoritariamente blanco y las encuestas muestran una clara división racial en
el asunto. Un 49% de los estadounidenses rechaza las protestas de los jugadores
frente a un 43% que las apoya, según una encuesta de la cadena CNN. Pero entre
los blancos, un 59% reniega de ellas mientras que un 82% de los negros las
respalda
En cuanto a la
reclamación del republicano Trump de despedir a los jugadores que no se
levanten ante el himno, un 61% de estadounidenses se opone a hacerlo, según un
sondeo del Instituto Cato. Pero si se pregunta a votantes republicanos, un 65%
lo apoya.
La reacción
incendiaria de Trump contra los jugadores que se arrodillan ante el himno
contrasta con la de su predecesor Barack Obama. Cuando estalló la polémica el
año pasado, iniciada por el jugador Colin Kaepernick, el primer presidente
negro de Estados Unidos buscó un equilibrio.
“Quiero que presten atención al dolor
que esto pueda causar a alguien que, por ejemplo, tiene un cónyuge o un hijo
muerto en combate, y por qué les duele ver que alguien no se pone en pie”,
dijo.
“También quiero que la gente piense en
el dolor que está expresando sobre alguien que ha perdido a un ser querido y
que cree que le han disparado injustamente”.







No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario