Escrito por
La Redacción.
septiembre 19, 2017
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Portada de la
edición Nº: 66;
OCTUBRE / DICIEMBRE 2017
de la revista “Vanguardia Dossiel”.
Textos originales son en inglés
|
La revista “Vanguardia Dossiel” analiza a Corea del
Norte con la voluntad de aportar algo más de luz sobre un país aislado del
resto del mundo y conocido por sus misiles y armas nucleares, la
ciberdelincuencia o los Kim.
Corea
del Norte.- La
República Democrática Popular de Corea (RDPC), que se presenta al mundo con el
lema Gangseong Daeguk, “Poderosa y próspera nación”,
representa hoy una herencia, quizá envenenada, de la guerra fría.
Liberada de los japoneses tras 35 años de
dominación colonial,
la península se dividió en dos en 1948. El sur, con el apoyo estadounidense, se
convirtió en la República de Corea, y el norte en la RDPC, Corea del Norte.
La milenaria península vive hoy dividida y en estado de
guerra: la que enfrentó a los dos países (1950-1953). No se firmó la paz, acabó
en un armisticio.
Vanguardia Dossier, que ya dedicó una
monografía a Corea del Sur, analiza hoy a sus vecinos del norte con la voluntad
de aportar algo más de luz sobre un país aislado del resto del mundo y conocido
por sus misiles y armas nucleares, la ciberdelincuencia o los Kim, la dinastía
familiar que lo gobierna con mano férrea desde hace casi setenta años.
Corea del Norte es propiedad privada de
una única familia (Oh), el único Estado estalinista en el que la dirección
política se ha transmitido por sucesión hereditaria (Person), y el control y
sojuzgamiento de la población se realiza a través del ejército y los
funcionarios del partido único (Bluth).
Ha desarrollado desde la década de los noventa
un programa nuclear militar que ha ido mejorando progresivamente y
le permite disponer, a día de hoy, de misiles dotados de ojivas nucleares
capaces de alcanzar Japón o los territorios estadounidenses de Alaska
(Bechtol).
Es un Estado nuclear que supone un
permanente desafío para sus vecinos y la comunidad internacional (Grzelczyk),
para el cual el Gobierno de Estados Unidos, que ahora se pregunta si China va a
seguir con los brazos cruzados (Becker), ha carecido de una estrategia realista
y meditada a largo plazo (Moon).
Kim Il Sung, el fundador de la dinastía que
ahora gobierna en tercera generación, fracasó a la hora de cumplir la
perpetua promesa de que su pueblo “comiera arroz blanco con sopa de carne,
vistiera con ropas de seda y viviera con tejado de tejas”.
En la primera mitad de la década de los
noventa experimentó
una de las grandes hambrunas del siglo XX. Murieron, según cálculos
fiables, entre 600.000 y un millón de personas, y tuvo amplias
consecuencias económicas y sociales: el sistema de planificación central se
derrumbó y se empezaron a dar tímidos pasos hacia la iniciativa privada
(Haggard).
Hoy, aunque la propiedad privada no está
legalizada, existe por ejemplo un floreciente mercado inmobiliario, y el tamaño
de la economía de mercado representa ya un 30% del PIB (Babson). Así pues, la población norcoreana ejerce cada vez más su
individualidad en un intento de esquivar el programa de
adoctrinamiento destinado a crear una sociedad de robots de pensamiento único
(Hassig).
Las dos Coreas, una nación étnicamente
homogénea con una historia de más de dos mil años, fueron un único país durante
1.300 años tras la unificación que tuvo lugar en el siglo VII.
¿Volverán a unificarse? (Nam). La
respuesta pasa porque el norte aislado deje de vivir de espaldas al resto del
mundo.
Una visión histórica de Corea
de Norte desde sus orígenes, que repasa los similares y al mismo tiempo
distintos mandatos de los tres Kim. Se describe con detalle el perfil de un
país cerrado, con sistemas muy refinados de control y represión, y una
población que se ha visto obligada a crear formas de mercadeo ilegales para
sobrevivir y a admitir la corrupción como una especie de salvavidas.
