Escrito por
La Redacción.
julio 30, 2017
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Estados Unidos sobrevuela la península coreana con bombarderos
estratégicos B-1B en respuesta al misil lanzado por el régimen de Kim Jong-un
el viernes.
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Un avión de
Estados Unidos (arriba) y uno
surcoreano
sobrevuelan Pyeongtaek.
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El aviso llegó horas antes de que
Estados Unidos sobrevolase con bombarderos estratégicos B-1B la península
coreana y al día siguiente de que el régimen de Kim Jong-un lanzara por segunda vez con éxito un misil
intercontinental, que cayó en el mar de Japón.
No es la primera vez que el Pentágono decide
desplegar estos aviones, estacionados en su base aérea de Andersen en la isla
de Guam, para exhibir músculo militar. Así lo hizo a finales de mayo y el
pasado 4 de julio después de que Pyongyang lanzase un misil intercontinental.
La advertencia a China la realizó Trump a través de
Twitter, que en los últimos días se ha consolidado como la plataforma para las
comunicaciones importantes del presidente, desde la prohibición a los
transgéneros en el Ejército hasta el despido de su jefe de Gabinete.
“Estoy muy decepcionado con China. Nuestros estúpidos
líderes pasados les han permitido hacer cientos de miles de millones de dólares
al año en comercio, pero no hacen NADA para nosotros con Corea del Norte, solo
hablar”, escribió el republicano en Twitter. "Ya no permitiremos que esto
continúe. China podría fácilmente resolver este problema”, agregó.
Los ataques a Pekín fueron una constante de la campaña
electoral de Trump. Una vez asumió la presidencia a finales de enero, el
republicano arremetió contra el Gobierno de Xi Jinping por no presionar más a
Pyongyang, que tiene en Pekín a su mayor aliado, para que aparque sus
provocaciones nucleares.
Pero las quejas de Trump se suavizaron en abril
después de reunirse en Florida con Xi, en la que fue su primera cita bilateral.
El republicano aparcó las críticas, incluso cuando volvió a ver al presidente
chino en la cumbre del G 20 en Hamburgo. Y destacó los pequeños acuerdos en
asuntos comerciales que han alcanzado ambos países en los últimos meses.
Tras el lanzamiento del primer misil norcoreano, Trump
amenazó con adoptar represalias militares contra Pyongyang. Pero, por ahora, la
estrategia de su Gobierno sigue centrándose en la
búsqueda de una solución diplomática al contencioso. EE UU cree que China debe
presionar mucho más a Corea del Norte para que desmantele su programa atómico.
Washington ha restringido los viajes de estadounidenses a Corea del Norte y
busca el consenso necesario en la ONU para imponerle nuevas sanciones.
El Pentágono impone la cautela, consciente de las
consecuencias imprevisibles que desataría una respuesta militar. Sobre todo
para Corea del Sur y Japón, los dos aliados estadounidenses en mayor peligro en
la región y que podrían ser atacados rápidamente por su vecino del norte.


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