Escrito por
La Redacción.
agosto 21, 2017
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Imagen de
Younes Abouyaaqoub difundida por los Mossos
(izquierda)
y el momento en el que huye por la Boqueria.
|
El hombre llevaba un cinturón de explosivos simulado y ha gritado "Alá
es grande".
Barcelona.-
El autor material del mayor atentado terrorista en
España desde el 11-M está muerto. Los Mossos d’Esquadra abatieron este
lunes por la tarde, en una zona de viñedos de Subirats (a 50 kilómetrosd de
Barcelona) a Younes Abouyaaqoub, de 22 años.
Se había
convertido en el hombre más buscado desde el jueves, cuando presuntamente
irrumpió en La Rambla con una furgoneta blanca y arrolló a decenas de personas.
Dejó 13 muertos
y 88 heridos. En la huida, que ha prolongado cuatro días, apuñaló mortalmente a
un hombre para robarle el coche. La llamada a la ayuda ciudadana hecha este
lunes funcionó y la policía catalana dio con Abouyaaqoub. Llevaba puesto un
cinturón de explosivos que resultó ser falso. “¡Allahu akbar!”, gritó
antes de ser alcanzado por los disparos.
Los Mossos confirmaron
este lunes a mediodía lo que sospechaban desde el sábado: que Younes Abouyaaqooub era el conductor y único ocupante de la
furgoneta que arrolló a los viandantes en La Rambla de Barcelona el
pasado jueves.
La policía difundió las
fotografías del sospechoso a cuerpos policiales de media Europa y también, a
través de los medios de comunicación, a los ciudadanos, a quienes pidió
colaboración.
“Toda información de la
que puedan disponer, no solo de dónde está ahora sino también de su pasado,
debe comunicarse”, solicitó Josep Lluís Trapero, máximo responsable policial
del cuerpo autonómico catalán. Trapero recordó que, a diferencia de como
aparecía en las fotos, Abouyaaqoub —moreno, pelo corto, 1,80 de estatura—
“podría tener barba de días”.
Los Mossos confirmaron este lunes a mediodía lo que sospechaban desde el
sábado: que Younes Abouyaaqooub era el conductor y único ocupante de la
furgoneta que arrolló a los viandantes en La Rambla de Barcelona el
pasado jueves.
La policía difundió las
fotografías del sospechoso a cuerpos policiales de media Europa y también, a
través de los medios de comunicación, a los ciudadanos, a quienes pidió
colaboración.
“Toda información de la
que puedan disponer, no solo de dónde está ahora sino también de su pasado,
debe comunicarse”, solicitó Josep Lluís Trapero, máximo responsable policial
del cuerpo autonómico catalán. Trapero recordó que, a diferencia de como
aparecía en las fotos, Abouyaaqoub —moreno, pelo corto, 1,80 de estatura—
“podría tener barba de días”.
No habían pasado ni tres horas cuando las alertas se activaron. Hacia las
15.30, los Mossos recibieron dos avisos en paralelo que resultaron clave. Uno
de ellos, por parte de mandos de la comisaría de Vilafranca que regresaban de
una reunión en el complejo policial Egara para tratar, precisamente, la
prioridad número uno de la policía. Cerca de la estación de tren, los policías
vieron a un joven que les pareció Abouyaaqooub.
Iba vestido con camiseta
azul, pantalones rojos y gafas de sol. Llevaba una botella de agua en la mano.
Prácticamente al mismo
tiempo, un vecino alertó de que había visto a un joven de aspecto magrebí que se
había acercado a un grupo de casas aisladas que hay en la zona y había silbado.
De repente, se había visto sorprendido por alguien que no esperaba y se había
marchado corriendo, según el relato del ciudadano que llamó a la policía.
Su descripción encajaba
con la de Abouyaaqoub: un joven de unos 20 años, con camiseta azul, que se
había ido en dirección a Vilafranca a través de los viñedos. Pero la llamada
definitiva fue la de una mujer que dijo haber reconocido al
sospechoso “sin ningún género de dudas” por sus “conocimientos en
fisonomía”, según explicó este lunes por la tarde Trapero.
Los
Mossos activaron a diversas unidades y localizaron a Abouyaaqoub “agachado en
una zona de viñedos de la población”, agregó el jefe de la policía autonómica,
que compareció junto al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el
consejero de Interior, Joaquim Forn. Los agentes intentaron dar el alto al
fugitivo.
El joven se abrió entonces
la camisa y mostró un cinturón con supuestos artefactos explosivos adherido a
la camiseta, tal y como habían hecho también sus compañeros de la
célula terrorista en Cambrils (Tarragona) poco antes de ser abatidos en
la madrugada del pasado viernes.
A Abouyaaqoub le esperaba
el mismo destino que a ellos. El chico empezó a acercarse a la patrulla
policial con el grito habitual de los que están dispuestos a morir como mártires:
“¡Allahu akbar!” (“¡Alá es grande!”).
A una distancia de entre
10 y 15 metros, los mossos efectuaron diversos disparos —una docena, según
testigos de una masía cercana— y lo mataron.
La
incertidumbre sobre la identidad del hombre abatido se mantuvo durante un par
de horas. Abouyaaqoub había quedado tendido boca abajo y, tal y como marca el
protocolo, los Mossos activaron a los Tedax, que utilizaron un robot para
acercarse al cadáver y realizar las comprobaciones oportunas sobre el supuesto
cinturón explosivo.
Pese
a que el reloj y las zapatillas eran iguales a las que habían visto en las
fotografías, con el análisis fisonómico no era suficiente.
Los Mossos le tomaron la
huella dactilar y, a las 18.20, confirmaron que acababan de matar al autor del
ataque terrorista de Barcelona. La muerte del yihadista de Ripoll no supone el
cierre de la investigación sobre la célula terrorista, pero sí la solución al
problema más acuciante.
El
Penedès y sus viñedos fueron el punto y final a una huida que comenzó el jueves
a las 16.53. Abouyaaqoub abandonó entonces la furgoneta blanca con la que había
recorrido 500 metros desde la cabecera de La Rambla de Barcelona hasta el
teatro del Liceu.
El vehículo quedó aparcado sobre el mosaico de
Joan Miró y el joven emprendió entonces su huida a pie. Algunos testigos
aseguran que hubo un forcejeo con viandantes que intentaron detenerle, pero que
el caos y la necesidad de atender a las víctimas del atropello pesaron más.
Escape por la Boqueria.- En cuatro días de
investigación, los Mossos han logrado reconstruir (en parte) la ruta seguida
por el terrorista en su huida. A paso tranquilo, Abouyaaqoub se introdujo en el
emblemático mercado de La Boqueria. Desde allí enfiló varias calles
hacia la zona alta de Barcelona.
Lo hizo caminando, aunque
“en algún fotograma [de las cámaras de seguridad de esa zona] también se le ve
corriendo”, explicó el jefe de los Mossos. En medio del caos provocado por el
atropello masivo, en una ciudad sumida en el miedo, Abouyaaqoub logró caminar
más de cinco kilómetros para llegar hasta la avenida Diagonal. Y en concreto,
hasta Zona Universitària, que acoge la sede de facultades.
A
las 18.10, los Mossos sitúan a Abouyaaqoub en un aparcamiento que utilizan los
estudiantes de la Zona Universitària, a escasos 100 metros del Camp Nou. “Es
donde se encuentra fatídicamente con el ciudadano Pau Pérez, que estaba
estacionando su vehículo. Lo apuñala ya en ese momento. Lo mete en la parte
posterior del vehículo e inicia la salida de Barcelona”, relató el comisario
Trapero.
Pérez
se convirtió así en la víctima mortal número 15 de los atentados de Barcelona y
Cambrils, este último ataque frustrado parcialmente por la policía, que
abatió a cinco terroristas que pretendían atropellar y apuñalar ciudadanos en
el paseo marítimo de esta localidad de Tarragona.
