Escrito por
La Redacción.
agosto 14, 2017
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Los ciudadanos del país caribeño atraviesan la frontera ante
posibles cambios en su estatus.
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Un grupo de haitianos se prepara cerca de Nueva
York
para comenzar el trayecto a Canadá, entre la
primera y
la segunda semana del presente mes de agosto.
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Actualmente pernocta en el estadio olímpico de Montreal
—donde se han acondicionado áreas para unas 600 personas—, espera cobrar su
primer cheque de ayuda en unos días y tiene cita con un juez en octubre para
saber si obtendrá la condición de refugiado.
“La actitud de Donald Trump es muy dura con los inmigrantes”, cuenta a agencias de prensda internacional.
De acuerdo con el Programa de acogida e integración de
solicitantes de refugio en Quebec, 448 personas pidieron esta categoría
migratoria en junio y 1.174 en julio. El 90% de estas solicitudes fueron de
haitianos. La prensa de Montreal ha informado de que en la primera semana de
agosto, unos 200 individuos de esta nacionalidad cruzaron en promedio la
frontera cada día.
Luego del
terremoto que devastó Haití en 2010, Barack Obama concedió el Estatus de Protección Temporal
(TPS por sus siglas en inglés) a unos 58.000 ciudadanos de ese país. Sin
embargo, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos recomendó en
abril al presidente Donald Trump eliminarlo en enero de 2018, bajo el argumento
de que las condiciones en la nación caribeña—la más pobre de América— han mejorado considerablemente. La incertidumbre ha
impulsado a cientos de haitianos a atravesar la frontera canadiense. “Mi
familia y amigos me dicen que los cambios han sido mínimos. Las cosas siguen
siendo muy complicadas”, afirma Isaac, quien es originario de Bel Air, un barrio de Puerto Príncipe muy afectado por el sismo.
La mayoría de los ciudadanos de Haití
que han cruzado la frontera a través de Quebec han decidido
permanecer en esta provincia, ya que cuenta con la comunidad haitiana más
numerosa en el país (unas 120.000 personas; 93% en Montreal
y sus alrededores), donde muchos de los recién llegados tienen familia.
La lengua francesa también explica esta tendencia.
Marjorie Villefranche es la
directora de la Casa de Haití, un organismo montrealés que brinda apoyo a la
comunidad haitiana en diversos temas. Villefranche señala que auxilian a un
número importante de personas desde hace varios días para completar documentos
jurídicos, recolectar ropa y productos de aseo y encontrar alojamiento, ya que
la estadía de estos individuos en albergues dura pocos días: “Nuestra comunidad
se ha movilizado mucho. Ha mostrado solidaridad al ver a tanta gente que ha
llegado. La ayuda está enfocada sobre todo en familias con hijos pequeños, ya
que es el tipo de solicitantes de refugio más numeroso”.
Luego del terremoto de 2010,
el Gobierno canadiense puso en marcha un programa de protección parecido al de
Estados Unidos. Stephen Harper quiso cancelarlo,
pero Justin Trudeau otorgó una prórroga. Este periodo
adicional concluyó en agosto de 2016. “Los haitianos que arriban desde Estados
Unidos han recibido informaciones erróneas.
Piensan que podrán obtener
fácilmente la categoría de refugiados, pero será complicado en muchos casos”,
comenta Villefranche. De acuerdo con las leyes canadienses, es necesario que un
solicitante de refugio demuestre que necesita la protección de Canadá debido a
que estaría en peligro si regresa a su país por motivos religiosos, políticos,
étnicos o de pertenencia a un grupo social específico.
Además de quienes vivían en
Estados Unidos bajo el cobijo del TPS, hay haitianos que han llegado a Canadá
con periplos distintos. Uno de ellos es Jean (otro nombre ficticio). Cuenta que
viajó con su esposa a Santo Domingo para volar a Quito. Después, la pareja se
movió por tierra hasta Estados Unidos. Ahí comenzaron trámites para solicitar
refugio, pero conocieron a varios compatriotas que no lo obtuvieron, así que
decidieron llegar a Canadá de forma irregular. “La vida en Haití es muy
difícil. Hay desempleo, inseguridad. También tuve problemas porque
milité políticamente”, cuenta Jean mientras se toca un brazalete que portan todos
los que están instalados en el estadio olímpico.
La llegada de los haitianos
en las últimas semanas es el más reciente capítulo de una ola de solicitantes
de refugio que inició a finales de 2016. Si bien la provincia de Manitoba ha
registrado casos, la mayoría ha tenido lugar en Quebec, particularmente a
través de Saint-Bernard-de-Lacolle. Según cifras de la Policía Montada de
Canadá, en lo que va de 2017, la provincia francófona ha sido escenario del 77%
de los cruces irregulares.
Antes de los haitianos,
ciudadanos procedentes de países mayoritariamente musulmanes encabezaban este
flujo. Una parte de ellos ha llegado por avión a Nueva York para moverse
rápidamente a la frontera canadiense. Otros más esperaban una respuesta a sus
solicitudes de refugio en Estados Unidos desde hace meses, pero han optado por
buscar este estatus en Canadá ante la postura de Trump.
Según el Ministerio de
Inmigración, Refugiados y Ciudadanía de Canadá, en 2015 hubo 2.920 peticiones
de refugio en Quebec, 5.505 en 2016 y 6.505 entre enero y junio de este año. La
mayoría de las personas han cruzado la frontera de forma irregular. La razón es
que no podrían solicitar este estatus en los pasos fronterizos convencionales
debido al Acuerdo sobre un Tercer País Seguro. En este convenio se estipula que
un ciudadano no estadounidense está impedido de pedir refugio en un puesto
fronterizo canadiense debido a que ingresa desde EE UU, considerado un país
seguro. No obstante, si la persona cruza la frontera irregularmente será
detenida, pero podrá tener audiencia ante un juez para pedir el estatus de
refugiado, según lo indicado en la Carta canadiense de derechos y libertades.
“Somos un país abierto al mundo.
Hay que proteger esta apertura justamente asegurándonos de respetar todas las
etapas del proceso”, señaló el viernes 4 el primer ministro Justin Trudeau ante
los medios. Trudeau respondía con ello a críticas de la oposición y del
Sindicato de trabajadores aduanales y de inmigración, quienes acusan al
Gobierno de poca preparación frente a este escenario. El miércoles 9, el
ejército canadiense montó un campamento para albergar a 500 personas en
Saint-Bernard-de-Lacolle, a modo de no saturar los centros de tránsito.
El domingo 6, unas 300 personas se
expresaron a favor de los solicitantes de refugio frente al estadio olímpico de
Montreal y pidieron igualmente la suspensión del Acuerdo sobre un Tercer País
Seguro. Según Radio-Canadá, una manifestación contra los recién llegados fue
suspendida a última hora. “Quiero estudiar, trabajar, pagar impuestos. Voy a
convencer a las autoridades canadienses que necesito quedarme”, comenta Jean
con esperanza.


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