Escrito por
La Redacción.
agosto 21, 2017
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Nicolás Maduro y Raúl Castro, presidentes
de Venezuela y Cuba, respectivamente.
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La isla tiene hoy en Venezuela 60.000 efectivos, algunos de ellos médicos y
entrenadores deportivos, pero todos agentes de inteligencia y seguridad.
Caracas.- Cuba tiene hoy en Venezuela sesenta mil
efectivos, algunos de ellos médicos y entrenadores deportivos, pero todos
agentes de inteligencia y seguridad.
Durante los diez años de la guerra de
independencia en Venezuela, unos 22 mil soldados españoles llegaron para
combatir al ejército libertador de Simón Bolívar. Doscientos años más tarde,
Cuba tiene hoy en Venezuela sesenta mil efectivos, algunos de ellos médicos y
entrenadores deportivos, pero todos agentes de inteligencia y seguridad.
Contingente complementado por oficiales militares que dirigen la represión y
tortura de disidentes, y que tutelan la fuerza armada venezolana al igual que
los servicios policiales, de identificación, de inteligencia y de registros. En
suma: Cuba hoy es el equivalente a la “Potencia Ocupante” de Venezuela
Semejante realidad representa
la mayor ocupación extranjera en toda nuestra historia, convirtiendo a Venezuela
en su colonia, a la que le exprime diariamente 100 mil barriles de petróleo.
Sin duda, la más exitosa iniciativa del llamado ”internacionalismo cubano”,
lograda sin disparar un solo tiro, gracias a Hugo Chávez, que les entregó
nuestro país, en el mayor acto de traición a la patria.
La ocupación cubana no ha
generado mayores protestas, ni siquiera del vecino del norte que, por más de
medio siglo, los ha mantenido inquietos. Del mismo modo, tampoco los
asentamientos de narco guerrilleros de las FARC y del ELN en puntos
estratégicos de nuestra frontera con Colombia que, gracias a una asociación
perversa y criminal con jerarcas civiles y militares de la narco tiranía
venezolana iniciada al llegar Hugo Chávez a la presidencia, han venido
convirtiendo al país en el sitio de paso más importante para el tráfico de
drogas; al punto de ser calificada Venezuela como “la mayor autopista de la
droga del planeta”. Y la más segura, gracias a la protección militar y
policial.
El próximo capítulo de esta
desgracia será que con las FARC legitimadas y empoderadas como el partido
político con más recursos del continente, unidas a sus pares venezolanos,
pueden darle paso a la recreación de la Gran Colombia, pero del Narcotráfico.
El tráfico de armas, sumado al lavado de dinero, a las prácticas corruptas y al
terrorismo, se han convertido en amenazas reales para todo el continente, no
solo para Estados Unidos.
En medio de esta trágica
situación, surge la inesperada declaración del Presidente Donald Trump de que
todas las opciones en el caso de Venezuela estaban abiertas, y que podía
“incluir acciones militares, porque en Venezuela su gente sufría y moría”.
Trump no venía de jugar golf, sino de una reunión con su Consejo Nacional de
Seguridad donde, evidentemente, ni siquiera el caso de Corea del Norte logró
evitar discutir la situación venezolana.
Esta declaración sigue a la
del Director de la CIA, que denunció la presencia en Venezuela de grupos
asociados al terrorismo, que representa un peligro para la seguridad de los
Estados Unidos. De hecho, la reciente visita del Vicepresidente Mike Pence a la
Argentina, Chile, Colombia y Perú, estuvo centrada en el peligro que representa
el gobierno chavista para toda la región. Pence intentó auscultar la
disposición de estos gobiernos a acompañar a Estados Unidos en acciones
dirigidas a sancionar con mayor contundencia al régimen de Caracas, sin que se
excluyan acciones de carácter militar, que no significan obligatoriamente
invasiones ni bombardeos. El nivel de precisión alcanzado por la tecnología
militar y los recursos cibernéticos bélicos no requieren movilización de tropas
para neutralizar fuerzas adversas.
Nunca antes un presidente
norteamericano se había pronunciado de manera tan categórica. Ni George W.
Bush, ni Bill Clinton, ni Barack Obama. Pero el hecho de levantar la opción
militar para rescatar la libertad y desalojar la ocupación cubana, los carteles
de las drogas y otros grupos altamente peligrosos, que operan bajo la
protección del régimen, desató una reacción de rechazo. Antonio Sánchez,
filósofo chileno-venezolano, dijo algo muy cierto: “Cuba sí puede y tiene
derecho de oprimir a Venezuela, pero a los yanquis les está vedado el derecho
de asistir a su liberación”.
“Cuba sí, yanquis no”, está
implícito en la censura a Trump, pero creo muchas de ellas obedecen más a estar
en contra del presidente norteamericano que por el contenido de su declaración,
o por falta de interés real a la suerte de mi país.
Algunos destacan que Trump,
al mencionar la opción militar, fortalece al régimen de Maduro. Los mismos
argumentaban antes que aplicar sanciones tendría el mismo efecto. Ambos
argumentos son absolutamente falsos, como lo reflejan las encuestas. Los
venezolanos, no necesariamente todos sus políticos, apoyarían cualquier medida
que nos permita ser libres de nuevo, ante la inminente perpetuación de una
narco tiranía militarizada que no dejará el poder ni normal, ni pacíficamente,
y menos aún con elecciones.
Solo ingenuos pueden imaginar
que los jerarcas civiles y militares culpables de crímenes de lesa humanidad se
marcharán gracias a elecciones, y que los sesenta mil ocupantes cubanos en el
país están de adorno, y mucho menos los narcotraficantes y los asociados a
causas terroristas.
He participado en discusiones
en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en representación de mi país
sobre la tragedia en la Antigua Yugoslavia, donde prevaleció la espera, las
negociaciones, y la asistencia humanitaria. Al final, esa tragedia tuvo una
salida militar, tras haberle costado la vida a más de 200 mil bosniacos, la
violación de 20 mil de sus mujeres y la erradicación de sus hogares a más de un
millón de personas.
Admito que mi apreciación
sobre la desgracia de mi país y de nuestra gente la hago más como un ciudadano,
que le duele ver sufrir a su gente, que como un diplomático que ha visto en
primera fila cómo han sufrido otros pueblos por la desidia, la indiferencia y
la complicidad de otros.
Entiendo que a muchos no les
agrade Trump, pero como venezolano valoro su solidaridad al demostrar tener un
sentido real de la urgencia de atender nuestra desgracia. Replicar a Cuba con
petróleo y narcos sería una tragedia para todos, incluyendo a los que hoy por
adversar al presidente de los Estados Unidos marginan el hecho de que lo que
está en juego no es Trump, sino Venezuela. Esto se traduce en: Para ocupantes
tenemos a Cuba.


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