Escrito por
La Redacción.
agosto 01, 2017
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El presidente brasileño confía en lograr los votos necesarios
para rechazar la denuncia del fiscal general.
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| Michel Temer |
La Cámara de Diputados votará si acepta
dar curso a la denuncia presentada contra Temer por el fiscal
general de la República, quien acusa al presidente de corrupción pasiva.
Un voto favorable implicaría que Temer sería apartado del cargo por seis meses.
Para ello se necesita el apoyo a la denuncia de dos tercios de la Cámara -342
de los 513 diputados- , un objetivo que parece inalcanzable para los
adversarios del presidente.
Los brasileños asistirán este miércoles a una liturgia bien conocida, muy
similar a la que hace 14 meses acabó en la destitución de la anterior
presidenta, la izquierdista Dilma Rousseff. El juicio del Congreso
alcanza ahora al que era el vicepresidente de Rousseff, Michel Temer, quien
aprovechó el impeachment de su entonces aliada para hacerse con el poder y
formar un nuevo Gobierno de centro-derecha.
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Vista del Plenario de la Cámara de los Diputados
este lunes, 31 de julio de 2017, en Brasilia (Brasil).
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A diferencia de su antecesora, que
fue sometida a un juicio meramente político, contra Temer se cierne ahora una
denuncia penal, acusado de cobrar, a través de intermediarios, sobornos de uno
de los mayores empresarios del país. Pero la Constitución brasileña impide
procesar a un presidente sin el aval de una mayoría cualificada de diputados de
la Cámara, que, como en mayo del año pasado, desfilarán uno a uno para anunciar
el sentido de su voto. Aunque esta vez se pretende evitar un espectáculo como
el vivido entonces, cuando los parlamentarios justificaron su posición con
argumentos que fueron de lo ridículo (uno llegó a dedicar el impeachment a los
agentes de seguros) a lo siniestro (el dirigente de extrema derecha Jair
Bolsonaro votó evocando el nombre del militar que durante la dictadura torturó
a la entonces guerrillera Rousseff).
La crisis y la polarización política que se vivían en
mayo de 2016 no han hecho más agravarse en este tiempo. Pero a diferencia de
entonces las calles no hierven de protestas. Pese a que Temer ya ha superado
los índices de impopularidad de su antecesora –está en un misérrimo 5%, según
las últimas encuestas- el cansancio ciudadano y la ausencia de una alternativa
clara al actual presidente han actuado de elemento desmovilizador. Los
diputados han podido pulsar la opinión de sus votantes en las dos últimas semanas,
ya que las vacaciones parlamentarias de invierno les permitieron retirarse a
sus respectivos feudos, lejos de la burbuja política de Brasilia.
Los
contrarios a Temer forzaron el aplazamiento de la votación para después de ese
receso, en la confianza de que el contacto con la calle y con la indignación
popular por la corrupción sin límite ayudase a reflexionar a los aliados del
Gobierno. Pero el presidente no ha se ha quedado quieto y todo apunta a que
tiene margen suficiente para superar la prueba.



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