Escrito por
La Redacción.
junio 22, 2017
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Emmanuel Macron, en el Palacio Elíseo, durante la entrevista.
En la primera entrevista desde que es presidente, Emmanuel Macron aboga por un presupuesto común de la zona euro, llama a defender los derechos de los refugiados y a construir una "Europa que protege".
PARÍS.- En
tiempos de euroescepticismo y repliegue nacional, la estampa era insólita: en
los mítines electorales de Emmanuel Macron (Amiens, 1977) ondeaban banderas
europeas. Lo que era un símbolo frío y burocrático se convirtió para sus
seguidores en un símbolo cálido, y político.
Ahora el
europeísta Macron ya es presidente, y coloca Europa en el centro de su agenda.
Este jueves y viernes se estrenará en su primer Consejo Europeo. Antes quiso
presentar su visión de Europa y del lugar de Francia en el tablero
internacional en una entrevista —la primera desde que es presidente— a ocho
diarios europeos: Le
Soir, The Guardian, Gazeta Wyborcza, Il Corriere della Sera, Le Temps,
Süddeutsche Zeitung, Le Figaro y El País.
Pregunta. Con la nueva
legitimidad que ha logrado después de las elecciones legislativas, ¿vuelve
Francia a Europa? ¿Representa una especie de nuevo liderazgo en Europa?
Respuesta. El liderazgo no se decreta: se construye convenciendo a otros países y a otros actores, y se comprueba en función de los resultados que se obtienen. Sería presuntuoso decir que, a partir de ahora, Francia ejerce un nuevo liderazgo europeo. La verdadera pregunta es la del objetivo de nuestra acción. Y el punto de inicio es la crisis que sufren las democracias occidentales, que se construyeron en el siglo XVIII sobre un equilibrio inédito entre la defensa de las libertades individuales, la democracia política y la creación de las economías de mercado. Un círculo virtuoso permitió que se reconociesen las libertades individuales, que se desarrollase el progreso social y que las clases medias tuviesen expectativas de progreso. Desde el final de la época dorada del capitalismo, se ha instalado la duda. Francia, que tenía el modelo social más elaborado, lo ha experimentado cruelmente. Cuando observamos el mundo hoy en día, ¿qué vemos? El auge de democracias no liberales y de los extremismos en Europa, el resurgimiento de regímenes autoritarios que cuestionan la vitalidad democrática, y unos EE UU que se retiran en parte del mundo. Este contexto se ve agravado por el aumento de la incertidumbre y de los disturbios. Las crisis se multiplican en Oriente Próximo y en el Golfo, y las desigualdades se agravan en todo el mundo.
P. ¿De dónde procede esta inestabilidad?

Emmanuel Macron camina hacia el Museo del Louvre el día de su elección presidencial.
R. No tiene una sola causa. Se debe en parte a las profundas desigualdades
creadas por el orden mundial y al terrorismo islamista. A estos desequilibrios se
añade el del clima. Los que piensan que la lucha contra el clima es un capricho
de burgueses bohemios se equivocan profundamente. Por tanto, la cuestión
principal no es saber si hay o no un liderazgo francés, no es saber si sacamos
más pecho que los demás. Es, en primer lugar, saber cómo defender nuestro bien
común, es decir, la libertad y la democracia, la capacidad de las personas y de
nuestras sociedades de ser autónomas, de seguir siendo libres, de garantizar la
justicia social y de proteger nuestro planeta a través del clima. Sin estos
bienes comunes, no hay un futuro deseable, ni duradero. Nuestro desafío
consiste en saber cómo vamos a ganar esta batalla, de la que Europa, estoy
convencido, tiene la responsabilidad. ¿Por qué? Porque la democracia nació en
este continente. A EE UU le gusta la libertad tanto como a nosotros, pero no
aprecia la justicia como nosotros. Europa es el único lugar del mundo en el que
las libertades individuales, el espíritu de la democracia y de la justicia
social se han unido hasta ese punto. Por tanto, la pregunta es la siguiente:
¿Logrará Europa defender sus
valores profundos, que ha difundido por el mundo durante décadas? ¿O
va a esconderse ante el auge de las democracias no liberales y de los regímenes
autoritarios?
P. ¿Qué se puede hacer concretamente para impulsar de nuevo a Europa? ¿Cuál
es su proyecto para refundar la eurozona? ¿Para
refundarla? ¿Y cómo se puede convencer a los alemanes de la
pertinencia de su proyecto?
R. Si no somos conscientes del desafío, que es nuestro desafío, podemos
seguir pasándonos noches enteras reflexionando sobre el lugar en qué estará el
próximo organismo europeo o sobre la forma de gastar este o aquel presupuesto…
Entonces nos colocaríamos fuera de la historia. Yo no he elegido eso. Angela
Merkel tampoco. La cuestión es saber cómo lograremos restablecer la dinámica,
la capacidad de convencer, porque no se trata solo de aplicar políticas a
países o a pueblos. Hay que ser capaces de convencerlos, de hacerlos soñar.
Francia no tendrá ninguna capacidad motora si no tiene un discurso claro y si
no observa el mundo con una mirada lúcida. Pero tampoco la tendrá si no
fortalece su economía y su sociedad. Por eso he pedido al Gobierno que inicie
las reformas fundamentales que son indispensables para Francia. Nuestra
credibilidad, nuestra eficacia y nuestra fuerza están en juego. Pero la fuerza
de algunos no puede alimentarse durante mucho tiempo de la debilidad de los
demás. Alemania, que se reformó hace unos 15 años, comprueba hoy día que esta
situación no es viable. Por tanto, mi deseo es que podamos construir una fuerza
común. Mi método para la pareja francoalemana es una alianza de confianza.
Deseo que volvamos al espíritu de cooperación que existía antaño entre François
Mitterrand y Helmut Kohl.
No se acude a un Consejo Europeo sin tener una posición común. Eso no quiere
decir que estemos de acuerdo en todo, sino que no queremos perder tiempo
pidiendo a los demás que sean los árbitros de nuestros desacuerdos. Si no,
Europa tartamudea, y la clave para volver a arrancar es una Europa que protege.
P. ¿Por qué?
![]() |
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Imagen de la
entrevista al presidente de Francia,
Emmanuel Macron. |
R. Porque en todas nuestras sociedades las clases medias han empezado a
dudar. Tienen la impresión de que Europa se hace sin ellas. Esta Europa se
reduce ella misma al mínimo. Hay que crear una Europa que proteja dotándonos de
una verdadera política de defensa y de seguridad común. Hay que ser más
eficaz frente a las grandes migraciones reformando profundamente el
sistema de protección de nuestras fronteras, la política migratoria y el
derecho de asilo. El sistema actual hace que algunos soporten todo el peso y no
podrá resistir las próximas oleadas migratorias. Creo en una Europa que se dota
de medios para proteger sus fronteras exteriores, para garantizar su seguridad
a través de la cooperación policial y judicial en su lucha contra el terrorismo
y para establecer una organización común en materia de derecho de asilo y de
inmigración, una Europa que protege frente a los desajustes de la
globalización. Es la primera etapa. No puede haber una profundización
institucional mientras no hayamos restablecido la cohesión de Europa. Si
queremos pasar a continuación a la siguiente etapa, tiene que haber una mayor
integración en la eurozona. Por eso defiendo con vigor la idea de un
presupuesto de la eurozona, dotado de un sistema de gobierno democrático. Es la
única manera de volver a crear un movimiento de convergencia entre nuestras
economías y nuestros países. Si no lo hacemos, debilitaremos la eurozona.
Tenemos que poder articular el pilar de la responsabilidad y el de la
solidaridad. Mi impresión es que Alemania no lo va a bloquear. “Europa no es un supermercado. Europa
es un destino común”
P. ¿Cree que también los alemanes están dispuestos a cambiar?
R. Estoy convencido. En materia de seguridad y defensa, la canciller alemana
ha cambiado las cosas profundamente. Ha revisado los tabúes heredados de la
Segunda Guerra Mundial. En los próximos años, Alemania va a
gastar en defensa más que Francia. ¿Quién lo hubiera creído? Pero
Alemania es muy consciente de los límites de una acción que no sea
completamente europea, sobre todo en lo que a intervención militar se refiere.
Sabe que nuestro destino es de nuevo trágico. Necesita a Francia para
protegerse, para proteger a Europa y garantizar nuestra seguridad común. Creo, por
otra parte, que las dinámicas que evoco afectan también a la sociedad alemana.
Nuestro deber como dirigentes es extraer una lección de ello. Los egoísmos
nacionales son venenos lentos que mantienen el debilitamiento de nuestras
democracias y nuestra incapacidad colectiva de aceptar nuestro desafío
histórico. Sé que la canciller es consciente de ello.
P. Hoy Europa está dispersa. La división entre el este y el oeste ha
reaparecido. En el este, varios países han elegido regímenes autoritarios.
¿Cómo se puede administrar una Europa tan dividida?
R. No creo en ese conflicto entre el este y el oeste de Europa. Hay tensiones
porque nuestras imágenes simbólicas y nuestra historia no son los mismos. No
olvidaré nunca esta frase de Bronislaw
Geremek, con el que coincidí hace 20 años en el momento de la
ampliación europea: “Europa no mide todo lo que nos debe”. Para su generación,
ligada a la Europa de la Ilustración, Europa occidental había cometido una
traición al dejar que el muro se levantara y el continente se dividiera. Cuando
hoy escucho a algunos dirigentes europeos, me parece que cometen una doble
traición. Deciden abandonar los principios, dar la espalda a Europa, tener un planteamiento
cínico de la Unión que serviría para gastar los créditos sin respetar los
valores. Europa no es un supermercado. Europa es un destino común. Se debilita
cuando permite que se rechacen sus principios. Los países de Europa que no
respetan las reglas deben acarrear con todas las consecuencias políticas. Y no
es solo un debate este-oeste. Yo hablaré con todo el mundo, y con respeto, pero
no transigiré sobre los principios de Europa, sobre la solidaridad y los
valores democráticos. Si Europa lo acepta, es que es débil y ya ha
desaparecido. No es mi elección.
R. El diálogo, pero debe ir seguido de decisiones concretas. Deseo que todo
el mundo tenga en mente la responsabilidad histórica, que es la responsabilidad
de los europeos. Debemos promover una Europa que vaya hacia un mejor bienestar
económico y social. El objetivo de una Europa que protege también debe
prevalecer en el ámbito económico y social. Al razonar cómo se está haciendo
sobre los trabajadores desplazados [trabajadores enviados por su empresa a otro
país de la UE] desde hace años, se entiende Europa al revés. No hay que
llevarse a engaño. Los grandes defensores de esta Europa ultra liberal y
desequilibrada, en Reino Unido, se han estrellado contra ella. ¿En torno a qué
giraba el Brexit? En torno a
los trabajadores de Europa del Este que venían a ocupar los puestos de trabajo
británicos. ¡Los defensores de Europa perdieron porque las clases
medias británicas dijeron basta! El aliento caliente de los extremismos se
alimenta de estos desequilibrios. Los trabajadores desplazados conducen a unas
situaciones ridículas. ¿Cree que puedo explicar a las clases medias francesas
que las empresas cierran en Francia para ir a Polonia porque es más barato y
que en Francia nuestras empresas de la construcción contratan a polacos porque
se les paga menos? Este sistema no funciona.
P. ¿Cuál es el modelo para la futura relación entre Reino Unido y la Unión
Europea? ¿La puerta para una marcha atrás está abierta? “La clave para volver a arrancar es
una Europa que protege”
R. La puerta está abierta hasta el momento en que se cruza. No me corresponde
a mí decir que está cerrada. Pero a partir del momento en que las cosas se
inician con un calendario y un objetivo, es muy difícil volver atrás. No nos
tenemos que engañar. Deseo que el diálogo que acaba de empezar esté
perfectamente coordinado a escala europea. No quiero conversaciones bilaterales
porque que hay preservar el interés de la UE a corto, medio y largo plazo. En
cambio, Francia tiene intención de proseguir y reforzar su estrecha relación en
materia de defensa y de seguridad con Reino Unido. El Tratado de
Lancaster House sigue siendo el marco de esta cooperación. También
vamos a cooperar más en materia de seguridad y de lucha contra el terrorismo.
Ya hemos establecido un plan de acción común en materia de lucha contra la
radicalización en Internet, porque nuestros destinos están unidos: las redes
terroristas no conocen las fronteras de Europa. Y, por último, deseo que
progrese nuestra cooperación en materia de inmigración. Hay que evitar a toda
costa que se creen nuevos parches, como los campos de inmigrantes. Nuestras
relaciones se van a regir por el pragmatismo.
P. ¿Hay que volver a poner sobre la mesa el Espacio Schengen? ¿Hay que
obligar a los países que rechazan a los inmigrantes a aceptarlos?
