Escrito por
La Redacción.
septiembre 03, 2017
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Autobús del convoy con
yihadistas del ISIS evacuados
desde la frontera de Líbano
hasta la de Irak.
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Los yihadistas habían pactado con Hezbolá y el régimen de Damasco
trasladarse a un feudo del grupo en la frontera con Irak.
Bagdad, Irak.- En el complejo tablero de la guerra siria, el enemigo de mi
enemigo no es necesariamente mi amigo. Un convoy de 17 autobuses que transporta
a 300 combatientes del ISIS y 330 civiles permanece bloqueado en el desierto
central de Siria por los bombardeos de la coalición encabezada por Estados
Unidos.
Los yihadistas y sus familiares partieron el lunes de frontera libanesa
tras alcanzar un acuerdo con la milicia chií de Hezbolá y su
aliado del régimen de Damasco. Se dirigían a Deir Ezzor, principal
bastión del Estado Islámico junto a la frontera iraquí, cuando
los ataques de la aviación abrieron un cráter en la carretera y destruyeron un
puente a unos 150 kilómetros de su destino, en Abu Kamal.
Las versiones de la milicia libanesa y del Ejército leal al presidente Bachar
el Asad se contradicen con las del mando central de la coalición internacional
que hace frente al ISIS. De acuerdo con el Observatorio Sirio para los
Derechos Humanos, una ONG basada en Reino Unido que cuenta con una
amplia red de informadores sobre el terreno, parte de los integrantes del
convoy han alcanzado este sábado el área situada bajo control del ISIS, donde pueden ser atacados como objetivos
yihadistas.
Hezbolá aseguraba en un comunicado citado por Reuters que 11
autobuses de la caravana se encontraban fuera del territorio del bando
gubernamental. Los otros seis autocares seguían bajo protección militar siria y
de sus aliados en una zona desértica en la carretera que enlaza las poblaciones
de Humayma con Al Sukhna.
Los acuerdos de retirada de
enemigos que se han rendido y pactan su retirada han sido relativamente
frecuentes en Siria desde la caída del reducto de la
oposición en Alepo oriental, el pasado diciembre, cuando más de 30.000
rebeldes, entre combatientes y civiles, fueron evacuados bajo la supervisión de
tropas rusas aliadas del régimen. Tampoco es el primer pacto de salida que se
ofrece al ISIS, después del repliegue que negoció con la alianza insurgente
Fuerzas Democráticas de Siria (FDS), liderada por milicianos kurdos, en la
estratégica presa de Tabqa sobe el río Éufrates, aguas arriba de Raqa.
Los
combatientes del califato se habían visto sorprendidos hace tres semanas por la
pinza formada por el Ejército regular de Líbano, cuya artillería machacaba sus
posiciones en la provincia de Arsal, y la ofensiva general de Hezbolá y de
Siria en Qalamun, al otro lado de la frontera.
Según la pauta de su reciente derrota de Tal Afar a manos de las tropas iraquíes, el
Estado Islámico parece haber abandonado el principio de defensa numantina que le llevó a resistir nueve meses en Mosul, también en el
norte de Irak. Ahora intenta reagrupar sus menguados efectivos en un último
gran feudo. Sus fuerzas resisten en el eje del Éufrates, desde Raqa —donde aún controla un tercio de la urbe, tras haber perdido
la ciudadela el viernes a manos de las milicias kurdo-árabes del
FDS, que cuentan con el apoyo de EE UU—, hasta la provincia de Deir Ezzor, rica
en yacimientos de petróleo y a punto de ser cercada por las Fuerzas Armadas
sirias.
La noticia de que 300
veteranos yihadistas recorrían 500 kilómetros armados con sus fusiles de asalto
Kaláshnikov de un extremo a otro de Siria no fue bien recibida. Solo el Gobierno de Beirut dio por bueno un acuerdo que
alejaba de su frontera al ISIS y le permitía recuperar los cadáveres de
soldados caídos el frente. Desde Bagdad, el primer ministro, Haider al Abadi,
fue el primero en poner el grito en el cielo: “En Irak nos enfrentamos a los
yihadistas, no los echamos hacia Siria”.
La coalición internacional
encabezada por Estados Unidos trazó inmediatamente una línea roja.“No
permitiremos que el ISIS se desplace hacia la frontera iraquí. Recolocar a los
terroristas mediante un acuerdo no es una solución permanente”, rezaba un
comunicado difundido el jueves por su mando central. El enviado de EE UU para
la coalición, Brett McGurk, fue aun más explícito:
“Los combatientes del ISIS deben ser abatidos, no transportados en autobuses a
la frontera sin consentimiento de Irak".
Los bombardeos han ido
dirigidos hasta ahora a cerrar el paso al convoy y a atacar a las patrullas de
vehículos del ISIS que se aproximaban para
auxiliar a los evacuados con camiones cisterna de combustible. La coalición ha
advertido a Siria a través de Rusia de que impediría el paso de la caravana,
pero no ha atacado directamente los autobuses, en los que viajan civiles.
En un aparente signo del
inicio de la desbandada final del Estado Islámico —de
su erradicación como califato territorial sobre millones de súbditos a caballo
ente Irak y Siria— el acoso aéreo a la escapada de los yihadistas por el
desierto deja patente que los enemigos de Siria y Hezbolá –aunque hayan pactado
su retirada– son también, en este caso, enemigos de EE UU y sus aliados.



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