Escrito por
La Redacción.
junio 15, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
|
El fiscal especial
Robert Mueller.
|
Robert Mueller llama a altos cargos de inteligencia para determinar si el presidente Trump quiso impedir la investigación de la trama rusa.
![]() |
| Añadir leyenda |
Washington.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ya está en la diana.
El fiscal especial Robert Mueller le está investigando por un
posible delito de obstrucción a la justicia y ha llamado a altos cargos de
inteligencia para comprobar si trató de socavar las pesquisas de la trama rusa.
La medida, adelantada anoche por The Washington Post, implica un paso
de gigante y, en caso de que derive en una acusación, puede abrir la puerta del
impeachment.
Bajo la dirección del FBI, la investigación de la trama rusa se había limitado
a determinar si el equipo electoral de Trump se coordinó con el Kremlin en la
campaña de desprestigio lanzada contra la candidata demócrata Hillary Clinton.
Pero el presidente, tal y como reconoció el anterior director del FBI, James
Comey, no figuraba en las indagaciones.
Las tornas
cambiaron radicalmente con la destitución de Comey el pasado 9 de mayo. Aunque
en un principio, la Casa Blanca alegó que el despido fue motivado por su
errática conducta en el tortuoso asunto de los correos de Hillary Clinton, el
propio Trump reconoció en una entrevista que se debió “a esa cosa rusa”. Luego,
en un encuentro en la Casa Blanca con el ministro de Asuntos Exteriores ruso, admitió
que la salida le “había quitado mucho peso de encima”.
Todo ello ha sido
recogido ahora por el fiscal especial. Hombre de integridad probada, que
dirigió el FBI desde 2001 hasta 2013, Mueller ha puesto el foco en el
presidente a raíz de este despido. Un acto de enorme trascendencia política y
que llevó a Comey a declarar el jueves pasado en el Comité de Inteligencia del
Senado. Ante una nación conmocionada, el exdirector del FBI acusó al presidente
de “mentir y difamar”, de intentar “darle directrices” para desviar la
investigación sobre el teniente general Michael Flynn e incluso de pedirle
favores a cambio de mantenerle en el puesto. Fue una carga de profundidad bien
calculada para armar una posible acusación de obstrucción.
Pero el trabajo de
Mueller, mentor y amigo Comey, sobrepasa el juego de declaraciones y busca
corroboraciones en otros espacios. Para ello ha citado esta misma semana al
director de Inteligencia Nacional, Daniel Coats, y al responsable de la Agencia
Nacional de Seguridad, el almirante Mike Rogers. Ambos supuestamente recibieron
llamadas de Trump para presionar a Comey. Ninguno lo ha reconocido
públicamente, pero se han mostrado dispuestos a declarar.
Toda la
investigación se está llevando en secreto y sin dejar de lado la trama rusa. El
objetivo de Mueller, que tiene poder para formular cargos, es delimitar si en
el comportamiento del presidente hubo ánimo real de impedir las pesquisas. Este
factor es fundamental en tanto que en el delito de obstrucción se tiene que
demostrar la intencionalidad.
Los críticos
señalan que hasta ahora no hay caso, ya que el despido cae dentro de las
atribuciones presidenciales y las declaraciones de Comey, por sí mismas,
carecen de peso en tanto que es su palabra contra la de Trump. Un empate
técnico que sólo se resolvería con pruebas externas. Justo las que ahora
persigue Mueller.
La Casa Blanca no
hizo declaraciones ante las revelaciones de The Washington Post. Todo
el asunto ha quedado en manos de Mark Kasovitz, abogado privado de Trump. Su
línea de defensa se basa en restarle credibilidad a Comey y sostener que su
versión carece de fundamento factual. “No hubo colusión, no hubo obstrucción.
Estoy dispuesto al 100% a declarar”, ha dicho públicamente el presidente, quien
se considera víctima de la "mayor caza de brujas en la historia de América".
El fiscal especial tendrá que aclararlo.



No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario