Escrito por
La Redacción.
agosto 19, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
Marcha
opositora en Caracas el 12 de agosto.
|
Las protestas han parido una nueva generación de jóvenes dirigentes.
CARACAS.-
Las protestas que tomaron las calles de Venezuela desde
comienzos de abril, pero que ya parecen extinguirse, pusieron a prueba no solo
al Gobierno de Nicolás Maduro, sino la cohesión de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), la alianza opositora que
agrupa a 21 partidos y movimientos, que convocó las manifestaciones.
La precariedad de sus acuerdos internos, siempre bajo amenaza de indisciplinas
y escisiones, terminó siendo –como en otras ocasiones– un hándicap
para la activación oportuna de iniciativas que aprovechen las coyunturas y, de
paso, complazcan las expectativas de todas las partes.
De hecho, la coalición
luce debilitada después de la campaña insurreccional, tras la deserción de una
de sus caras más visibles, María Corina Machado, y
el creciente protagonismo del grupo denominado La Resistencia, que
nutre sus filas de jóvenes fogueados precisamente en las refriegas callejeras
de los últimos cuatro meses contra los cuerpos de seguridad.
Pero no todo son malas noticias para la
organización. Surge una nueva camada de líderes jóvenes, formales pero con
calle: muchos han estado en la primera línea de las escaramuzas de las últimas
semanas. Y los reúne un sentimiento de pertenencia a una misma generación.
"En los últimos cuatro meses, cuando hemos salido a protestar todos los
días, con quienes nos hemos encontrado en la calle son los mismos con quienes
salimos hace 10 años. Tenemos amistades verdaderas. Por eso, independientemente
de en qué partido militamos, podemos articularnos y poner el país por
delante", dice Roberto Patiño, diputado a la Asamblea Nacional por el
partido Primero Justicia (PJ).
Patiño (nacido en 1988) y sus
colegas Manuela Bolívar (1985, Voluntad Popular), y Armando Armas (1981,
Voluntad Popular), conversan con EL PAÍS en Caracas. Los tres representan antes
que nada a la llamada Generación de 2007, la edición de dirigentes
estudiantiles que ese año surgió en rechazo del cierre de la cadena de
televisión privada RCTV por parte del Gobierno de Hugo
Chávez.
Pasada una década de esa
eclosión, todavía es pronto para determinar si a los alevines políticos de
entonces corresponderá llevar las riendas del país por muchos años, como
durante medio siglo hicieron los estudiantes que en 1928 se enfrentaron al
dictador Juan Vicente Gómez y luego se convertirían en los padres de la
democracia en Venezuela. Tienen una tarea pendiente: sacar del poder al
chavismo. Mientras tanto, exhiben algunos logros de importancia, como la primera
derrota electoral que aceptó el chavismo ese mismo 2007, cuando se llevó a
consulta popular una reforma constitucional que Chávez impulsaba.
Las refriegas del segundo
cuatrimestre de 2017 acumulan un saldo ominoso de muertos, heridos y arrestados
que sigue poniendo a prueba el arrojo de la dirigencia y las bases de la
oposición, que salen a las calles casi inermes a hacer frente a unos cuerpos de
seguridad armados hasta los dientes. En uno de los episodios más graves de la
campaña, el 5 de julio, grupos de choque del oficialismo asaltaron la Asamblea
Nacional, que entonces sesionaba. El joven diputado por el estado de
Anzoátegui, Armando Armas, recibió de lleno la andanada de los agresores. La
imagen de su cuerpo tendido sobre los adoquines del patio central del Palacio
Federal Legislativo, presa de convulsiones a consecuencia de los golpes, se
convirtió en un emblema de estas jornadas. Sin embargo, confía, no se trata del
incidente más doloroso por el que ha tenido que pasar en estas semanas.
"Me afectó mucho el asesinato de César Pereira. Era un chamo que yo metí
en política. Embolsaba las compras en un mercado de chinos en Puerto La Cruz.
Iba encapuchado en la manifestación en que la policía lo mató con una
canica".
"Para mí es
complicado", refiere Manuela Bolívar, hija del exgobernador del estado de
Aragua y aliado político del chavismo, Didalco Bolívar –con quien "estos
han sido años de silencio, muchísimo silencio"–. "Cuando trago
gas tengo que hacer todo un protocolo porque le estoy dando pecho a mi chamo.
Yo veo que una cosa era protestar en el 2007, cuando tú sentías que todavía
había como una contención del régimen; en cambio hoy, cuando estoy en una
protesta, reconozco en mí un miedo que antes no sentía, porque ahora sabes que
el régimen busca asesinar". Bolívar es madre de dos bebés, graduada en
Psicología con una maestría en Gestión Pública.
Bolívar asoma la hipótesis de
que, surgida en el marco de una extrema polarización política, su generación se
ha impuesto la misión de aprender a construir puentes entre distintos para
ponerlos a trabajar por una meta común. Resulta una descripción bastante
aproximada de la tarea que cumple su colega Roberto Patiño, Ingeniero de
Producción de la Universidad Simón Bolívar (USB) de Caracas con una maestría en
la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard.
Además de sus
responsabilidades en el partido Primero Justicia y el parlamento, dirige
Miconvive, una ONG para la prevención de la violencia en barriadas del oeste de
Caracas, y el programa Alimenta la Solidaridad, por el que ofrece todos los
días comida a 765 niños en nueve comedores "pero no como una acción de
caridad sino como un programa de corresponsabilidad; yo consigo los insumos y
las madres de la comunidad hacen el resto. La gran mayoría de esas madres
fueron chavistas y ahora rechazan al Gobierno. Pero nosotros no estamos
buscando sembrar entre ellas una lealtad o un mecanismo clientelar. No pedimos
nada a cambio".
El acento en lo social parece
constituir un punto de coincidencia para estos jóvenes que, contrapuestos a un
proyecto hegemónico que se quiere de izquierda, no pasa por alto los lastres
que suponen para la democracia las situaciones de inequidad. "Al oponente
lo tenemos bien definido", asegura Armando Armas, "pero la derrota
del chavismo no es el desafío; eso es solo un escollo. El verdadero objetivo es
la superación de la pobreza en paz y democracia".
"Algo significativo para
nuestra generación es que en un futuro vamos a poder decir que nos ganamos la
democracia luchando en la calle. No es que nacimos y eso ya estaba. Me
entusiasma, porque yo creo que la forma de resolver nuestros problemas es a
través del empoderamiento, a través de asumir las responsabilidades, a través
de superar las relaciones de dependencia y las comodidades", concluye por
su parte Roberto Patiño.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario