Escrito por
La Redacción.
julio 23, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
Detención de ocho integrantes del Clan de
Golfo en el departamento de Antioquia.
|
Del Clan del Golfo a Los Pelusos, el nuevo crimen organizado
trata de ocupar el espacio de la guerrilla.
COLOMBIA.- La firma del acuerdo de paz ente el
Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, que están a punto de convertirse en
partido político, ha abierto una nueva etapa de convivencia en Colombia.
La guerra que azotó el
país durante más de cincuenta años ha terminado y ha disminuido la violencia,
pero en el país siguen operando grupos armados que amenazan la seguridad, sobre
todo de los entornos rurales, y avanzan en los territorios abandonados por la
guerrilla.
Mientras el Estado
negocia un alto el fuego con el Ejército de Liberación Nacional, la segunda
organización insurgente colombiana, las autoridades centran sus esfuerzos en la
contención de las bandas criminales que viven principalmente del narcotráfico y
de la minería ilegal.
La Fundación Ideas
para la Paz (FIP) ha publicado esta semana una radiografía de estos
“saboteadores armados en tiempos de transición”. El organismo concluye que “es
muy difícil saber con exactitud de qué tamaño es el crimen organizado”, también
por la “falta de claridad” en las clasificaciones oficiales. No obstante, el
estudio, en palabras de su directora, María Victoria Llorente, “permite
entender que el fenómeno del crimen organizado se concentra cada vez más en lo
local y esto es esencial para poder diseñar políticas públicas acertadas”. En
Colombia existen al menos tres grandes grupos de estas características: el Clan
del Golfo, Los Puntilleros y Los Pelusos y, según las fuerzas de seguridad,
tienen presencia en 13 de los 32 departamentos del país y en 132 municipios.
El Clan del Golfo. También
denominada Autodefensas Gaitanistas de Colombia, esta banda cuenta, según
recoge el informe de la FIP, con 1.900 integrantes repartidos principalmente en
la región de Urabá, en el sur de Córdoba y en zonas urbanas o semiurbanas del
Bajo Cauca. Este grupo se apoya también en miembros subcontratados a cambio de
un sueldo, lo que complica el cálculo de su magnitud, que podría superar las
3.000 personas. Su origen se debe a la disgregación de otras organizaciones
criminales, desde paramilitares de extrema derecha a guerrilleros marxistas. Su
cabecilla se llama Dairo Antonio Úsuga, Otoniel. Primero se
unió a la insurgencia maoísta y de allí pasó a las ultraderechistas
Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Ahora es uno los delincuentes más
buscados del país. El Clan del Golfo se dedica al narcotráfico, a la minería, a
la extorsión y a la tala ilegal.
Los Puntilleros. Esta banda, que
consta del Bloque Meta y del Bloque Libertadores del Vichada, solo integra a 70
hombres en zonas concretas de 15 municipios de los Llanos Orientales, pero su
papel es importante dentro de los engranajes de los mercados ilegales. “Este
grupo opera más que todo como un puente y un facilitador para dinamizar las
economías criminales del narcotráfico con segmentos de carácter transnacional”,
señala el estudio. El Bloque Meta y el Bloque Libertadores del Vichada son un
“producto de la desmovilización parcial de las AUC en 2006”. Las dos ramas
“centran su financiación en el narcotráfico, donde su principal función es la
transformación, comercialización interna y el control de un segmento de la ruta
de salida” de distintos corredores.
Los Pelusos. Este grupo se
sigue autodenominando Ejército Popular de Liberación (EPL), intentando incidir
en su naturaleza insurgente, pero se trata una banda nacida de la disidencia de
esa guerrilla, ya desmovilizada. Opera principalmente en la región del
Catatumbo, en la frontera con Venezuela, y cuenta con 132 miembros, según datos
oficiales. “Está tomando ventaja”, explica la FIP, “de la desactivación de
las FARCs y estaría actuando en conjunto con el ELN, grupo que al mismo
tiempo busca posicionarse militar, política y socialmente con miras a un
proceso de negociación”. “El EPL”, prosigue el estudio, “conserva tácticas de
guerra de guerrillas, tiene capacidad de afectar a integrantes de la fuerza
pública”.
La Fundación Ideas
para la Paz explica que a estas organizaciones se añaden en el territorio
“grupos delincuenciales organizados o GDO y saboteadores armados”. “Son grupos
de menor envergadura, con alcance territorial limitado, pero con capacidad para
enfrentar o resistir la acción del Estado y, sobre todo, de afectar la
seguridad de las personas”, alerta el organismo. Los integran paramilitares
desmovilizados, desertores de las guerrillas, sicarios, pandilleros y
delincuentes comunes. Se trata de Los Rastrojos, La Cordillera, Los
Buitragueños, Los Botalones, Los Caqueteños, Los Costeños, Los Pachenca y el
Clan Isaza.
Los Rastrojos. Esta banda la
creó Wilber Varela, Jabón, en 2002, quien nombró a Diego Pérez
Henao, Diego Rastrojo, como número dos. Son un reducto de aproximadamente 80
integrantes que opera en la frontera con Venezuela. “Allí habrían quedado
replegados en 2013” tras enfrentarse al Clan del Golfo. “A pesar de esto, se
han venido fortaleciendo con integrantes venezolanos y en territorio venezolano
en la zona de El Guayabo, La Fría, La Grita y Vigilancia”, apunta la FIP.
La Cordillera. El grupo nació
en los noventa para controlar el narcotráfico en la ciudad de Pereira:“La
violencia que ejerce, también genera impacto humanitario. Sobresale el
desplazamiento intraurbano, la imposición de normas de conducta y el
reclutamiento de menores para realizar actividades ilícitas”.
Los Buitragueños. La familia Buitrago
creó las Autodefensas Campesinas de Casanare (ACC) en el municipio de Monterrey
(departamento de Casanare) en los setenta. “La principal actividad de esta
organización es el narcotráfico, a partir de la cual lograron convertirse en
nodo de una red de tráfico de cocaína que parte de Bolivia, pasa por Brasil y
África y llega, finalmente, a mercados europeos”.
Los Botalones. Las principales
actividades de esta banda son “el narcotráfico, el robo de hidrocarburos en el
Magdalena Medio [a su paso por el departamento de Santander], la extorsión, el
contrabando, el tráfico de armas y el sicariato”.
Los Caqueteños. Creados por el
exmilitar Alonso Mavesoy Lozada, Alonso, “la principal actividad de esta
estructura es el narcotráfico trasnacional hacia Brasil y Perú, donde
se encargan de pasar la droga a traficantes de estos países quienes la
comercializan en Estados Unidos y Europa”.
Los Costeños. Nacidos a partir
de 2013 por el debilitamiento de Los Rastrojos en la Costa Caribe. “Esta
organización se dedica, principalmente, al tráfico de drogas y armas de fuego
en la zona costera que une a Cartagena y Barranquilla”.
Los Pachenca. Este grupo,
destaca la FIP, “tiene actividades en ámbitos locales, como las extorsiones y
el sicariato, al igual que otras con alcance transnacional, como el
narcotráfico”. Operan principalmente en el Magdalena y en parte de La Guajira.
El Clan Isaza. De ejército
privado se convirtieron en un grupo que presta “servicios de seguridad a
narcotraficantes, por medio de un sistema de arriendo y
custodia de fincas, en las que se montan laboratorios de procesamiento de
droga”.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario