Escrito por
La Redacción.
agosto 06, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
Los miembros
de la Asamblea Nacional Constituyente
de Venezuela ,
con Delcy Rodríguez en el centro.
|
El aumento de la
migración y el descontrol del narcotráfico, dos de los temas que preocupan a
las principales potencias de la región latinoamericana.
CARACAS.- La crisis de Venezuela es ya
la gran prioridad en todas las cancillerías latinoamericanas. Este continente,
acostumbrado a dictaduras crueles en el siglo XX, había visto cómo el siglo XXI
arrancaba con procesos de cambio profundo que se resolvían casi siempre de
forma democrática.
El caos que vive el país petrolero supone un enorme
riesgo de desestabilización, no solo por el éxodo migratorio, que crece
imparable, sino también por el problema del narcotráfico: en los últimos años,
Venezuela se ha convertido en trampolín de la salida de la droga sudamericana.
Referente para muchos grupos de la izquierda
latinoamericana, es la primera gran crisis a la que se enfrenta el nuevo
equilibrio de poderes surgido de los últimos cambios electorales, que han
sacado del poder a importantes aliados del chavismo en Argentina y Brasil y han
aislado al régimen de Caracas, que sigue teniendo en Cuba su principal bastión.
Las principales potencias de la región están
intercambiando información constantemente ante la posibilidad de que la
situación se descontrole por completo. Uno de los aspectos que más preocupa es
el migratorio. La crisis humanitaria se ha vuelto insostenible en Venezuela. La
falta de alimentos y medicinas complica el día a día en un país donde la
inflación alcanza niveles astronómicos. El éxodo es imparable. En el caso de
Colombia, el 2016 más de 370.000 venezolanos ingresaron en el país, un 15% más
que el año anterior, aunque es difícil calibrar con exactitud cuántos deciden
quedarse y en qué situación lo consiguen, llegado el caso. Las peticiones de
asilo también se han disparado, según ACNUR. Estados Unidos es el que más ha
recibido (18.300), seguido de Brasil (12.960), Perú (4.453), España (4.300) y
México (1.044).
La instalación de la Asamblea Nacional Constituyente este viernes despojó de poderes al anterior
Parlamento, de mayoría opositora, electo en 2015. Los críticos con el chavismo
han asegurado que no reconocerán la nueva institución. Preguntado por si en su
país consideraba que existía una dictadura, un ciudadano respondía a un
reportero británico hace unos días de forma muy ilustrativa: “Los dictadores
gobiernan, yo no estoy seguro de que aquí haya gobierno”. Esta
nueva institución ha encontrado el rechazo generalizado en la comunidad
internacional, pero el Gobierno de Maduro no parece dispuesto a dar marcha
atrás. “Es un caos y
una anarquía permanente”, lamenta Joaquín Villalobos, quien pone el foco en uno
de los temas que más preocupan a algunos gobiernos latinoamericanos, caso de
México: el narcotráfico. “En medio del caos, la potencia que adquieren las
plataformas criminales es increíble”, opina el exguerrillero salvadoreño, hoy
consultor para la resolución de conflictos. Venezuela comenzó a convertirse en
una salida de la droga de Colombia a principios de este siglo y se consolidó
como tal hace una década, con el establecimiento del Ejército de Liberación
Nacional (ELN) y paramilitares del Bloque Norte a ambos lados de la frontera
con la connivencia las autoridades venezolanas, muchas de ellas, como el vicepresidente,
Tareck el Aissami, sancionadas por vínculos narcotráfico por Estados Unidos.
El descontrol se ha agudizado. Los cultivos de cocaína
en Colombia han alcanzado el pasado año máximos históricos: 188.000 hectáreas
sembradas, un 18% más que el año anterior. Cada vez más droga cruza hacia
Venezuela sin problema. “No hay ninguna coordinación entre los militares
venezolanos y los colombianos, hay una desconfianza absoluta, es como si uno
hablase en chino y el otro le respondiese en quechua”, ilustra Ariel Ávila.
Buena parte de la mercancía se dirige hacia Europa, pero, según el analista
colombiano y experto en seguridad, cada vez más, en torno a un 35% o un 40%, va
a Centroamérica, para terminar en Estados Unidos. Esto inquieta sobremanera a
la Administración mexicana, quien teme que su vecino del norte le apriete, aún
más, para tratar de poner freno al tráfico de droga por la frontera, apuntan
analistas y fuentes diplomáticas. El gran temor es que el descontrol termine
por echar abajo el pacto tácito por el cual Cuba, a finales de los años
ochenta, frenó la posibilidad de que la isla se convirtiese en un corredor de
la droga para los carteles colombianos y mexicanos.