R. Aprecio el Espacio Schengen que permite la libre circulación de personas
en el seno de la Unión Europea, y que es uno de los elementos constituyentes de
nuestra ciudadanía europea. Si queremos garantizar esta libre circulación, hay
que reforzar los controles en las fronteras exteriores de la UE. Quiero que
dotemos rápidamente de todos los medios necesarios a la Agencia Europea de la
Guardia de Fronteras y Costas, especialmente para abordar las crisis en estas
fronteras. A continuación, está el tema de los refugiados. Los refugiados son
personas que solicitan asilo en nuestro país. Hablamos de hombres y de mujeres
cuya vida corre peligro en sus países y que la arriesgan para venir hasta nosotros,
que huyen de países en guerra. Les debemos hospitalidad y humanidad. El
problema es que en numerosos países, entre los que se encuentra Francia, la
tramitación de la petición de asilo tarda demasiado tiempo, entre la
presentación, el registro, la instrucción de los expedientes, por no hablar de
los plazos que conllevan la complejidad administrativa y los recursos ante las
diferentes jurisdicciones. Todos estos procedimientos pueden durar hasta dos
años. Ahora bien, durante este periodo, no se puede vivir de forma transitoria
en un país. La gente se instala, crea vínculos familiares…Por tanto, vemos que
el sistema actual ya no es satisfactorio frente a esta presión migratoria. Por
eso he pedido una profunda reforma del sistema de asilo en Francia, para
descentralizarlo y para acelerar considerablemente los plazos de la tramitación
de las peticiones de asilo. El objetivo es reducir estos plazos medios a la
mitad, para que pasen a ser de seis meses en todos los procedimientos. Luego
están los inmigrantes que no solicitan asilo y que, por tanto, no tienen
intención de establecerse en Francia, y cuya situación hay que solucionar de
acuerdo con nuestro derecho, con humanidad y en el marco de una mayor
cooperación internacional. Habrá que asegurarse de que sean reconducidos
eficazmente a la frontera y de que trabajemos estrechamente con los países de
origen de estas personas y con los países de tránsito, y luchar de forma más
eficaz contra las redes mafiosas que explotan el desamparo humano. En todos
estos temas, estoy a favor de unas reformas profundas que permitan tener una
misma filosofía europea. Hay que solucionar sobre todo la situación que
observamos de los “dublines”, esas personas que pasan de un país a otro
esperando obtener asilo por fin.
P. Después del Brexit y de la elección de Trump ¿su elección supone un
freno para los populismos en Europa?
R. Desconfío del término
populismo, porque tiene varios significados. Muchos, tanto de
izquierdas como de derechas, me han dicho que era populista. Cuando los
partidos están cansados, se extrañan de que podamos hablar al pueblo. Si eso es
ser populista, no es algo malo. Yo no creo en la demagogia, que consiste en
adular a un pueblo para decirle lo que espera oír, para hablarle de sus
temores. No tengo la arrogancia de pensar que mi elección supone un freno. Los
franceses siempre han sido así: en el momento en que no se les espera, se
produce un sobresalto. Francia no es un país que se reforme, es un país que se
transforma, un país de revolución. Por tanto, mientras sea posible no reformar,
los franceses no lo hacen. Aquí, han visto que estaban al borde del precipicio
y han reaccionado. Mi elección, como la mayoría conseguida en la Asamblea, no
suponen un freno: son un inicio exigente. El inicio de un renacimiento francés,
y espero que europeo. Un renacimiento que permitirá modificar los grandes
equilibrios nacionales, europeos e internacionales, encontrar una ambición, una
capacidad para mirar las cosas de frente, para no utilizar los temores, sino
para convertirlos en energía, porque los temores existen y, por tanto, lo que
divide a las sociedades sigue existiendo. No hay una receta milagrosa, es una
lucha diaria. He apostado por la inteligencia de los franceses y de las
francesas. No les he adulado, sino que le he hablado a su inteligencia. Lo que
agota a las democracias son los responsables políticos que piensan que sus
conciudadanos son idiotas, utilizando con demagogia sus temores y sus
contrariedades y apoyándose en sus reflejos. La crisis del imaginario
occidental es un inmenso desafío y no lo cambiará una persona. Pero deseo
volver a retomar el hilo de la historia y recuperar la energía del pueblo
europeo, para contener el auge de los extremismos y de la demagogia. Porque esa
es la lucha de la civilización.
