Escrito por
La Redacción.
septiembre 23, 2017
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Rescatistas
sobre el edificio de Álvaro Obregón
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El
desasosiego se instala frente a un edificio de la colonia Roma en el que se
trabaja para liberar a 46 personas bajo los escombros.
MÉXICO.-
La
esperanza llega en cuotas a los escombros de la calle Álvaro Obregón. Al rumor
de que va a entrar maquinaria pesada, le sigue otro de que aún hay seis
personas con vida. Al reloj, que marca las 72 horas que los protocolos
internacionales señalan para dejar de buscar vidas, le sigue el puño en alto,
porque alguien cree haber escuchado una voz en los
escombros.
El edificio de la calle Álvaro Obregón
N.º 286, entre las colonias Roma y La Condesa, concentra en seis pisos
derruidos el tiovivo de emociones en que se ha convertido el rescate durante
las últimas horas y que se ha complicado tras el nuevo temblor registrado este
sábado por la mañana en Oaxaca.
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Servicios de
rescate
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Las labores en Ciudad de México han
tenido que ser paralizadas. 46 personas siguen atrapadas bajo los escombros,
según la lista que han colgado en la farola los familiares, pero se cree que,
al menos, seis podrían estar con vida, debido a que los perros y los aparatos
han detectado calor y las baterías de los celulares.
Mientras tanto, la angustia más tangible
del terremoto son un montón de madres bajo una lona de plástico, con la cabeza
apoyada en las manos, mientras pasan las horas.
El martes a las 13:14 de la tarde, el
edificio se vino abajo cuando la tierra comenzó a moverse de lado a lado hasta
que se desplomó y engulló a casi 70 personas, en el tiempo que tarda un
semáforo en cambiar de color. En el resto del país hay casi 300 fallecidos.
Hasta ese día el edificio era un digno
inmueble de seis alturas con despachos de abogados y contadores. A un lado, una
tienda de decoración y al otro, viviendas.
Durante las
primeras 24 horas de movilización vecinal, los rescatistas lograron, con más
talento que medios, sacar del edificio a unas 23 personas con vida.
Para los que seguían bajo las piedras,
comenzó entonces una carrera contrarreloj, con la esperanza de que estuvieran
protegidos en un ‘triángulo de vida’, por una columna o una mesa.
Los familiares de Javier Sandoval
aseguraban haber recibido un mensaje suyo desde escombros. El hermano de Jesús
Emmanuel, en cambio, tuvo menos suerte. Llegó desde Guanajuato y estuvo
quitando piedras desesperadamente durante dos días hasta que alguien le informó
de que su hermano estaba en la morgue.
Los manuales internacionales señalan que
deben pasar 72 horas antes de abandonar la búsqueda y dar por muertas a las
personas atrapadas en caso de sismo. Sin embargo, terremotos como el de Haití o
el de México en 1985 han demostrado que es posible encontrar supervivientes
hasta siete días después del sismo.
Ayer viernes, cuatro horas después de
cumplirse el absurdo cronómetro, el padre de Noemí continuaba frente a la mole
de hormigón y varillas, siguiendo en silencio el trabajo de los rescatistas
israelíes. Al otro lado de la cinta amarilla había decenas de periodistas y
toda la familia, indígena Mazahua, llegada de San Simón de la Laguna (Edomex).
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Familiares a la espera de noticias
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Noemí Manuel
García, la joven a la que esperan vive desde hace unos meses en Ciudad de
México. Tiene 21 años, estudia y trabaja por las tardes como oficinista. Había
llegado al cuarto piso una hora antes del temblor.
“Que hagan algo porque esto es
desesperadamente lento. Queremos ayudar y no nos dejan” dice angustiada su tía,
después de tres días a la intemperie frente a la montaña de cascajos. “Estamos
pasándolo mal aquí en la calle pero ¿cómo estará ella? ¿qué estará sintiendo?”,
se pregunta. “Es en lo único que pienso”.
Un experto rescatista, recién bajado de
la montaña de escombros, dice que logró ver 13 cuerpos y que estaban todos en
fila india. “Estaban bajando por la escalera durante el sismo”, explica.
Repentinamente, a las seis de la tarde,
en Álvaro Obregón, 286 hay más agitación de lo normal. “Un ortopedista,
motosierras, tambos…” los equipos de rescate piden objetos inusuales.
La ilusión prende en todos cuando un
responsable llama a los familiares para explicarles los avances: “Colín, Sandoval
…“,
vocea los apellidos.
Finalmente los rescatistas han logrado
terminar un túnel y parece que podrán acceder a la agente atrapada. Pero
tardará, les dicen.
Al caer la noche las familias siguen sin
tener noticias y la esperanza se desvanece un poco más. El olor seco y agrio de
los cadáveres es cada vez más evidente.




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