Escrito por
La Redacción.
junio 03, 2017
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| Donald Trump |
EN LA CASA BLANCA DE TRUMP, TOMAR UNA DECISIÓN ES CON FRECUENCIA UN ESPECTÁCULO, LLENO DE DEBATES INTERNOS Y DE PRONUNCIAMIENTOS EN PÚBLICO.
Washington.- Las
decisiones de Donald Trump van siempre acompañadas de una buena cuota de drama. El presidente
estadounidense anunció que Estados Unidos se saldría del acuerdo de París sobre
cambio de clima desde los jardines de la Casa Blancas.
Fue un anuncio esperado,
que postergó hasta que volviese de su primer viaje al exterior como mandatario.
Funcionarios de la Casa Blanca aumentaron el suspenso al insinuar el día previo
que Trump se inclinaba por salirse del acuerdo, pero que todavía podía cambiar
de parecer. El propio Trump escribió un tuit ambiguo la noche previa.
La decisión llegó
después de meses de discusiones sobre el tema y al final de cuentas no hubo
sorpresas. Trump dijo lo que se esperaba que dijese.
“No puedo, en
buena conciencia, apoyar un acuerdo que castiga a Estados Unidos”, declaró en
una conferencia televisada. “Nos salimos. Vamos a empezar a negociar y a ver si
podemos conseguir algo mejor. Si podemos, me alegro mucho. Si no, no hay
problema”.
La salida del
acuerdo fue típica del estilo de Trump para tomar decisiones.
En la Casa Blanca
de Trump, tomar una decisión es con frecuencia un espectáculo, lleno de debates
internos y de pronunciamientos en público, supervisado por un ex protagonista
de un reality show que trata de causar el mayor impacto, pero proclive a los cuestionamientos
y las dudas.
Casi siempre Trump
pone en marcha un proceso de toma de decisiones largo y a la vista del público.
Le gusta consultar a otros, gente de su equipo, amigos o empresarios que
respeta, e incluso invitados a su resort de Mar-a-Lago. Es sabido que se deja
influenciar por lo que ve en televisión. Y con frecuencia se deja llevar por
cualquier opinión reciente que escuchó, algo que tienen muy presentes tanto
aliados como adversario.
Su equipo estaba
dividido en torno a la salida o no del acuerdo de París. El secretario de
estado Rex Tillerson y su hija Ivanka Trump, que tiene mucha influencia en él,
estaban entre los que aconsejaban quedarse, tal vez con alguna modificación. Su
principal estratega Steve Bannon promovía la salida como una forma de cumplir
la promesa de anteponer los intereses de Estados Unidos por sobre todas las
cosas.
El día previo al
anuncio, Trump jugueteó con los periodistas en la Casa Blanca. Cuando le
preguntaron por el acuerdo, respondió que “pronto van a ver lo que se decidió”.
Sam Nunberg, quien
colaboró en la campaña presidencial, dijo que a Trump le gusta escuchar muchas
opiniones antes de tomar una decisión, pero que el proceso es organizado.
“Es muy inclusivo.
Quiere escuchar distintos puntos de vista”, expresó Nunberg. “No es como Barack
Obama, que leería un tratado de 200 páginas. Consulta a los expertos”.
Esta no es la
primera vez que Trump apela a un complicado proceso para tomar una decisión.
Igualmente
dramático fue el anuncio de que renegociaría el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte. Durante la campaña había dicho que se saldría de él, pero a
último momento cambió de parecer y decidió renegociarlo.
Trump disfrutó
igualmente manteniendo el suspenso en torno a su selección para llenar una
vacante en la Corte Suprema, hasta que anunció en un horario central que
nominaría a Neil Gorsuch. “¿Los sorprendí?”, preguntó al hacer el anuncio.
La selección de un
compañero de fórmula fue también un proceso que se demoró semanas para mantener
el interés y el drama.
Tradicionalmente,
la selección de un vicepresidente es algo que transcurre a puertas cerradas.
Pero Trump habló de los candidatos en entrevistas y los hizo hacer
presentaciones en actos de campaña que parecían exámenes. Cuando seleccionó a
Mike Pence, lo asaltaron las dudas y habló con un colaborador sobre la
posibilidad de dar marcha atrás, pero lo convencieron de no hacerlo.
Durante el período
de transición hubo un desfile de potenciales miembros de su gabinete por la
Trump Tower de Nueva York. También los recibió en su club de golf de
Bedminster, Nueva Jersey, posando con ellos para fotos.
El visitante más
llamativo de ese fin de semana fue el ex candidato presidencial republicano
Mitt Romney, posible secretario de estado. Trump se reunió varias veces con él,
a pesar de que había hablado muy mal de Romney en el pasado. Tras una cena
juntos en Nueva York, Romney elogió el “mensaje de inclusión y la forma en que
(Trump) conecta a la gente”.
Los coqueteos con
Romney generaron un duro cuestionamiento de la antigua directora de campaña de
Trump, Kellyanne Conway, quien era parte del equipo de transición. Conway
declaró por televisión que muchos partidarios de Trump se sentían
“traicionados” por Romney y que no era una buena opción para el cargo.
Romney no fue nombrado.- La actitud de Conway, que fue cuestionada en su
momento, resultó un anticipo de lo que se vería más tarde en la Casa Blanca,
donde los asistentes del mandatario transmiten su malestar mucho más que en
gobiernos anteriores, a menudo por televisión y con la esperanza de que Trump
los vea. Es una técnica que está siendo copiada por legisladores republicanos,
que hacen apariciones por televisión apostando a que Trump los verá.


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