Escrito por
La Redacción.
septiembre 26, 2017
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Donald Trump llamó
“hombre cohete” a
Kim Jong-Un, y éste,
como respuesta, le dijo
que estaba “mentalmente
desquiciado”.
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La
tensión retórica entre Estados Unidos y Corea del Norte ha alcanzado uno de sus
puntos más álgidos últimamente.
Naciones Unidas.- El martes de la
pasadasemana, durante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, el
presidente estadounidense Donald Trump amenazó con "destruir
totalmente" la nación asiática si su país se ve obligado a defenderse a sí
mismo o a sus aliados.
Pyongyang realizó su sexta prueba
nuclear a inicios de septiembre, amenazó con disparar misiles hacia el
territorio insular de Guam y dijo que podría probar una bomba de hidrógeno en
el océano Pacífico.
Todas estas provocaciones ocurren en
medio de informes de que Pyongyang pudo haber logrado miniaturizar un arma
nuclear para transportarla en un misil intercontinental.
Esta posibilidad ha sido largamente
temida por EE.UU. y sus aliados asiáticos.
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Corea del Norte trata
de convertirse en una
Potencia nuclear
para defender su gobierno.
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Nadie
quiere la guerra.- Esta
es una de las cosas más importantes a tener en cuenta. Una guerra en la
península coreana no sirve a los intereses de nadie.
El principal objetivo del gobierno norcoreano es la supervivencia, y el conflicto
directo con EE.UU. lo pondría seriamente en peligro.
Como señala Jonathan Marcus,
corresponsal de Defensa de la BBC, cualquier ataque de Corea del Norte contra
EE.UU. o sus aliados en el contexto actual podría convertirse rápidamente en
una guerra más amplia y "se supone que el gobierno de Kim Jong-un no es
suicida".
De hecho, es por eso que Corea del Norte
ha estado tratando de convertirse en una potencia nuclear.
Según el razonamiento norcoreano, tener
esta capacidad protegería a su gobierno, ya que el costo de derribarlo sería
mayor.
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El minnistro de
Relaciones Exteriores de Corea
del Norte, Ri
Yong-Ho, dijo que Estados Unidos
le declaró la guerra
a su país.
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Kim Jong-un no quiere seguir el camino
de Muamar Gadafi en Libia o Saddam Hussein en Irak, el
primero capturado por los rebeldes y ejecutado por estos en plena calle el 20
de octubre de 2011, y el segundo ahorcado la víspera de la Nochevieja de 2006
por cargos de crímenes contra la humanidad.
Andrei Lankov, de la Universidad de
Kookmin en Seúl, dijo al periódico británico The Guardian que
había "muy pocas probabilidades de conflicto", pero que de igual
manera, los norcoreanos no estaban "interesados en la diplomacia"
en este momento.
"Primero quieren desarrollar la
capacidad de borrar a Chicago del mapa y luego se interesarán en soluciones
diplomáticas", señaló Lankov.
Pero, por el lado estadounidense, ¿qué
posibilidades hay de que ejecute un ataque preventivo?
EE.UU. sabe que una operación contra
Corea del Norte obligaría al gobierno a tomar represalias contra sus aliados:
Corea del Sur y Japón.
Esto daría como resultado una gran
pérdida de vidas, incluyendo las de miles de estadounidenses, entre soldados y
civiles.
Además, Washington no quiere correr el
riesgo de que se disparen misiles nucleares hacia el continente estadounidense.
Por último, China —el único aliado de
Pyongyang— ha ayudado a sostener al gobierno norcoreano precisamente porque su
colapso se considera un resultado estratégicamente peor.
La instalación de tropas de EE.UU. y
Corea del Sur justo al otro lado de la frontera china es una perspectiva que
Beijing no quiere tener que afrontar, y eso es lo que la guerra propiciaría.
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En un ambiente de
tensión, un movimiento mal
interpretado puede
llevar a la guerra.
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Lo
que estámos viendo son palabras, no acciones.- Trump puede
haber amenazado a Corea del Norte con un lenguaje poco común para un presidente
de EE.UU., pero esto no significa que el país esté avanzando activamente hacia
una guerra.
Como dijo un funcionario militar anónimo
a la agencia de noticias Reuters en agosto: "El hecho de que la
retórica suba no significa que nuestra postura cambie".
El columnista de The New York Times, Max Fisher, está de acuerdo:
"Este tipo de señales (que la postura o acciones sigan iguales), no los
comentarios improvisados de un líder, son los que importan más en las
relaciones internacionales".
Además, tras la sexta prueba nuclear de
Corea del Norte a principios de septiembre y los ensayos de misiles sobre
Japón, EE.UU. ha recurrido a una táctica ya probada anteriormente: apretar a
Pyongyang a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y de sanciones
unilaterales.
Sus diplomáticos siguen hablando
esperanzadamente de volver a la mesa de negociaciones, apuntando al apoyo de
China y Rusia.
Estos envían señales contradictorias a
Pyongyang, pero también moderan la dura retórica del presidente Trump.
Sin embargo, algunos analistas dicen que
un movimiento mal interpretado en el contexto actual de tensión podría llevar a
una guerra accidental.
"Podría haber un corte de energía
en Corea del Norte que ellos confundan con un ataque preventivo",
le dijo a la BBC Daryl Kimball, de la Asociación de Control de Armas de EE.UU.
"EE.UU. podría cometer un error en
la (zona desmilitarizada). Hay varias maneras en las que cada parte puede
calcular mal y que la situación se salga de control", agrega.
Recientemente, unos bombarderos
estadounidenses volaron cerca de Corea del Norte, en una demostración de fuerza.
Días después, el ministro de Relaciones
Exteriores norcoreano, Ri Yong-ho, dijo que Pyongyang tenía derecho a derribar
a los bombarderos estadounidenses debido a que Trump había "declarado la
guerra" a su país.
Sin embargo, no es la primera vez que
Corea del Norte acusa a EE.UU. de declararle la guerra.
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Bombarderos de Estados
Unidos rozaron
territorio de
Cortea del Norte el sábado.
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Hemos
estado en esta situación antes.- Como señaló el exsecretario de Estado
adjunto de EE.UU. PJ Crowley, ambas naciones estuvieron cerca de un conflicto
armado en 1994, cuando Pyongyang se negó a permitir que inspectores
internacionales ingresaran a sus instalaciones nucleares.
Pero la diplomacia ganó.
A lo largo de los años, Corea del Norte
regularmente ha hecho amenazas incendiarias contra EE.UU., Japón y Corea del
Sur, como cuando dijo que convertiría Seúl en un "mar de fuego".
Además, no es que la retórica de Trump
—en contenido, si no en estilo— no tenga precedentes en un presidente
estadounidense.
"En muchas formas diferentes,
aunque no tan coloridas, EE.UU. siempre ha dicho que si Corea del Norte
alguna vez ataca, el régimen dejará de existir", escribe Crowley.
La diferencia esta vez, añade, es que el
presidente de EE.UU. parece sugerir que podría tomar medidas preventivas.
Aunque el secretario de Estado, Rex Tillerson, ha minimizado esto.
Este tipo de retórica impredecible y
belicosa que viene de la Casa Blanca es inusual y preocupa a la gente, dicen
los analistas.
Corea del Sur —el aliado de EE.UU. con
más que perder en una confrontación con el Norte— ha pedido un enfriamiento de
la retórica tanto de Pyongyang como de su aliado.
Nadie quiere que Kim Jong-un piense que
un ataque podría ser inminente.






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