Escrito por
La Redacción.
junio 06, 2017
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Por Ramón
Urbáez
Santo
Domingo.- En ocasión
del Día Mundial del Medio Ambiente, la Conferencia del Episcopado Dominicano
(CED) hizo un dramático llamado a las autoridades del gobierno y a las
instituciones de la sociedad civil para que multipliquen los esfuerzos para
proteger los recursos naturales y erradicar toda situación que degrade o
destruya la dignidad del ser humano.
Los obispos denunciaron la falta de planificación
territorial, la extracción irracional de arena y agregados de los ríos, la tala
indiscriminada por la industria maderera, la quema ilegal de carbón vegetal, la
invasión de áreas protegidas, la corrupción y el desfalco al erario, como
grandes males que destruyen el ambiente y al pueblo dominicano.
“La falta de una política territorial es
principalmente la raíz del desorden ambiental que afecta no sólo los recursos
naturales de manera integral, sino también la ecología del ser humano, agravada
por la corrupción y el robo del tesoro público”, dicen los obispos en un
mensaje pastoral divulgado este lunes en ocasión del Día Mundial del Medio
Ambiente.
Dicen que están muy preocupados, al igual que grandes
segmentos del sector empresarial y social, de que en República Dominicana,
tanto el hombre como la naturaleza “estén siendo gravemente atacados y
agredidos de diversas formas y desde varios frentes”.
El documento, titulado “República Dominicana: nuestra
casa común”, fue dado a conocer en un acto celebrado en el Recinto Santo Tomas
de Aquino, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), luego
de una conferencia sobre la conservación de los recursos naturales, dictada por
el arzobispo metropolitano de Huancayo, Perú, monseñor Pedro Barreto Jimeno,
vicepresidente de la Red Eclesial Panamazónica del Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM).
“Hagamos el esfuerzo necesario para proteger nuestros
recursos naturales, de modo que podamos vivir conservando nuestra casa común
dominicana, con toda la belleza, pureza y perfección con que Dios la creó”,
exhorta la CED, tras enumerar una serie de males y acciones “que causan graves
e irreparables daños al medio ambiente y al ser humano”.
Entre estas acciones
“negativas” y “deshumanizantes”, obispos citan el descuido, la ignorancia, la
irracionalidad, la avaricia, la explotación, la agresividad, la perversidad y
la impiedad”, y sugieren que se adopten medidas concretas y que se formen entes
reguladores que eviten el desorden y el deterioro medio ambiental que afecta a
la sociedad.
Denuncian que hay mucha “confusión y caos” en la
propiedad y tenencia de la tierra, debido a inconsistencia de la ley de
Registro Inmobiliario que favorece dos sistemas paralelos en la legalidad de la
tenencia de tierra, y que en toda la geografía nacional se realizan actividades
económicas intensivas que afectan el equilibro de los ecosistemas, siendo la
“extracción descarada” de agregados de los cauces de los ríos uno de los peores
daños”.
Condenan corrupción.- Entienden los obispos que “el robo
sistemático del erario por políticos sin escrúpulos y empresarios aprovechados,
que exhiben grandes fortunas adquiridas sin sacrificio alguno y de manera
impune, es uno de los grandes atentados a la ecología humana”.
El mensaje pastoral agrega que como consecuencia de
esta práctica corrupta contra la población, “miles de familias viven sumergidas
en la más vil miseria, con una vida prácticamente inhumana, y que más del 30%
de los dominicanos se encuentran en situaciones de extrema pobreza, viviendo en
arrabales y a orillas de ríos y cañadas llenos de contaminación”.
Ecología relaciona lo humano y la naturaleza.- Con respecto a las personas, los
obispos afirman que la “ecología humana” tiene que ser lo primero, porque ésta
implica la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral
escrita en su propia naturaleza, ya que existe una “ecología del hombre” porque
“también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede
manipular a su antojo”, como afirmara el Papa Benedicto XVI.
Citaron el narcotráfico entre los frentes que atacan y
destruyen al ser humano, el cual, “es impulsado y apoyado por sectores de poder
que buscan saciar sus ansias ilimitadas de riqueza fácil, cuyas actividades
funcionan como un mecanismo de destrucción masiva que pone en riesgo no sólo la
convivencia social, sino la misma vida de los ciudadanos.


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