Escrito por
La Redacción.
agosto 17, 2017
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Los blancos, con Benzema a la cabeza, ganan la Supercopa, su
segundo título del curso, tras imponerse con claridad a un Barça menor que solo
encontró alivio en Messi.
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Benzema
salva la entrada de Mascherano.
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Solo en el segundo tiempo, ya más que decidido el título,
tuvo algo de fuelle el Barcelona. Antes, frente a un Real Madrid abrasivo,
mutable y constante, fue un equipo perplejo, esmirriado y sin etiqueta.
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| La Super Copa ganada por Madrid este miércoles |
De
momento, no hay padre que le reconozca, ha perdido el catón. Sin Xavi se olvidó
de ser un equipo pinturero con la pelota y se entregó a pies de tres delanteros
de órdago. Sin Neymar no sabe de qué tendal pinzar, salvo que aparezca Messi.
El argentino hoy se ve obligado a ser Messi, Xavi y Neymar. Demasiado hasta
para Leo. Y eso que apenas es lo único algo reconocible de este Barça.
Hasta el intermedio, solo La Pulga fue capaz de quitar las
telarañas a su equipo, siquiera un ratito. Tan retratado quedó este Barcelona que para cuando Messi tocó por primera vez el balón, el
Madrid ya iba por delante en el marcador y en el juego. Al contrario que los
azulgrana en la ida, el conjunto blanco tuvo hueso desde el primer segundo. Lo
mismo dio que Zidane descolgara a Casemiro, Isco y Bale. O que Cristiano
estuviera en el palco. El Madrid tiene de todo y en abundancia.
Desfile quien desfile, al Real Madrid no le
falta fútbol y chicha. Un volumen ensordecedor para el Barça, acorralado cerca
de Ter Stegen antes de despojarse del chándal. La presión alta y con dientes de
sierra de los madridistas, en cada asalto siempre con más chicha que los culés,
fue una tortura para los de Valverde, que esta vez recurrió a tres centrales.
El lateral derecho del Barça es un jeroglífico. Rehabilitado Aleix Vidal y
recién fichado Semedo, los dos se quedaron a la sombra. Con los tres zagueros
centrales no hubo remedio: ganancias ninguna, pérdidas muchas.
No había alcanzado el medio campo
el Barcelona, chato y abatido, cuando Asensio dejó
a Ter Stegen con musarañas a la vista. El balear tiene una zurda tan asombrosa
que por segunda ocasión en cuatro días dejó tieso a Ter Stegen, que esta vez
tuvo menos motivos para quedarse como una estalactita. Con Lucas y Asensio
abiertos en las orillas, con el auxilio permanente de Carvajal y Marcelo, el
Barça no supo a qué atender. Si tapar a los laterales, cerrar mejor a los
delanteros o tomar la matrícula a Kroos y Modric.
No se alivió el cuadro catalán hasta
que Messi se incrustó en medio campo y, al menos unos minutos, tiró de escuadra
y cartabón. En esta oportunidad no tuvo el arresto fijo de Kovacic, estupendo
en el papel de Casemiro durante una hora. Pero si Messi recula y no atisba a
Neymar su panorámica se reduce. Si encima los interiores —Rakitic y André
Gomes— no saben a qué atenerse, si aventurarse al área del rival o empadronarse
en medio campo, hasta el radar de Leo se resiente.
Al primer arreón de Messi, con Luis Suárez como
única referencia, respondió de maravilla el Madrid. Bien incubado por Kovacic,
el grupo de Zidane encontró una vía de escape por los costados, sobre todo por
el de Lucas Vázquez, frente al que Umtiti y Jordi Alba no se secundaron como
debían. Asensio mantuvo el tipo, pero por encima de todos emergió Benzema.
El
francés cargó con el oleaje blanco, por aquí por allá, sin dar pistas a Piqué,
Mascherano o Umtiti. Un birle de Lucas a Busquets derivó en el segundo tanto
local. Benzema, espabilado, se anticipó a su compatriota Umtiti. Poco antes,
otro quite, este del desatado Benzema a Mascherano, derivó en un remate al
poste de Lucas Vázquez. El Real Madrid tenía lo que le faltaba a su
adversario: hueso, fútbol y definición, porque se conoce de memoria el dictado.
Resuelto el título con creces, en el
segundo tramo se acortaron las distancias. El Barça tuvo algo más de cuerpo, en
parte por la rebaja del Real
Madrid, ya más dispuesto a las carreras que a empotrar al contrario.
Valverde sostuvo la trinchera de los tres centrales incluso cuando dio pista a
Semedo, relevo de Piqué. Messi no cejó y el Barcelona tuvo otra cara ante Keylor. El argentino remató al
larguero y luego Luis Suárez al poste izquierdo del meta costarricense. Otro
Barça, sí, pero no el Barça que se presupone debiera ser.
Tampoco remitió Benzema, el jugador
de la noche y la madrugada, y el partido se tornó en una ida y vuelta mientras
brindaba la hinchada local y los azulgrana no quitaban ojo a Luis Suárez, que
terminó tan cojo como está el Barça. Un Barça al que el Real dejó en evidencia
mientras hubo miga.



En términos de estilo de juego, el Real Madrid siempre ha sido un estilo tradicional, prestando atención al ritmo rápido y rápido para lanzar el balón a la pista delantera, desde las diversas cuerdas largas de precisión de Beckham Zidane, a la defensa de Mu Bird, a la de Zidane. El Real Madrid siempre ha sido un representante del fútbol tradicional.
ResponderBorrarY el Barcelona es otro estilo de juego, presta atención a la pelota para presionar a la gente, y luego busca las lagunas para matar. La oposición de los dos estilos también es una característica importante.