Un país que no ha conocido
más que monarquías desde la alta edad media y que incluso como Estado comunista
ha visto cómo su líder fundador, Kim Song Ju, instauraba la “estirpe del
Paektu”, encargada de preservar el legado orgulloso y autosuficiente del
‘juche’, contra el propio ideario soviético que alerta de ese peligro.
La respuesta es sí. Sólo hay
que analizar la asignación de recursos y el volumen de las fuerzas armadas
respecto al total de la población. Kim Jong Il lo resumió con este lema: “el
ejército primero”. En efecto, la estructura militar es el principal pilar del
régimen. Su punto débil cara al exterior es la antigüedad de su material de
combate convencional.
Despacito, desde los años
ochenta, la República Democrática Popular de Corea ha ido cumpliendo todas las
etapas para llegar hoy a un punto en que puede alardear de cabezas nucleares lo
suficientemente pequeñas para ser lanzadas con varios tipos de misiles de
fabricación propia. Aquí se ofrece un detallado análisis del proceso, las
razones y los intentos fallidos de hacer entrar en razón a la familia Kim.
El autor visitó el país en
1998 y se sorprendió del poco conocimiento de economía de los políticos
norcoreanos. Las inundaciones y el hambre habían hecho estragos, y el país
sobrevivía gracias a la ayuda internacional y a un sistema de intercambio que
el régimen se vio obligado a tolerar. Los cambios en el sistema económico,
difíciles de ver desde fuera, se han sucedido y son desmenuzados en este
artículo, como por ejemplo el auge de una nueva clase empresarial.
El Gobierno de Kim Jong Il y
su encarcarado sistema económico mostró todas sus deficiencias tras la caída
del bloque soviético, las inundaciones de 1995-1996 y la posterior hambruna,
que tildó como “ardua marcha” y achacó al contexto internacional. Este artículo
analiza lo que ocurrió, cómo reaccionó la gente ante el desastre y de qué
manera se recibió la cooperación internacional.
Los medios nos dan una imagen
arquetípica de Corea del Norte como una sociedad cerrada y formada por
individuos robots que actúan en ceremonias coreografiadas, pero los norcoreanos
viven su vida cotidiana con los mismos anhelos que nosotros, sólo que sobreviviendo
con corruptelas y mercadeos no legal. Además las cosas han cambiado desde la
“ardua marcha”. La información circula clandestinamente y los individuos
muestran cada más deseos de salir de la filas prefijadas.
Con el tercer ejército mayor
el mundo a un lado de la frontera y los norteamericanos y surcoreanos en el
otro, parece hoy difícil hablar de reunificación. Pero a partir de casos de
otros países, Nam analiza los escenarios que pueden abrirse en cualquier
momento y que tenderán rápida o lentamente a la creación de un solo Estado. Lo
más importante es que el proceso reciba el visto bueno de las superpotencias .
Durante treinta y cinco años
los presidentes de Estados Unidos han esperado que la mejora de relaciones con
China supondría que ésta forzaría a Corea del Norte a negociar y a detener su
programa militar nuclear. Pero no ha sido así.
El desconocimiento de las
políticas recíprocas y las relaciones entre las dos repúblicas populares es
grande. El gigante asiático mantiene con su tradicional aliado una relación muy
pragmática que es analizada con detalle en este artículo.
Según la autora, Estados
Unidos no ha prestado la suficiente atención al lento pero implacable
desarrollo balístico y nuclear de Corea del Norte.
Se ha esperado con excesiva
confianza a que el régimen cayera por su propio peso, como había ocurrido con
la mayoría de países del bloque comunista. Se ofrece un repaso a los hitos
diplomáticos de una relación que también ha tenido sus momentos relajados,
rotos por el 11 de septiembre, y se valora la situación actual.
Los tres han desempeñado
papeles protagonistas en la formación de Corea del Norte, pero cada uno
mantiene actualmente con ella relaciones distintas. Con Japón dominan las
rencillas históricas, Rusia ha establecido una relación de interés y Corea del
Sur ha intentado una política de acercamiento pero mantiene una postura cauta
buscando no estropear sus buenas relaciones con China. (Este trabajo fue
publicado en la última edición de la revista “Vanguardia Dossiel”)


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