Escrito por
La Redacción.
junio 13, 2017
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El presidente Emmanuel
Macron en el Elíseo
este lunes, tras la
victoria en las legislativas.
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La probable mayoría de En Marcha! en la segunda vuelta de las legislativas dará amplios poderes al presidente Macron.
PARÍS.- Ni derecha ni izquierda. Ni políticos tradicionales ni antisistema. La caída de los viejos partidos y de los populistas en la primera vuelta de las legislativas francesas dejan manos libres al presidente Emmanuel Macron para gobernar con amplios poderes. Los socialistas están al borde de la extinción.
Los antiguos gaullistas, divididos. La ultraderecha del Frente Nacional puede quedarse sin grupo parlamentario. La izquierda alternativa de Jean-Luc Mélenchon, mejor situada, ocupará un lugar marginal. No hay oposición en Francia, y, si existe, será mínima y caótica.
Ya es un tópico
referirse a las noches electorales en las que todos se proclamaban vencedores. En
Francia, el domingo, solo había un vencedor, La República en marcha del nuevo
presidente Macron, y cuatro derrotados que han visto cómo la ola Macron barría
sus aspiraciones.
Las proyecciones
apuntan a que el movimiento de Macron sacará más de 400 diputados en la segunda
vuelta, el 18 de junio. La desmovilización—una abstención récord— perjudicó al frente
anti-Macron.
Metódicamente, con
una combinación de suerte bien aprovechada e intuición estratégica, Macron ha
procedido a la demolición del edifico de partidos de la V República.
Paradójicamente, lo ha hecho preservando, incluso reforzando, los pilares
institucionales.
Nunca desde
François Mitterrand, presidente entre 1981 y 1995, la presidencia había
irradiado el aura monárquica que le dio el fundador de la V República, el
general De Gaulle, y que Macron quiere devolverle. Pocos presidentes habían
usado con tanta habilidad la palanca de las elecciones presidenciales para
obtener una mayoría aplastante en las legislativas.
El rodillo
parlamentario dejará poco espacio al debate. Y ahogará las voces disidentes en
una marea de marchistas: diputados en gran parte novatos que deben su
puesto al presidente.
Según el semanario
Le Canard Enchainé, Macron adelantó hace unos días a sus colaboradores que su
éxito se explicaba por "el doble efecto de las presidenciales y el que se
vayan todos [dégagisme, en francés]".
Y añadió:
"Todo lo que está revestido de las siglas de los viejos partidos está
condenado". "Tendremos muchos diputados, casi demasiados",
reflexionó. "Tendremos que controlarlos de cerca para evitar el desorden”.
Los primeros
damnificados son los socialistas. Hasta ahora lideraban la mayoría en la
Asamblea Nacional con 284 diputados. No hay un único culpable.
Podrían citarse
las querellas, durante los años del presidente socialista François Hollande,
entre el ala izquierda y el ala centrista del PS. O unas primarias
desgarradoras. O la pinza involuntaria entre Macron por la derecha y Mélenchon
por la izquierda.
La derrota del
izquierdista Benoît Hamon en las presidenciales fue un aviso. Las legislativas
dejan fuera del parlamento a Hamon y al primer secretario del partido,
Jean-Christophe Cambadélis. Agravan una crisis que dañará las finanzas del
partido. Y puede abocarlo a la refundación o a la desparición.
Los Republicanos
no están, como el PS, en la UVI, pero han quedado malheridos y, como los
socialistas, sin líder. Tenían 226 diputados y el domingo pueden perder más de
cien.
Tras el fallido
quinquenio de Hollande, el regreso a los mandos de la derecha parecía un
trámite. Las tribulaciones judiciales de François Fillon, su candidato a la
presidencia, y la irresuelta fractura entre moderados y conservadores
precipitaron la crisis.
Ahora se
encuentran lejos de la mayoría, con algunas de sus figuras cooptadas por Macron
—entre ellas, el primer ministro, Édouard Philippe— y divididos entre constructivos,
dispuestos a cooperar con el presidente, y opositores, partidarios de la línea
dura.
Podría haber
ocurrido que, en una época de descontento con las élites, el vacío lo ocupasen
movimientos alternativos con líderes fuertes. Pero el recelo hacia la UE, la
mundialización, el capitalismo y al sistema en general no se traducen en un
auge de Mélenchon.
Le disputa al PS
el papel de primer partido de izquierdas, pero no será el principal grupo de
oposición. Tampoco el ambiente de repliegue identitario y rechazo a los
inmigrantes impulsa a Marine Le Pen, líder del FN.
Mélenchon sacó un
19,6% de votos en la primera vuelta de las presidenciales, hace menos de dos
meses. En las legislativas, su partido, sumado a los comunistas, se conforma
con un 13,7%. Le Pen pasó a la segunda vuelta de las presidenciales y perdió
con un 34% de votos. El domingo se quedó con un 13,2%. Quería ser la Donald
Trump europea y quizá ni tenga grupo parlamentario.


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