Escrito por
La Redacción.
junio 05, 2017
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| Leonel Fernández |
Santo Domingo.- El expresidente Leonel Fernández manifestó su confianza de que, tal como manda el Código Procesal Penal, la Justicia actúe con absoluta imparcialidad, en el caso de los involucrados con los supuestos sobornos entregados por la firma Odebrecht para lograr la construcción de obras en la República Dominicana.
En un trabajo titulado “Odebrecht y el combate contra la corrupción”, el doctor Fernández dice este lunes que el juez que tiene el caso en instrucción, doctor Francisco Ortega, es uno de los mejores garantes de que así ocurra.
Cada lunes, el doctor Leonel Fernández publica, a página completa un acostumbrado trabajo bajo el lema “Observatorio Global” y esta vez, con el subtítulo “Un mal con muchas ramificaciones”, se refiere ampliamente al “Caso Odebrecht”.
A continuación el texto completo del trabajo del doctor Leonel Fernández:
Odebrecht y el combate contra la corrupción.
EL AUTOR CONFÍA QUE SE ACTUARÁ COMO MANDA EL CÓDIGO PROCESAL PENAL, CON ABSOLUTA IMPARCIALIDAD.
Leonel
Fernández
EX
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
En estos días la sociedad dominicana ha sido conmovida
por la solicitud de la Procuraduría General de la República de imponer medidas
de coerción a varios ex-funcionarios y legisladores, tanto del partido oficial
como de la oposición, por presuntamente haber aceptado el pago de sobornos en
contraprestación para la adjudicación de obras de infraestructura.
De conformidad con el acto de solicitud de la medida
de coerción, en diciembre del 2016, la empresa multinacional constructora
Norberto Odebrecht, había suscrito un acuerdo con el Ministerio Público Federal
de Brasil, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y la Procuraduría
General de Suiza, en el que reconocía que durante los años 2001 al 2014 había
realizado pagos en distintos países, con el fin de facilitar o asegurar la
adjudicación de contratos para la construcción de obras de infraestructura.
Casi al mismo
tiempo en que las autoridades judiciales dominicanas actuaban frente al
denominado caso Odebrect, igual ocurría en Ecuador, en el que cinco
ex-funcionarios también fueron acusados por el Ministerio Público de ese país
sudamericano de haber incurrido en actividades ilícitas vinculadas a la empresa
brasileña.
Pero, con
anterioridad, ya se habían desatado, de igual manera, persecuciones en contra
de funcionarios y ex-funcionarios en Perú, Panamá, Colombia, México, Argentina
y Chile.
Era algo sin
precedentes en la historia judicial de América Latina.
Normalmente, los
casos tienen lugar dentro del ámbito territorial de un país, dentro de su
jurisdicción nacional, o a lo sumo, entre dos países.
Pero ahora, como
consecuencia de las reveladas actuaciones de Odebrecht, una empresa multinacional,
de origen brasileño, se creaba una situación novedosa que desborda las
fronteras nacionales.
Aunque hay razones
para molestarnos e indignarnos, por la todavía falta de transparencia y
debilidades en los mecanismos institucionales de rendición de cuentas, lo que
ha acontecido es algo de una gran complejidad. Es algo sin antecedentes. Es la
entrada a una nueva etapa transnacional del delito de cuello blanco, guiada por
empresas multinacionales.
Corrupción
dominicana
En la República Dominicana, como en el resto de América Latina y el Caribe, la corrupción es tan antigua como nuestra propia historia.
En la República Dominicana, como en el resto de América Latina y el Caribe, la corrupción es tan antigua como nuestra propia historia.
En una aguda
observación hecha en su libro, Crisis de la Democracia de América en la
República Dominicana, el profesor Juan Bosch escribió: ¨En los países de
América Latina, con muy pocas excepciones, gobernantes y gobernados ejercen la
corrupción en la forma más natural, y la corrupción no se limita al robo de
fondos públicos sino que alcanza a otras manifestaciones de la vida en
sociedad.¨ Luego, refiriéndose a su período de gobierno, afirmó: ¨Durante años
y años, la corrupción había sido rampante, descarada y organizada desde lo más
alto del poder público; no iba a ser fácil, pues acabar con ella.¨ Corrupción
hubo durante la dictadura de Trujillo. Es más, se afirma que durante esa época
ni siquiera existía la República Dominicana.
Lo que había era
una Compañía por Acciones, propiedad de Trujillo, que llevaba el nombre de
República Dominicana.
Durante la etapa
del presidente Joaquín Balaguer, el saqueo de fondos públicos llegó, en un
momento dado, a niveles tan alarmantes, que el propio mandatario llegó a decir,
en frase célebre, que la corrupción sólo se detenía en la puerta de su
despacho.
Yo mismo, hace más
de 20 años, cuando fui escogido, por primera vez, como candidato presidencial
del Partido de la Liberación Dominicana, llegué a consignar que el valor
monetario de la corrupción en la República Dominicana era equivalente a cerca
de 30 mil millones de pesos.
La corrupción,
pues, a lo largo del tiempo, ha sido un elemento intrínseco de la vida pública
en la República Dominicana, así como, en mayor o menor medida, en la
generalidad de los países de América Latina.
