Escrito por
La Redacción.
agosto 26, 2017
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Nicolás
Maduro, en una rueda de prensa.
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El mandatario venezolano, cita a Julio Borge y solicita al Supremo un
“juicio histórico” contra los opositores que respaldan la medida.
CARACAS.-
Nicolás Maduro ha recibido con evidente molestia
las sanciones impuestas este viernes por el presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, para estrangular la financiación del régimen que gobierna a Venezuela.
A lo largo de una hora y poco más, el mandatario caribeño viró entre la
angustia que supone el cierre de los mercados de capitales y la arenga
voluntarista. “Empieza una etapa post hegemonía estadounidense.Venezuela será
más libre e independiente”, afirmó, en medio de los aplausos de sus ministros.
Ya lo había dicho la
presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC),
Delcy Rodríguez, poco antes de la alocución, en una reacción que resume la
postura de casi todo el chavismo gobernante. “Estados Unidos cree que el pueblo
se va a entregar si asfixia a la economía venezolana. No saben que estamos
hechos de amor y firmeza cuando se trata de defender a un país”
Ese emotivo subibaja dejó una
gran certeza. La oposición pagará los platos rotos de la decisión de
Washington. El gobernante ha solicitado a sus aliados del Tribunal Supremo de Justicia y de la ANC que inicien
“un juicio histórico por traición a la patria a todos aquellos opositores que,
en su criterio, empujaron a Trump a ampliar las medidas que tomara Barack Obama
en marzo de 2015.
En cadena obligatoria de
radio y televisión, Maduro señaló directamente al presidente del Parlamento, el
opositor Julio Borges, a quien ha recriminado el cabildeo hecho en los meses
pasados para que “se impongan decisiones” que le causan al país caribeño “un
gran daño financiero, económico y energético”. “Las medidas forman parte de un
golpe contra el esfuerzo de recuperación de la economía”, agregó. Y vaticinó:
“Los que se alegran por las sanciones están cavando su tumba política”.
Declarado en desacato por el
Supremo, la gestión de Borges, que asumió la dirección del Legislativo en
enero, instó a los multilaterales y a distintos gobiernos a no financiar al
régimen chavista si los acuerdos no eran aprobados por el Parlamento.
El régimen quiere ahora
convertir al presidente de la Asamblea Nacional en el blanco de su represalia,
pero también quisiera extenderla a todos sus adversarios políticos radicados en
el exterior. Maduro se refirió en concreto a la reunión que el número dos de la
Casa Blanca, Mike Pence, tuvo en Miami esta semana con los políticos
venezolanos que viven en el exilio. “Hay que solicitarlos con Interpol para que
los traigan y los juzguen acá, aunque el gobierno de Estados Unidos los
protege”.
Maduro aseveró que las
medidas “violan la legalidad internacional y ratifican un camino de agresión
imperial y racial”. En su intervención hizo puntuales alusiones “al carácter
racista” de las autoridades estadounidenses e invocó la solidaridad de los
restantes países. “La supremacía racial gobierna ese país”.
El mandatario venezolano aseguró
que los principales afectados por la ampliación de las sanciones son los
tenedores de bonos estadounidenses. El régimen asegura que el 62 por ciento de
los papeles que emitieron están en manos de inversionistas del país del norte,
mientras que otro doce por ciento pertenece a inversionistas ingleses. La orden
de Trump “les quemó las manos a todos ellos”, dijo. Aprovechó el comentario
para pedirle al vicepresidente Tareck El Aissami que reuniera a todos aquellos
“afectados con la medida” para buscar una solución. Venezuela, dijo, está
dispuesta a trabajar con las empresas de ese país que aún permanecen en el país
e invitó a otras a traer su dinero.
Maduro ha sorprendido a la
audiencia porque, a pesar del escenario casi apocalíptico que planteó, no ha tomado represalias concretas contra Estados
Unidos. Aunque el decreto de Trump excluye de su rango de prohibiciones el
comercio del crudo venezolano, el gobernante sugirió que Venezuela se enfrenta
a un bloqueo financiero total que podría incluso afectar el envío de petróleo
entre los dos países. Después de plantear esa posibilidad quiso enviar un
mensaje de tranquilidad. “Venezuela tiene mercado seguro para todo el petróleo
que le vendemos a los Estados Unidos. No diremos dónde”.


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