Escrito por
La Redacción.
junio 15, 2017
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Nicolás Maduro,
Presidente de Venezuela.
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Buenos Aires.- El periódico argentino La Nación
publicó este jueves un amplio editorial, en el que advierte sobre un posible
estallido social en Venezuela, a propósito de la situación política que vice
esa nación sudamericana.
“Venezuela, al límite del estallido” es el título del citado editorial,
el cual transcribimos a continuación:
Tras la sorpresiva convocatoria de Nicolás Maduro a
una "constituyente comunista" que borre todo vestigio de democracia
de las normas públicas de Venezuela, la oposición, a través de la Mesa de la
Unidad Democrática, ha calificado como una "rebeldía democrática"
este nuevo y autoritario intento de transformar el país en otra Cuba.
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En Venezuela se producen casi a
diario
movilizaciones y
enfrentamientos.
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La tan repentina y como grave iniciativa del
oficialismo se pone en marcha cuando las encuestas señalan que el 85 por ciento
de los venezolanos rechaza explícitamente ese proyecto, al cabo de 74 días de
ininterrumpidas y sangrientas protestas callejeras en todo el territorio,
convencido de que no resulta necesario abandonar la Constitución vigente.
En el marco de esas protestas, 221 agresiones a
periodistas de todas partes del mundo que cubren la delicada situación
confirman que en Venezuela no se respeta la libertad de opinión.
Maduro advierte que su futuro inmediato está ya
seriamente comprometido. Por eso, propone una reforma constitucional radical
que transforme a Venezuela en un país no democrático y manifiesta que "el
proceso constituyente es irreversible" y que es "el único camino que
tenemos". "Constituyente o muerte", arenga.
Mientras tanto, la fiscal general de la república,
Luisa Ortega, impugnó por nula la convocatoria a una Constituyente. Como era de
esperar, el Tribunal Supremo de Justicia, que es adicto a Maduro y está muy
lejos de ser independiente, decidió no hacer lugar a la acción referida,
mientras el vicepresidente de Venezuela, Tareck El Aissami, trató de
"indigna" a la referida funcionaria. Por su parte, Ortega expresó su
denodado temor a represalias contra ella y su familia.
Es evidente que todas las maniobras de forcejeo institucional
no calman ni solucionan la angustia del pueblo venezolano, víctima del
cercenamiento de sus libertades esenciales, hostigado, reprimido, sumergido en
la escasez y golpeado por una agobiante inflación que, al cierre del mes de
mayo, era ya del 127,8 por ciento.
Ante este panorama se oyen voces de preocupación. La
del presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski; la de nuestro presidente,
Mauricio Macri, y la de la propia Conferencia Episcopal venezolana, que señala
que la tirante situación sólo conduce a la violencia.
No obstante, es indudable que para que haya diálogo
debe haber buena fe en los interlocutores, claramente ausente en el cuestionado
oficialismo venezolano. La marcha de los acontecimientos en ese país acrecienta
la ansiedad interna y externa por el desarrollo futuro de los acontecimientos.



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