Escrito por
La Redacción.
septiembre 21, 2017
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| Solidariamente la gente se ha sumado a mover escombros |
La
solidaridad de los mexicanos emerge con fuerza tras el sismo de magnitud 7,1,
que ha dejado más de 230 muertos sumados hasta este jueves.
México.- El México bravo
que afronta las adversidades emergió con fuerza de nuevo un maldito 19 de
septiembre.
El mismo día en que se cumplían 32 años
desde la mayor tragedia de la historia reciente del país, otro terremoto
sacudía a la capital y a varios Estados cercanos.
Más de 200 personas han muerto y decenas
de edificios han quedado reducidos a escombros. Una macabra coincidencia, la de
la fecha, a la que respondieron los ciudadanos con la misma entereza que ya
exhibieron hace tres décadas.
Los momentos de pánico inicial tras la
sacudida de magnitud 7.1 dejaron paso a un aluvión de solidaridad, una
comunión espontánea con la que tratar de minimizar el dolor. La capital
mexicana se echó a la calle con un solo propósito: ayudar.
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| Así son las escenas en México tras el terremoto del martes |
Ayudarse.- Ciudad de
México se topó el martes con su peor pesadilla. Un terremoto de magnitud 7,1
sacudió al país pasada la una de la tarde.
Al menos 238 personas han
fallecido en distintas zonas —108 en Ciudad de México, 69 en Morelos, 43 en
Puebla, 13 en el Estado de México, cuatro en Guerrero y uno en Oaxaca—, según
las autoridades, que no descartan que la cifra aumente con las horas.
El sismo se produjo 12 días después del
de mayor magnitud (8,2) en 85 años y que provocó la muerte de un centenar de
personas en Chiapas y Oaxaca. El de este martes fue menor en intensidad, pero
el hecho de que el epicentro estuviese más próximo a la capital —unos 100
kilómetros— provocó que los daños sean mucho mayores.
Los servicios de telefonía y
electricidad, se colapsaron. Decenas de edificios se vinieron abajo, entre
ellos dos escuelas. En uno de los colegios murieron al menos 32 niños y cinco
adultos.
Como cada 19 de
septiembre, Ciudad de México amaneció con el recuerdo del terremoto
de hace más de tres décadas. Y como suele ser habitual ese día, se realizó un
simulacro de evacuación en Ciudad de México.
Dos horas después del ensayo, las
alarmas sísmicas no saltaron. La mayor parte de los sensores están situados en
zonas costeras, no en el interior del país, donde se registró el epicentro. No
hubo fallo técnico, según fuentes oficiales: el temblor no se pudo detectar a
tiempo para que la población abandonase el lugar en el que se encontraba para
ponerse a salvo.
Ciudad de México es ahora una ciudad
herida que vibra con la solidaridad de sus vecinos. Si algo ha marcado a la
capital mexicana fue el sismo de 1985, en el que murieron más de 10.000
personas.
Es constante escuchar hablar de la
solidaridad de entonces, de cómo la capital se volcó por buscar supervivientes,
de ayudar a las víctimas.
Lo hacen muchas veces como si se tratase
de una reliquia del pasado, algo que no iba a volver ocurrir, no ya porque la
ciudad no fuese a sufrir otro terremoto, sino porque las cosas, el país, habían
cambiado.
Este martes, entre tanto escombro,
México volvió a dar, se volvió a dar, una lección. Fortaleció la idea de que si
este país no se va a ir al garete, por mucha corrupción e impunidad de sus
autoridades o por la violencia que resquebraja al Estado a pasos agigantados,
es por su gente, la que junta fuerzas para levantar de nuevo la ciudad, que es
una forma de levantarse a ellos mismos.
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| Las muestras de solidaridad se multiplican |
Improvisación
efectiva.- “Nos
unimos en las adversidades”, aseguraba Claudia García, de 28 años, mientras,
apresurada, trataba de instalar una mesa con alimentos en la Avenida Ámsterdam,
en pleno corazón de La Condesa, uno de los barrios más golpeados por el temblor
al tratarse de una zona cenagosa.
Exactamente igual que hace 32 años. A un
paso de ahí, un reguero de gente formaba una cadena humana que se prolongaba
cientos de metros hasta llegar a la esquina de la calle Laredo, donde se
derrumbó uno de los edificios.
Cubos repletos de escombros se movían en
perfecta armonía. Nunca la improvisación fue tan efectiva. A través de las
redes sociales, por WhatsApp, en los centros de acopio instalados, los
ciudadanos dieron una lección a las autoridades al dar el primer paso. Sin
esperar. No había tiempo.
El terremoto golpea al país cuando aún
no se ha recuperado del sismo de hace 12 días. Las víctimas de
los Estados de Chiapas y Oaxaca, dos de los más pobres del país, aún
esperan que les llegue la ayuda prometida. El reto para el Estado se
multiplica. El presidente, Enrique Peña Nieto, convocó al Comité Nacional de
Emergencias y anunció el despliegue de 3.000 militares en la capital.
La comunidad internacional se ha volcado
en apoyo a México. Los mensajes de respaldo de los líderes mundiales no han
cesado. Tampoco el del mandatario que más ha humillado a los mexicanos en el
último año.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que
tardó tres días en solidarizarse con México tras el terremoto de hace dos
semanas, escribió un tuit de apoyo el martes y habló este miércoles con Peña
Nieto por teléfono, según confirmó la Casa Blanca. A la misma hora, ajenos a
las derivas diplomáticas, los servicios de rescate se apuraban por encontrar
supervivientes entre los escombros, que cargaban miles de vecinos.
Los gritos de ánimo solo se veían
silenciados cuando uno de los especialistas levantaba un puño. Es la señal para
que todos callen y poder escuchar si hay vida allá abajo. Una pausa a la que
casi siempre acompaña un estruendo generalizado: “¡Viva México, cabrones!”.




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