Ahora bien, dentro
de ese marco, ha sido el Partido de la Liberación Dominicana la organización
política que, desde el poder, mayores contribuciones ha realizado para crear la
estructura legal que haga efectiva la lucha contra la corrupción.
Fue en el artículo
46 de la Constitución del 2010, auspiciada por el PLD, que por vez primera se
estableció, en forma clara y precisa en un texto constitucional, la condena a
toda forma de corrupción en los órganos del Estado; la obligatoriedad de la
declaración jurada; la pena de degradación cívica a las personas condenadas por
delitos de corrupción; y la ampliación de los plazos de prescripción para su
persecución.
Fue en los
gobiernos del PLD que se aprobó la Convención de Naciones Unidas contra la
Corrupción; la Convención Interamericana contra la Corrupción; la Ley de
Función Pública; La Ley de Contraloría; la Ley de la Cámara de Cuentas; la Ley
de Presupuesto; la Ley sobre Compras y Contrataciones de Bienes, Servicios,
Obras y Concesiones; la Ley de Libre Acceso a la Información Pública; la Ley
Contra el Lavado de Activos; la que instituye el Código de Ética del Servidor
Público; la creación de Comisiones de Ética Pública; la creación del Consejo
Asesor en Materia de Lucha Anticorrupción de la Presidencia de la República; la
reforma y modernización de la justicia; y la elaboración del nuevo Código
Penal, así como del nuevo Código de Procedimiento Penal.
En fin, a pesar de
las debilidades institucionales aún existentes y de la justa indignación de
importantes sectores de nuestra sociedad con respecto al flagelo de la
corrupción, también es válido reconocer el aporte realizado por los gobiernos
del PLD a la creación del entramado legal que permita su prevención,
persecución y condena.
Corrupcion
universal Pero no es sólo en la República Dominicana o en América Latina y el
Caribe donde existe corrupción.
También hay
corrupción en Rusia, donde luego del desplome de la primera revolución
socialista del mundo, apareció una mafia rusa con ramificaciones en distintas
partes del mundo.
En China persiste
la corrupción, a pesar de que se han ejecutado personas por ese hecho y a otras
se les ha condenado a prisión de por vida. Los antiguos países de la órbita
socialista de Europa oriental se encuentran entre los más corruptos del viejo
continente, como son los casos de Bulgaria, Rumanía, Polonia, la República
Checa y Eslovaquia.
Pero algunos de
los países de Europa occidental, que tienen siglos de civilización, tampoco
escapan al contagio de la peste social de nuestros tiempos. Tal es el caso de
Italia, España y Grecia, pero también de Alemania y Francia.
En los Estados
Unidos, los principales bancos del país son sorprendidos continuamente en la
comisión de prácticas dolosas, como ha ocurrido con Wells Fargo; JP Mogarn
Chase o Citigroup.
La opinión pública
internacional quedó estupefacta cuando se enteró de que las agencias calificadoras
de riesgo otorgaban categoría Triple-A a los bonos creados con las hipotecas
subprime o de alto riesgo, que llevaron a la ruina el sistema financiero
internacional en el 2008; o cuando se destapó el escándalo Libor de
manipulación de las tasas de interés en los préstamos interbancarios.
Empresas de gran
prestigio internacional como la norteamericana Enron; la italiana Parmalat; y
la alemana Siemens, se han visto envueltas en grandes escándalos por falta de
transparencia en sus ejecutorias.
Hasta la
Federación Internacional de Futbol, la famosa FIFA, no pudo patear el balón con
transparencia y fue descubierta en una práctica continua, de años, de fraude,
sobornos y lavado de activos.
Como podrá
observarse, la corrupción está extendida por todo el planeta, y es tan vieja en
su práctica que resulta incluso anterior a la época de cuando la Iglesia vendía
el perdón de los pecados, es decir, las llamadas bulas de indulgencia, lo que
provocó a tal grado la ira de Martin Lutero que terminó dando origen a la
Reforma Protestante.
Ahora, en esta
segunda década del siglo XXI, lo que ocurre es que debido a la magnitud, el
perfil de los actores y la mayor visibilidad y frecuencia de actos de
corrupción, las sociedades se han tornado más sensibles, y exigen, con razón,
que se haga justicia.
Pero, además, se
han desatado, en el ámbito internacional, nuevas dinámicas económicas, sociales
y políticas como consecuencia de los persistentes niveles de desigualdad
social; la expansión de una clase media urbana políticamente activa; las nuevas
técnicas de comunicación y de movilización social; y el empoderamiento
ciudadano y de organizaciones de la sociedad civil fruto de la nueva
institucionalidad proclive a la transparencia.
Mientras tanto, en
lo que atañe al expediente del caso Odebrecht, del que se encuentra apoderado
un Juez de la Instrucción Especial de la Suprema Corte de Justicia, de lo que
se espera es que el órgano judicial actúe, tal como se consagra en los
Principios Fundamentales del Código Procesal Penal, con absoluta imparcialidad
e independencia; en base al principio de presunción de inocencia: y sujeto al
criterio de legalidad de las pruebas.
Y así, se hará
justicia.


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