La sombra de Cuba es omnipresente en Venezuela. La
isla se convirtió en el agente decisivo tras la llegada al poder de Hugo
Chávez. Caracas ha sido el sostén económico del castrismo, que a cambio le ha
facilitado miles de asesores políticos, administrativos y militares. La caída
del régimen de Maduro supondría un varapalo para la isla, que aún hoy recibe
alrededor de 50.000 barriles diarios de petróleo. Nadie logra, no obstante,
escrutar con exactitud los movimientos del castrismo en Venezuela. “La
tecnología de la represión es claramente de Cuba, que puede trasladar al
chavismo el background de cómo vivir con el aislamiento internacional, tratando
de debilitar a la oposición, con la idea de que en unos meses la situación
cambiará”, asegura el historiador cubano Rafael Rojas, quien también advierte
un relanzamiento de la alianza de la isla con Venezuela desde finales del año
pasado. Una posición que coincide con un impasse en las reformas de la isla
tras la visita de Barack Obama y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
“Se nota un cambio de lenguaje, ahora la idea es que buscan derrocar a Maduro y
después a Cuba. Si antes había zanahoria para Cuba y palo para Venezuela, ahora
es garrote para ambos”, añade Rojas.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se
reunió con Raúl Castro recientemente para abordar la crisis de Venezuela. Poco
más se supo. Pero Santos fue el primer presidente que anunció que no
reconocería los resultados del referéndum constituyente. El tiempo corre en
contra de la población. “Ya ni siquiera estamos pensando en lo que pueda pasar
en el futuro. Lo que está pasando ya es gravísimo. Se habla de riesgo de guerra
civil más adelante, pero el número de muertos ya es enorme. Cada uno lo cuenta
a su manera, pero ya nadie niega que la crisis es grave, ahora estamos buscando
un consenso para actuar”, señala en la Casa Rosada una persona cercana a
Mauricio Macri, el presidente argentino. Este Gobierno, como la mayoría de los
latinoamericanos, ha optado por el choque directo con Maduro en tanto la
estrategia de que se resuelva internamente no prospera. La posición del
Vaticano, que rechaza la Constituyente y pide al Gobierno de Maduro que respete
los derechos humanos, alienta a este grupo de países que quiere ir más lejos.
La crisis está mostrando con claridad el nuevo reparto
de poder y los nuevos liderazgos que han surgido en los últimos años,
especialmente en Sudamérica. La salida del poder de Cristina Fernández de
Kirchner en Argentina y de Dilma Rousseff en Brasil ha privado a Nicolás Maduro
de dos importantes apoyos diplomáticos. Ecuador, ya sin Rafael Correa, ha
tomado cierta distancia. Macri ha endurecido su discurso contra Maduro y ha
promovido con Brasil que Venezuela sea suspendida de Mercosur por la vía
política, mucho más grave. La deriva de los últimos días ha debilitado la
resistencia de Uruguay, gobernado por la coalición de izquierda Frente Amplio.
El argentino, en plena campaña para elecciones intermedias y con Cristina
Fernández de Kirchner por delante en las encuestas, está utilizando la crisis
contra su rival. Lo mismo ocurre con México, donde el gobierno de Enrique Peña
Nieto, del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), hace lo mismo
con el principal candidato a día de hoy, el izquierdista Andrés Manuel López
Obrador. La actual Administración mexicana ha dejado de lado
su tradicional prudencia diplomática para alinearse sin ambages contra la
deriva del Gobierno de Nicolás Maduro.
Pero al margen de la campaña, hay preocupación real
por las consecuencias de la inestabilidad regional. Los estrategas que están
tratando de armar un acuerdo regional para acorralar a Maduro creen que, pese a
la oposición de algunos países como Bolivia, que mantienen su apoyo, se está
instalando un gran consenso en que la crisis es profunda, con enorme riesgo
para todos los países, y la región no puede quedarse parada. Casi nadie se
atreve a decir ya que no pasa nada. Incluso organizaciones de derechos humanos
cercanas a la izquierda como la argentina CELS condenan abiertamente los
ataques de la policía de Maduro contra la población.
El régimen se va quedando cada vez más solo. Cada día
más países apuestan por las medidas de sanción y confían en que la presión haga
que Maduro tenga que buscar una salida. Algunos, como Perú, se plantean romper
relaciones diplomáticas. El presidente de este país, Pedro Pablo Kuczynski, se
ha convertido en un referente regional y lidera hace meses la oposición a
Maduro, y se ha enfrentado abiertamente al Gobierno venezolano incluso en
cumbres como la Iberoamericana de Cartagena de Indias el año pasado. Ahora ha
decidido convocar una reunión de cancilleres en Lima el martes, a la que ya han
confirmado su asistencia 14 países, para buscar respuestas conjuntas. La cita
en sí es una muestra de que algunos países, ante la incapacidad de la
Organización de Estados Americanos de encontrar un consenso para aprobar
sanciones -bloqueada por los aliados que aún le quedan a Venezuela, como Cuba,
Bolivia, Nicaragua o varios pequeños países caribeños que dependen de su
petróleo- han decidido formar un grupo de presión aparte. La inquietud regional
por las consecuencias de la caída de un gigante clave como Venezuela fuerza a
todos a moverse. Esta vez parece que va en serio.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario