Escrito por
La Redacción.
agosto 20, 2017
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Donald Trump y Steve Bannon,
en enero
de este año.
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Donald Trump se ausentará de la ceremonia de los premios artísticos del
Kennedy Center.
WASHINGTON.-
Steve Bannon cree que su salida de la Casa
Blanca supone el fin del populismo nacionalista y rupturista que impregnó la
campaña electoral y el inicio de la presidencia de Donald Trump.
“La presidencia por la que luchamos, y
ganamos, ha terminado”, dijo a la revista conservadora The Weekly Standard poco después de ser cesado, desde
el viernes, como estratega jefe del mandatario. “Seguimos teniendo un
movimiento enorme y haremos algo de esta presidencia de Trump.
Pero esa presidencia [por la que
luchamos] ha terminado. Será otra cosa”, agregó Bannon, que se consideraba el guardián de las promesas electorales del
republicano.
Bannon, de 63 años y que llevaba meses en la cuerda
floja, asegura que el 7 de agosto presentó su dimisión para que fuera
efectiva el día 14, pero que aceptó retrasar su salida por la tormenta política
desatada tras los disturbios raciales en Charlottesville (Virginia). La Casa
Blanca esgrimió que su salida fue pactada. En su primera valoración del caso, Trump agradeció este sábado en Twitter el
"servicio" del controvertido asesor conservador.
Bannon, considerado una referencia para
la derecha más reaccionaria, regresa a la publicación Breitbart News, que presidió hasta entrar en la
campaña de Trump hace un año y que es una plataforma clave del nacionalismo más
extremista y antisistema.
El exdirectivo de Goldman
Sachs esgrime que creía que no tenía cabida en el organigrama de la Casa Blanca
creado por el nuevo jefe de gabinete, John Kelly, que trata de atajar el caos
que rodea a Trump. “Puedo luchar mejor desde fuera. No puedo luchar tanto
contra los demócratas desde dentro como puedo desde fuera”, sostuvo.
Culpa de la pérdida de influencia de su
retórica rupturista a
los llamados “demócratas del Ala Oeste”, es decir los asesores más moderados
del presidente, como su hija y yerno, Ivanka Trump y Jared Kushner. Pero, sobre
todo, al establishment republicano en Washington que ha
impedido que, en sus siete meses de presidencia, Trump logre alguna victoria
legislativa. “No son populistas, no son nacionalistas, no tenían ningún interés
en su programa. Cero”, señala sobre los republicanos, y sugiere que hay escasas
posibilidades de que el presidente logre sus objetivos legislativos, como una
reforma sanitaria, plan de infraestructuras o amplia rebaja fiscal.
Bannon cree que el establishment, que tanto él como Trump denostan,
tratará de moderar al presidente. Pero advierte de que no será fácil. “Su
tendencia natural —y creo que lo viste esta semana sobre Charlottesville—, su
posición automática es la de su base, la posición que hizo que ganara las
elecciones. Creo que verás muchos límites a eso, creo que será mucho más
convencional”, señaló.
Trump recibió el martes una
avalancha de críticas de
todo el arco político por equiparar a los grupos de extrema derecha y
antirracistas que protestaron el pasado sábado en Charlottesville. Un neonazi
atropelló intencionadamente a los contramanifestantes, matando a una persona.
Pero la posición equidistante de Trump apenas inquieta a
su base y uno de los riesgos de la salida de Bannon es que el republicano
pierda contacto con los instintos más extremos de sus fieles, que durante la
campaña electoral se sintieron atraídos por su retórica incendiaria y antiestablishment.
Una vez fuera de la Casa
Blanca, Bannon se siente liberado y promete guerra. “Ahora soy libre. Tengo mis
manos de vuelta en mis armas”, dijo a la revista conservadora. “Alguien dijo
'es Bannon el Bárbaro'. Voy a machacar a la oposición. No hay duda. Construí
una jodida máquina en Breitbart. Y ahora estoy de vuelta, sabiendo lo que
sé, vamos a acelerar esa máquina”, advirtió el que fue jefe de campaña de
Trump, desde agosto de 2016, y mano derecha del magnate inmobiliario en la Casa
Blanca desde el pasado enero.


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