Escrito por
La Redacción.
agosto 13, 2017
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| Donald Trump |
CARACAS.- El que el presidente estadounidense
Donald Trump haya hablado de una posible “opción militar” en Venezuela genera
el riesgo de distanciar a las naciones latinoamericanas que ya habían superado
su renuencia a trabajar con él, y que acordaron una postura unida de
confrontación para aislar al gobierno del presidente Nicolás Maduro.
Bastante antes de que Maduro
emitiera su respuesta, diversos gobiernos de América Latina, que recuerdan muy
bien la larga historia de intervenciones estadounidenses en la región,
expresaron de inmediato su alarma ante lo que les pareció el sonido de los
tambores de guerra. Incluso Colombia, el más firme aliado de Washington en la
región, condenó cualquier medida militar y el uso de la fuerza que afecte la
soberanía de Venezuela.
Maduro ha acusado desde hace
tiempo a Washington de tener planes militares para Venezuela y específicamente
sobre las vastas reservas petroleras del país, las más grandes del mundo. Sin
embargo, diversos sectores rechazan las afirmaciones de Maduro en ese sentido y
las describen como un intento de desviar la atención a los fracasos de su
gobierno para frenar los numerosos problemas que enfrenta, tales como la
escasez generalizada de productos, una inflación galopante y una de las peores
tasas de homicidios en el mundo.
“Durante años ha estado
diciendo que Estados Unidos estaba preparando una invasión, y todo el mundo se
echó a reír. Ahora esa aseveración quedó confirmada”, señaló Mark Feierstein,
que fungió como el principal asesor de seguridad nacional del presidente Barack
Obama para asuntos de América Latina. “Es difícil imaginar que Trump pudiera decir
algo más perjudicial”.
Trump escogió el peor momento
para hacer una declaración de ese tipo, al emitirla días antes de la gira que
el vicepresidente Mike Pence hará por cuatro naciones de América Latina con el
fin de mostrar que Washington y sus socios regionales pueden trabajar en
conjunto para promover la democracia en el hemisferio.
Esta semana en Perú, los
cancilleres de 12 naciones del continente americano condenaron la destrucción
de la democracia en Venezuela y rehusaron reconocer la nueva Asamblea
Constituyente oficialista creada por Maduro para modificar la carta magna, que
muchos ven como una maniobra burda para afianzarse en el poder.
Estados Unidos no participó
en la reunión, en una muestra de cortesía a países que históricamente
desconfían de las políticas prepotentes de Washington. Las sospechas y el
resentimiento persisten en muchos rincones de la región debido a añejas
invasiones estadounidenses en diversas partes de América Latina para derrocar a
gobernantes izquierdistas o cobrar deudas no reembolsadas.
Sin embargo, a instancias del
gobierno de Trump, varios gobernantes latinoamericanos habían superado en fecha
reciente su renuencia a intervenir en los asuntos políticos internos de un país
vecino tras hacerse de la vista gorda durante años de los acontecimientos en
Venezuela.
Por primera vez, diversos
líderes latinoamericanos han comenzado a utilizar la palabra dictadura para
describir al gobierno de Venezuela y han retirado a sus embajadores en Caracas
en señal de protesta. Incluso Perú expulsó el viernes al embajador venezolano,
y la semana pasada el bloque comercial sudamericano Mercosur suspendió a
Venezuela por infringir las normas del grupo con relación a la democracia.
E incluso más sorprendente,
ningún país latinoamericano _salvo los aliados ideológicos cercanos como Cuba y
Bolivia_ censuró la decisión de Trump de imponer sanciones a más de 30
funcionarios venezolanos, entre ellos Maduro, a pesar de las críticas
anteriores en la región contra medidas unilaterales similares.
Ni siquiera el disgusto que
Trump causó con su decisión de dar marcha atrás en parte a la política de
apertura de Obama hacia Cuba _un restablecimiento de relaciones aplaudido en
todo el espectro político de la región_, ni su persistente discurso de
construir un muro en la frontera con México para impedir que los migrantes
crucen hacia Estados Unidos impidieron que diversos gobiernos presentaran un
frente unido contra Maduro.
Sin embargo, la veloz
reacción a las declaraciones “militaristas” de Trump muestra que la región no
está dispuesta a apoyar una intervención de efectivos estadounidenses.
Las naciones del Mercosur,
que incluye a Brasil y Argentina, afirmaron el sábado en una declaración que
“el repudio a la violencia y a cualquier opción que implique el uso de la
fuerza es insoslayable y constituye la base fundamental de la convivencia
democrática, tanto en el plano interno como en las relaciones internacionales”.
El compromiso de Estados
Unidos con otros países de la región no ha sido constante y Washington podría
haber sacado más provecho del deterioro de la situación en Venezuela que
cualquier influencia diplomática concertada. El secretario norteamericano de
Estado, Rex Tillerson, no asistió en junio a una reunión crucial de la
Organización de los Estados Americanos, lo que impidió a algunos países
caribeños que dependen de los envíos petroleros de Venezuela obtener la
protección política que buscaban para retirar su apoyo a Maduro.
Por recomendación de Pence y
el senador republicano Marco Rubio, Trump al parecer adoptó un interés personal
en Venezuela e incluso recibió en la Casa Blanca a Lilian Tintori, esposa de
Leopoldo López, un destacado líder opositor encarcelado.
Ese acto había alentado a los
oponentes de Maduro, que llevan cuatro meses de intensas protestas para exigir
la renuncia del mandatario.
Las acciones de la oposición
podrían ser socavadas si Maduro amplía su represión contra la disidencia al
argumentar, como ha hecho antes, que las tácticas de los sectores
antigubernamentales son un preludio a un golpe de Estado con apoyo de Estados
Unidos. Sólo que esta vez Maduro puede señalar como evidencia las palabras de
Trump.
Pence llega el domingo a
Colombia en la primera escala de su gira por América Latina, y estaba previsto
que el tema de Venezuela tuviera preponderancia en su agenda. Sin embargo,
ahora podría verse obligado a emprender un control de daños, dijo Christopher
Sabatini, director ejecutivo de Global Americans, un sitio web enfocado en las
políticas de Estados Unidos en la región.
“Él está por escuchar
andanadas de quejas y comentarios”, declaró Sabatini. “Las ansias de Trump y de
algunas personas que lo rodean de decir cosas sin tener ninguna idea del
contexto son realmente dañinas no solo para la política de Estados Unidos sino también
para la estabilidad regional”.


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