Escrito por
La Redacción.
junio 07, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
|
El presidente Donald
Trump, en la Casa Blanca.
|
El fiscal general ofrece su dimisión y Trump la rechaza. Los indicios de las presiones del presidente para cerrar el caso se multiplican en la víspera de la declaración del destituido director del FBI.
WASHINGTON.- La trama
rusa tiene contra las cuerdas a la Casa Blanca. El destituido director del FBI,
James Comey, se apresta a declarar este
jueves ante el Senado por las presiones de Donald Trump. El consejero y yerno
presidencial, Jared Kushner, vive en la cuerda floja. Y el fiscal general, Jeff
Sessions, vapuleado por su decisión de inhibirse del caso, ha puesto su cargo a
disposición del mandatario. Aunque la dimisión no ha sido aceptada, los
primeros signos de crisis emergen del Despacho Oval.
Trump no perdona.
Kushner le recomendó despedir a Comey y ahora el presidente cree que fue
demasiado lejos. Sessions se apartó en marzo de la investigación de la trama
rusa y el comandante en jefe considera que con este gesto perdió su terminal en
el Departamento de Justicia, el organismo que supervisa al FBI y desde el que
se podía modular la explosiva investigación que trata de determinar si el
equipo de Trump se coordinó con el Kremlin en la campaña de desprestigio que
sufrió la candidata demócrata Hillary Clinton en las elecciones.
La inhabilitación de
Sessions, un halcón que fue de los primeros en brindar su apoyo a Trump en
2015, surgió de un intento de apagar el incendio desatado al descubrirse que en
sus audiencias de confirmación para el puesto había ocultado al Senado sus dos
encuentros en campaña con el embajador ruso en Washington, Sergéi Kislyak.
La insólita
autorecusación paró el golpe, pero fue mal digerida en la Casa Blanca. Una
irritación que se acrecentó cuando el fiscal general adjunto, Rod J.
Rosenstein, encargado de todo lo relacionado con la trama rusa, dio el paso
histórico y sin consultar a su superior de nombrar un fiscal especial para el
caso.
En el
distanciamiento con Sessions también ha influido el fracaso judicial del veto
migratorio. Ni el primer texto ni el segundo han logrado superar el muro de los
tribunales. El propio presidente se ha quejado públicamente de ello y en una
serie de tuits ha enmendado la plana al Departamento de Justicia y le ha
reprochado no haber presentado una “versión más dura”.
Pero el centro de
la discordia radica en la trama rusa. El escándalo no deja de crecer y este
jueves, con la declaración del exdirector del FBI ante el Comité de
Inteligencia del Senado, vivirá un momento estelar. La comparecencia había sido
prevista a puerta cerrada, pero Comey ha pedido que sea pública. Durante tres
horas, será interrogado por los senadores. Su despido, las presiones que
recibió y los supuestos intentos presidenciales de obstruir la investigación de
la trama rusa centrarán la vista.
Pocas veces la
expectativa fue mayor en una comparecencia. Hay medios que la han calificado
como las más importante de los últimos 20 años. El propio Trump, que odia a
Comey, no ha podido eludirla y con cara amarga le ha deseado “suerte”.
Para añadir leña
al fuego, en la víspera de la declaración se han multiplicado los indicios de
que el presidente intentó por todos los medios cerrar el caso. El primero en
recibir la presión, según The Washington Post fue el propio ex director del
FBI, quien, espantado por el cariz de las peticiones, llegó a implorarle al
fiscal general que “no le dejara solo con Trump”.
Otro que recibió indicaciones
fue el poderoso responsable de la Dirección de Inteligencia Nacional, Daniel
Coats. El presidente, según The New York Times, le solicitó que interviniera
ante Comey para que este retirase el foco del destituido consejero de Seguridad
Nacional, Michael Flynn, uno de los personajes claves del caso. Coats,
considerando que se trataba una injerencia inapropiada, no intervino.


No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario