Escrito por
La Redacción.
julio 21, 2017
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Una mujer
pasa junto a un comercio cerrado
por la
huelga, este viernes en Caracas.
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Tres muertos, 367 detenidos, calles
desiertas y barricadas en el paro organizado por la oposición a una semana para
la Asamblea Nacional Constituyente
Caracas y
otras ciudades de Venezuela, como Maracaibo, Barquisimeto, Valencia, San
Cristóbal y Maracay, amanecieron este jueves con aires de Día de Año Nuevo.
El
llamamiento de la oposición a un paro nacional “cívico y activo” de 24 horas,
que según los convocantes ha tenido un seguimiento del 85%, se empezaba a
cumplir con éxito. Calles desiertas y barricadas daban fe de ello, cuando falta
poco más de una semana para la fecha de las
elecciones de diputados a la Asamblea Nacional Constituyente a las que el Gobierno no está dispuesto
a renunciar. Las fuerzas opositoras, que rechazan esa convocatoria, dieron
inicio al pulso crucial con el régimen.
Los
enfrentamientos con las fuerzas de seguridad dejaron dos muertos en Los Teques,
al suroeste de Caracas, y otro en Valencia, en el Estado de Carabobo, en dos
incidentes confirmados por la Fiscalía. Varias fuentes han informado de
otro fallecimiento, aunque no ha sido confirmado por el Ministerio Público.
Además, al menos 367 personas han
sido detenidas, la jornada con más arrestos desde el pasado 19 de abril. La
cifra la ha detallado en Twitter el director
ejecutivo de la organización proderechos humanos Foro Penal, Alfredo Romero. Han fallecido 100 personas desde el inicio de las protestas de la
oposición en abril, informa la Fiscalía.
Desde las
seis de la mañana, la paralización de actividades fue absoluta en el este de
Caracas, tradicional bastión antichavista. En el centro y oeste de la ciudad,
la afluencia de vehículos y transeúntes era notablemente menor que la de días
regulares. Resultaba imposible precisar cuánto del seguimiento de la huelga
tenía que ver con una voluntad genuina de protestar contra el Gobierno, o con
el temor a eventuales incidentes callejeros, como los que se produjeron en Los
Teques, un suburbio de Caracas, y que costaron la vida a un joven de 24 años e
hirieron a tres personas. También se registró otra muerte por disparo en la
ciudad de Valencia.
El paro de transportistas acordado por
los gremios que los representan para forzar a las autoridades a un aumento en
las tarifas ayudaba, además, a disuadir a cualquiera de salir a la calle. “Las
calles desoladas también son protesta que se siente muy cerca del dictador”.
Este fue el comentario que al final de la mañana colgó en su cuenta de Twitter
Freddy Guevara, dirigente del partido Voluntad Popular y uno de los portavoces
de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), junto a una fotografía de El Silencio
de Caracas, por lo general atestado de gente, pero que este jueves aparecía
solitario. Se trata de un barrio comercial y de oficinas de la burocracia
estatal situado a unas cuatro manzanas del palacio presidencial de Miraflores,
en pleno centro de la capital venezolana.
La víspera, el nuevo
presidente de la patronal Fedecámaras, Carlos Larrazábal, había conminado a sus
afiliados a permitir que los trabajadores que así lo decidieran se ausentaran.
“Este no es para nada un paro patronal”, aclaró en un programa de radio. Dijo
que si la mayoría de las empresas privadas ya están paradas o trabajan a una
fracción de su capacidad, no se debe a la convocatoria “sino a que el Gobierno
no asigna ni las divisas ni las materias primas”.
El Gobierno, sin embargo, parecía decidido a desatender las evidencias del éxito opositor. En sus medios electrónicos se empeñaba
en mostrar imágenes de gente en actividad y haciendo filas para comprar
alimentos o medicinas. Para contrarrestar el llamamiento a la huelga, puso en
servicio el Metro de Caracas, que normalmente cierra cuando hay manifestaciones.
Dispuso también para este jueves el pago en agencias bancarias de las pensiones
para los trabajadores jubilados, y hasta se especuló con que, para obligar a
los ciudadanos a salir a canjearlos, decretaría la puesta en circulación de los
billetes de 100 bolívares, medida ya adoptada en diciembre pasado pero cuya
entrada en vigor se viene posponiendo desde entonces.
Orden de detención.- Hasta el mediodía se reportaron choques aislados en
Caracas y otras ciudades, causados por piquetes de agentes de la Policía
Bolivariana y de la Guardia Nacional al despejar los bloqueos en las calles.
Manifestantes en Los Ruices, en el noreste de Caracas, quemaron un módulo del
servicio de correos. Maduro denunció que en realidad los “terroristas”
pretendían incendiar la aledaña sede de Venezolana de Televisión, la principal
cadena del Estado. El mandatario ordenó detener no solo a los presuntos
atacantes sino también al alcalde opositor de la zona, Carlos Ocariz, a quien
responsabilizó del hecho.
El paro es el primer evento
masivo contemplado en el calendario de lo que la MUD denominó Hora Cero, la
ofensiva final para impedir la instalación de la Asamblea Constituyente que el
oficialismo busca realizar para combatir a los poderes que le son adversos,
como la Asamblea Nacional y la Fiscalía, y confeccionar una nueva normativa a
su medida. El 30 de julio se deben celebrar los comicios para elegir a más de
500 diputados entre 6.000 candidatos uniformemente prochavistas.
“No es momento de paro, no es
momento de saboteo, sino para el trabajo”, fustigó Maduro a los opositores en
un discurso durante un acto de apoyo a los candidatos jóvenes a la
Constituyente celebrado en el Círculo Militar de Caracas, un club para los
oficiales de las Fuerzas Armadas. “El 30 de julio vamos a cobrar todas las
cuentas”. Casi al mismo tiempo su esposa, Cilia Flores, explicó en un mitin qué
se juega el régimen en los días venideros: “A la anarquía le quedan diez días.
La Constituyente va a poner orden y el presidente Maduro podrá seguir
gobernando en paz”.
EL
COMIENZO DE LA HORA CERO.- El paro nacional convocado
este jueves por la oposición venezolana supone el comienzo de la llamada Hora
Cero, una nueva fase de protestas frente al régimen de Nicolás Maduro.
Nueve días
quedan para la celebración, el 30 de julio, de las elecciones de una Asamblea
Nacional Constituyente. Esos comicios, criticados también por parte del
chavismo, están diseñados para favorecer al oficialismo.


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