P. ¿Cómo se puede abordar el riesgo que representa Donald Trump para la
estabilidad europea?
R. En primer lugar, Donald Trump ha sido elegido por el pueblo estadounidense.
El problema es que todavía no ha elaborado el marco conceptual de su política
internacional. Por tanto, su política
puede ser imprevisible, y para el mundo es una fuente de inquietud.
En cuanto a la lucha contra el terrorismo, tiene la misma voluntad que yo de
ser eficaz. No comparto algunas de sus decisiones, sobre todo en lo que
respecta al clima, pero espero que podamos hacer que EE UU se reincorpore al
Acuerdo de París. Tiendo la mano a Donald Trump. Y deseo que cambie de opinión,
porque todo está relacionado. No se puede querer luchar eficazmente contra el
terrorismo y no comprometerse a favor del clima.
P. Si la línea roja sobre el uso de armas químicas se
franquea en Siria, ¿Francia está dispuesta a golpear sola? ¿Puede hacerlo?
R. Sí. Cuando se fijan líneas rojas, si usted no sabe hacerlas respetar, es
que ha decidido ser débil. No es mi opción. Si ha resultado que se han
utilizado armas químicas sobre el terreno, y si sabemos trazar su procedencia,
entonces Francia procederá a ataques para destruir los almacenes de armas
químicas identificados.
P. Pero se necesita una cooperación con otros países de la coalición.
R. Sí, pero, ¿qué es lo que bloqueó las cosas en 2013? Estados Unidos fijó
unas líneas rojas, pero decidió in fine no intervenir. ¿Qué es lo que ha
debilitado a Francia? Definir políticamente una línea roja y no extraer
consecuencias. ¿Y qué liberó, de repente, a Vladímir Putin en otros teatros de
operaciones? El hecho de constar que ante él había gente con líneas rojas pero
que no las hacían respetar. Yo respeto a Vladímir Putin. He tenido con él un
intercambio constructivo. Tenemos verdaderos desacuerdos, sobre Ucrania en
particular, pero él ha visto cuál es mi posición. Le he hablado largamente,
cara a cara, de los temas internacionales, así como de la defensa de las ONG y
las libertades en su país. Lo que dije en conferencia de prensa, no lo acababa
de descubrir. Es mi línea: decirles las cosas con mucha firmeza a mis
interlocutores pero decírselas, primero, cara a cara. Hoy tenemos con Vladímir
Putin el tema de Ucrania. Y está Siria. En este tema, mi convicción profunda es
que se necesita una hoja de ruta diplomática y política. No se resolverá la
cuestión sólo con un dispositivo militar. Es el error que colectivamente hemos
cometido. El verdadero aggionamento en este tema, es que yo no he
declarado que la
destitución de Bachar el Asad sea la condición previa de todo.
Porque nadie me ha presentado a su sucesor legítimo. Mis líneas son claras.
Uno: la lucha absoluta contra los grupos terroristas. Son ellos, nuestros
enemigos. Es en esta región donde se han fomentado los atentados terrorista y
donde se nutre uno de los focos del terrorismo islamista. Necesitamos una
cooperación de todos para erradicarlos, en particular de Rusia. Dos: la
estabilidad de Siria, pues no quiero un estado fallido. Conmigo, se acabará una
forma de neoconservadurismo importado en Francia desde hace diez años. La
democracia no se hace desde el exterior sin tener en cuenta a los pueblos.
Francia no participó en la guerra de Irak, y tuvo razón. Y erró al hacer la
guerra de esta manera en Libia.
P. ¿Cuál fue el resultado de estas intervenciones?
“No transigiré sobre los principios
de Europa, sobre la solidaridad y los valores democráticos”
R. Estados fallidos en los que prosperan los grupos terrorista. No quiero
algo así en Siria. Tres: tengo dos líneas rojas, las armas químicas y el acceso
humanitario. Se lo dije muy claramente a Vladímir Putin, seré intratable con
estos temas. Así que el uso de las armas químicas dará lugar a réplicas,
incluso de Francia sola. Francia, de otra parte, se alineará en este aspecto
perfectamente con Estados Unidos. Cuarto: quiero una estabilidad siria a medio
plazo. Esto significa respeto de las minorías. Hay que encontrar vías y medios
para una iniciativa diplomática que haga respetar estos cuatro principios.
P. Mientras el Estado
Islámico pierde territorio en Siria e Irak, un terrorismo de bajo
coste desafía nuestra democracias. ¿Cómo encontrar el equilibrio entre la
legislación de excepción y la necesidad de proteger las libertades?
R. Hablemos primero del estado de emergencia [urgencia, en francés] en
Francia. El estado de emergencia estaba destinado a responder a un peligro
inminente que resultaba de ataques graves al orden público. Pero resulta que la
amenaza es duradera. Así que hay que organizarse en la duración. Prolongaré el
estado de emergencia hasta el 1 de noviembre, el tiempo estricto y necesario
para permitir al Parlamento adoptar todas las medidas indispensables para la
protección de los franceses. El jueves, en el consejo de ministros, se
presentará un texto. ¿Cuál es su espíritu? Tomará en consideración todas las
formas de amenazas y notablemente los actos de individuos aislados que hemos
podido constatar recientemente. Prevemos procedimientos específicos para luchar
contra este terrorismo islamista. No es en nada un debilitamiento del estado de
derecho, ni una importación del estado de emergencia en el estado de derecho.
Hay que construir los instrumentos para luchar contra este riesgo nuevo, bajo
el control del juez, administrativo o judicial. Necesitamos respuestas inéditas
y propias a la lucha contra este terrorismo islamista. Es lo que nuestra
sociedad necesita para salir del estado de emergencia permanente.
A continuación, hay que reforzar la coordinación del
conjunto de nuestros servicios ante la amenaza terrorista. En este marco he
deseado la creación de la coordinación nacional de la investigación y de la
lucha contra el terrorismo, con la creación en su interior de un centro
nacional de contra-terrorismo.
Esto supone, finalmente, tener una política
internacional coherente y saber hablar con todas las partes. Mi principio
diplomático es este. He hablado cinco veces con el presidente Erdogan desde que
estoy aquí. Dos con el presidente iraní Rohani. He recibido a Vladímir Putin.
Francia no puede elegir un campo contra otro. Esta es su fuerza y su historia
diplomática. Debemos reencontrar la coherencia y la fuerza de una política
internacional que nos devuelva el crédito. Se trata también de tener una
política de seguridad intratable en el plano internacional, construyendo las coaliciones
más eficaces contra el terrorismo. Y, para acabar, se necesita una política de
civilización, que consiste en erradicar los fundamentos de este terrorismo.
P. Usted habla de un diálogo franco con Vladímir Putin. Pero él no cede. Aún
hay combates en el Dombás. Crimea está ocupada, el formato de diálogo llamado
‘Normandía’ está agotado.
R. Cuando hablo de un diálogo franco con Vladímir Putin, no digo que sea
milagroso. ¿Qué motiva a Vladímir Putin? Restaurar un imaginario ruso poderoso
para controlar su país. Rusia también es víctima del terrorismo. En sus
fronteras tiene rebeliones e identidades religiosas violentas que amenazan el
país. Este es su hilo conductor, incluso en Siria. No creo que haya una amistad
indefectible con Bachar El Asad. Tiene dos obsesiones: combatir el terrorismo y
evitar un estado fallido. Por eso en Siria aparecen convergencias. Durante
mucho tiempos nos quedamos bloqueados en la persona de Bachar El-Asad. Pero
Bachar no es nuestro enemigo: es el enemigo del pueblo sirio. El objetivo de
Vladímir Putin es restaurar la Gran Rusia, porque, según él, es la condición
para la supervivencia de su país. ¿Busca debilitarnos o que desaparezcamos? No
lo creo. Vladímir Putin tiene su lectura del mundo. Piensa que Siria es una
cuestión de vecindad fundamental para él. ¿Qué podemos hacer? Lograr trabajar
juntos en Siria para luchar contra el terrorismo y desembocar en una verdadera
salida de la crisis. Creo que es factible. Seguiré siendo un interlocutor muy
exigente en materia de libertades individuales y de derechos fundamentales. Finalmente,
está la cuestión de Ucrania, para la cual voy a esperar a la primera reunión
del formato Normandía para responder con mayor precisión. Lo que es seguro que
es que tenemos un deber: la protección de Europa y de sus aliados en la región.
En este punto no debemos ceder en nada.


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