Pérez, que había sido
cooperante en diversas ONG y era un apasionado del fútbol, trabajaba en una
empresa del sector vinícola en Barcelona. Regresaba a Vilafranca en su Ford
Focus cuando alguien, que resultó ser Abouyaaqoub, abrió la puerta del vehículo
y le apuñaló hasta causarle la muerte con un cuchillo. Los Mossos habían
advertido este lunes por la mañana de la peligrosidad del terrorista,
precisamente porque podría ir armado.
El
joven utilizó el Focus para intentar abandonar Barcelona. Eran las 18.30 de la
tarde. Los Mossos habían activado ya el operativo Gàbia para intentar detener
al autor del atropello, que ya entonces se vinculaba con un atentado terrorista
de tipo islamista; tesis que se confirmó más tarde cuando el Estado Islámico
—ISIS, por sus siglas en inglés— se atribuyó la autoría del ataque. Una
patrulla de los Mossos estaba dispuesta en la avenida Diagonal.
Al verla, Abouyaaqoub pisó
el acelerador a fondo y embistió a una agente del cuerpo, que sufrió una rotura
de fémur. Su compañero disparó contra el vehículo, pero se mantuvo al lado de
la compañera.
El
terrorista siguió su marcha varios minutos, hasta llegar a la vecina localidad
de Sant Just Desvern. Allí, por motivos que se desconocen, abandonó el coche
con Pérez moribundo en su interior.
Los Mossos vieron cómo un
hombre completamente inmóvil permanecía dentro de un coche y, por precaución,
alertaron a los Tedax. Pensaron que era el conductor y que había fallecido por
los disparos del mosso en el control. Pero no. Se trataba de Pau Pérez. Había
muerto apuñalado y Abouyaaqoub había sido su verdugo.
“El
último movimiento es en Sant Just Desvern, y ahí, a las siete de la tarde, le
perdemos la pista”, contó Trapero a mediodía, apenas tres horas antes de dar
con el terrorista más buscado. Younes Abouyaaqoub había nacido hacía 22 años en
la localidad marroquí de Mrirt.
Llegó a España de pequeño
y vivió con normalidad en Ripoll hasta que comenzó su proceso de
radicalización, presuntamente de la mano del imán local.
Murió como su hermano,
Houssaine, de 17 años, abatido en Cambrils., de 22 años.
Se había
convertido en el hombre más buscado desde el jueves, cuando presuntamente
irrumpió en La Rambla con una furgoneta blanca y arrolló a decenas de personas.
Dejó 13 muertos
y 88 heridos. En la huida, que ha prolongado cuatro días, apuñaló mortalmente a
un hombre para robarle el coche. La llamada a la ayuda ciudadana hecha este
lunes funcionó y la policía catalana dio con Abouyaaqoub. Llevaba puesto un
cinturón de explosivos que resultó ser falso. “¡Allahu akbar!”, gritó
antes de ser alcanzado por los disparos.
Los Mossos confirmaron
este lunes a mediodía lo que sospechaban desde el sábado: que Younes Abouyaaqooub era el conductor y único ocupante de la
furgoneta que arrolló a los viandantes en La Rambla de Barcelona el
pasado jueves.
La policía difundió las
fotografías del sospechoso a cuerpos policiales de media Europa y también, a
través de los medios de comunicación, a los ciudadanos, a quienes pidió
colaboración.
“Toda información de la
que puedan disponer, no solo de dónde está ahora sino también de su pasado,
debe comunicarse”, solicitó Josep Lluís Trapero, máximo responsable policial
del cuerpo autonómico catalán. Trapero recordó que, a diferencia de como
aparecía en las fotos, Abouyaaqoub —moreno, pelo corto, 1,80 de estatura—
“podría tener barba de días”.
Los Mossos confirmaron este lunes a mediodía lo que sospechaban desde el
sábado: que Younes Abouyaaqooub era el conductor y único ocupante de la
furgoneta que arrolló a los viandantes en La Rambla de Barcelona el
pasado jueves.
La policía difundió las
fotografías del sospechoso a cuerpos policiales de media Europa y también, a
través de los medios de comunicación, a los ciudadanos, a quienes pidió
colaboración.
“Toda información de la
que puedan disponer, no solo de dónde está ahora sino también de su pasado,
debe comunicarse”, solicitó Josep Lluís Trapero, máximo responsable policial
del cuerpo autonómico catalán. Trapero recordó que, a diferencia de como
aparecía en las fotos, Abouyaaqoub —moreno, pelo corto, 1,80 de estatura—
“podría tener barba de días”.
No habían pasado ni tres horas cuando las alertas se activaron. Hacia las
15.30, los Mossos recibieron dos avisos en paralelo que resultaron clave. Uno
de ellos, por parte de mandos de la comisaría de Vilafranca que regresaban de
una reunión en el complejo policial Egara para tratar, precisamente, la
prioridad número uno de la policía. Cerca de la estación de tren, los policías
vieron a un joven que les pareció Abouyaaqooub.Iba vestido con camiseta
azul, pantalones rojos y gafas de sol. Llevaba una botella de agua en la mano.
Prácticamente al mismo
tiempo, un vecino alertó de que había visto a un joven de aspecto magrebí que se
había acercado a un grupo de casas aisladas que hay en la zona y había silbado.
De repente, se había visto sorprendido por alguien que no esperaba y se había
marchado corriendo, según el relato del ciudadano que llamó a la policía.
Su descripción encajaba
con la de Abouyaaqoub: un joven de unos 20 años, con camiseta azul, que se
había ido en dirección a Vilafranca a través de los viñedos. Pero la llamada
definitiva fue la de una mujer que dijo haber reconocido al
sospechoso “sin ningún género de dudas” por sus “conocimientos en
fisonomía”, según explicó este lunes por la tarde Trapero.
Los
Mossos activaron a diversas unidades y localizaron a Abouyaaqoub “agachado en
una zona de viñedos de la población”, agregó el jefe de la policía autonómica,
que compareció junto al presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el
consejero de Interior, Joaquim Forn. Los agentes intentaron dar el alto al
fugitivo.
El joven se abrió entonces
la camisa y mostró un cinturón con supuestos artefactos explosivos adherido a
la camiseta, tal y como habían hecho también sus compañeros de la
célula terrorista en Cambrils (Tarragona) poco antes de ser abatidos en
la madrugada del pasado viernes.
A Abouyaaqoub le esperaba
el mismo destino que a ellos. El chico empezó a acercarse a la patrulla
policial con el grito habitual de los que están dispuestos a morir como mártires:
“¡Allahu akbar!” (“¡Alá es grande!”).
A una distancia de entre
10 y 15 metros, los mossos efectuaron diversos disparos —una docena, según
testigos de una masía cercana— y lo mataron.
La
incertidumbre sobre la identidad del hombre abatido se mantuvo durante un par
de horas. Abouyaaqoub había quedado tendido boca abajo y, tal y como marca el
protocolo, los Mossos activaron a los Tedax, que utilizaron un robot para
acercarse al cadáver y realizar las comprobaciones oportunas sobre el supuesto
cinturón explosivo.
Pese
a que el reloj y las zapatillas eran iguales a las que habían visto en las
fotografías, con el análisis fisonómico no era suficiente.
Los Mossos le tomaron la
huella dactilar y, a las 18.20, confirmaron que acababan de matar al autor del
ataque terrorista de Barcelona. La muerte del yihadista de Ripoll no supone el
cierre de la investigación sobre la célula terrorista, pero sí la solución al
problema más acuciante.
El
Penedès y sus viñedos fueron el punto y final a una huida que comenzó el jueves
a las 16.53. Abouyaaqoub abandonó entonces la furgoneta blanca con la que había
recorrido 500 metros desde la cabecera de La Rambla de Barcelona hasta el
teatro del Liceu.
El vehículo quedó aparcado sobre el mosaico de
Joan Miró y el joven emprendió entonces su huida a pie. Algunos testigos
aseguran que hubo un forcejeo con viandantes que intentaron detenerle, pero que
el caos y la necesidad de atender a las víctimas del atropello pesaron más.
Escape por la Boqueria.- En cuatro días de
investigación, los Mossos han logrado reconstruir (en parte) la ruta seguida
por el terrorista en su huida. A paso tranquilo, Abouyaaqoub se introdujo en el
emblemático mercado de La Boqueria. Desde allí enfiló varias calles
hacia la zona alta de Barcelona.
Lo hizo caminando, aunque
“en algún fotograma [de las cámaras de seguridad de esa zona] también se le ve
corriendo”, explicó el jefe de los Mossos. En medio del caos provocado por el
atropello masivo, en una ciudad sumida en el miedo, Abouyaaqoub logró caminar
más de cinco kilómetros para llegar hasta la avenida Diagonal. Y en concreto,
hasta Zona Universitària, que acoge la sede de facultades.
A
las 18.10, los Mossos sitúan a Abouyaaqoub en un aparcamiento que utilizan los
estudiantes de la Zona Universitària, a escasos 100 metros del Camp Nou. “Es
donde se encuentra fatídicamente con el ciudadano Pau Pérez, que estaba
estacionando su vehículo. Lo apuñala ya en ese momento. Lo mete en la parte
posterior del vehículo e inicia la salida de Barcelona”, relató el comisario
Trapero.
Pérez
se convirtió así en la víctima mortal número 15 de los atentados de Barcelona y
Cambrils, este último ataque frustrado parcialmente por la policía, que
abatió a cinco terroristas que pretendían atropellar y apuñalar ciudadanos en
el paseo marítimo de esta localidad de Tarragona.
Pérez, que había sido
cooperante en diversas ONG y era un apasionado del fútbol, trabajaba en una
empresa del sector vinícola en Barcelona. Regresaba a Vilafranca en su Ford
Focus cuando alguien, que resultó ser Abouyaaqoub, abrió la puerta del vehículo
y le apuñaló hasta causarle la muerte con un cuchillo. Los Mossos habían
advertido este lunes por la mañana de la peligrosidad del terrorista,
precisamente porque podría ir armado.
El
joven utilizó el Focus para intentar abandonar Barcelona. Eran las 18.30 de la
tarde. Los Mossos habían activado ya el operativo Gàbia para intentar detener
al autor del atropello, que ya entonces se vinculaba con un atentado terrorista
de tipo islamista; tesis que se confirmó más tarde cuando el Estado Islámico
—ISIS, por sus siglas en inglés— se atribuyó la autoría del ataque. Una
patrulla de los Mossos estaba dispuesta en la avenida Diagonal.
Al verla, Abouyaaqoub pisó
el acelerador a fondo y embistió a una agente del cuerpo, que sufrió una rotura
de fémur. Su compañero disparó contra el vehículo, pero se mantuvo al lado de
la compañera.
El
terrorista siguió su marcha varios minutos, hasta llegar a la vecina localidad
de Sant Just Desvern. Allí, por motivos que se desconocen, abandonó el coche
con Pérez moribundo en su interior.
Los Mossos vieron cómo un
hombre completamente inmóvil permanecía dentro de un coche y, por precaución,
alertaron a los Tedax. Pensaron que era el conductor y que había fallecido por
los disparos del mosso en el control. Pero no. Se trataba de Pau Pérez. Había
muerto apuñalado y Abouyaaqoub había sido su verdugo.
“El
último movimiento es en Sant Just Desvern, y ahí, a las siete de la tarde, le
perdemos la pista”, contó Trapero a mediodía, apenas tres horas antes de dar
con el terrorista más buscado. Younes Abouyaaqoub había nacido hacía 22 años en
la localidad marroquí de Mrirt.
Llegó a España de pequeño
y vivió con normalidad en Ripoll hasta que comenzó su proceso de
radicalización, presuntamente de la mano del imán local.
Murió como su hermano,
Houssaine, de 17 años, abatido en Cambrils.


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