Escrito por
La Redacción.
agosto 24, 2017
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La brecha entre el presidente y el núcleo duro de su partido se
agrava con las crisis de este verano.
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El líder de
los republicanos en el Congreso, Paul Ryan,
este jueves
en la planta de Boeing en Everett, Washington.
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El mandatario acusó este jueves a los
líderes republicanos en el Congreso de haber provocado problemas para la
aprobación de este límite, al rehusar darle luz verde dentro de una legislación
sobre veteranos. Ahora se tendrá que negociar en septiembre y, dadas las
dificultades con demócratas y con sus propios congresistas, no será sencillo.
Estados Unidos no puede endeudarse de forma ilimitada, sino que el Congreso
fija un techo de deuda máximo anual. Cuando el tope se alcanza, los
legisladores republicanos y demócratas tienen que ponerse de acuerdo para
elevar el máximo y así mantener la Administración en marcha.
Este proceso llegó a resultar agónico para Barack Obama, que en 2013
tuvo que cerrar la Administración y vio cerca la fecha límite para una
suspensión de pagos en el país más rico del planeta.
Ahora también vienen curvas, pero esta
vez, con luchas intestinas de por medio. Trump ya amenazó el martes con un
“cierre” del Gobierno si el Congreso no daba luz verde a la partida
presupuestaria que asegure la construcción del polémico muro en la frontera de
México, una infraestructura que el presidente ha prometido acabará yendo a
cargo del vecino del sur, pero que, en una primera instancia, tendrá que
pagarse con dinero de los contribuyentes estadounidenses.
Y este jueves, en su cuenta de Twitter,
atacó a los suyos al explicar que había propuesto a los líderes del Senado y de
la Cámara de Representantes (los conservadores Mitch McConnell y Paul Ryan,
respectivamente) incluir el nuevo techo de la deuda federal en otro proyecto de
ley sobre veteranos, que obtuvo luz verde con relativa sencillez. "No lo
hicieron así, por lo que ahora tenemos un gran problema con los demócratas
(como de costumbre) para la aprobación del techo de la deuda. Podría haber sido
tan fácil y ¡ahora un desastre!", escribió el presidente.
Trump y el establishment republicano no
han logrado enderezar su relación después de seis meses gobernando en la Casa
Blanca.
El resquemor del empresario neoyorquino
ha crecido por los fracasos que sus iniciativas han sufrido en las cámaras -no ha logrado sustituir la reforma sanitaria de Obama y
aún no hay noticias de la reforma fiscal-. Al mismo tiempo, las polémicas que
ha provocado el presidente -como la reciente crisis racista de
Charllottesville- han puesto a los conservadores en una situación muy incómoda.
Este mayor distanciamiento de los pesos
pesados del partido -más allá del cisma con los demócratas- supone una
dificultad añadida para las negociaciones que afronta el Congreso en cuanto
pasen sus vacaciones de verano, y que pasan por alumbrar la mil veces prometida
reforma fiscal, el presupuesto federal de 2018 o por amarrar el techo de deuda.
El nuevo curso legislativo comienza el 5 de septiembre y el acuerdo sobre el
techo de deuda debe llegar antes de que acabe ese mes.
Curso
legislativo complicado.- The
New York Times publicó
un extenso artículo esta semana en el que daba la relación entre Trump y
McConell por desintegrada, asegurando que no habían mantenido contacto alguno
desde una crispada conversación telefónica entre ambos el pasado 9 de agosto.
El líder conservador del Senado, según
aquella información, "había manifestado en privado “sus dudas sobre la
capacidad de Trump de salvar su Administración” después de las crisis del
verano.
Tanto la Casa Blanca como McConell
desmintieron la ruptura, pero los desacuerdos entre ambos han sido públicos y
notorios, empezando por las críticas de este jueves en Twitter.
Además, en declaraciones públicas, el
presidente llegó a sugerir que McConnell debería dimitir si en
los próximos meses no logra la aprobación de la reforma sanitaria o un plan de
infraestructuras.
Este es pedregoso terreno por el que
deben caminar las negociaciones. Pero los conservadores, con la vista puesta en
las elecciones legislativas de 2018, son los primeros interesados en entenderse
con su presidente. Por primera vez en muchos años controlan Gobierno y cámaras,
así que el votante no entenderá que muchas iniciativas se queden ahora
bloqueadas, como, por ejemplo, la elevación del techo de deuda.
Fitch, la agencia de calificación de
riesgos, ha advertido de que revisará la nota de solvencia de Estados Unidos
-ahora de triple A, un sobresaliente- si este límite no se negocia a tiempo.
Un empeoramiento de la calificación se
traduce en unos intereses más altos que pagar por endeudarse, lo que
retroalimenta cualquier problema de pasivo.
"Un cierre parcial del Gobierno no
tendría un impacto directo en nuestra calificación, pero dejaría en evidencia
que las divisiones políticas representan un riesgo para el proceso
presupuestario", dijo la agencia. La fractura política empieza a molestar
en el mercado.


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