Escrito por
La Redacción.
junio 23, 2017
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El presidente francés, Emmanuel Macron, se
estrenó
este jueves en su primera cumbre europea en
Bruselas.
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La
Unión Europea recobra la confianza y se prepara para plantar cara al presidente
de Estados Unidos, Donald Trump.
Bruselas.- Nunca antes, en las 80 cumbres a las que lleva
asistiendo, primero como ministro de Polonia y desde el 2014 como presidente
del Consejo Europeo, había
tenido la convicción “de que las cosas avanzan en la buena dirección”, celebró Donald Tusk al recibir en Bruselas a los líderes
europeos, entre ellos por primera vez el nuevo presidente francés, Emmanuel Macron, auténtico
protagonista de la reunión.
Hace apenas un año, los británicos votaban a favor de
abandonar el club comunitario. El temor a un efecto dominó que provocara la
desintegración del club, asediado en casi todo el continente por fuerzas
antieuropeas, lanzó a la Unión Europea
a un periodo de zozobra agravado por la elección de Donald Trump
como presidente de Estados Unidos. El efecto ha sido el contrario al que se
anticipaba. Europa se sabe ahora más sola en el mundo, más frágil y más
expuesta, pero también más necesitada de unidad.
La victoria de fuerzas proeuropeas en sucesivas
elecciones en el continente y la llegada de Macron al Elíseo arropado por la
bandera europea al ritmo de la novena sinfonía de Beethoven –el himno europeo–
ha insuflado ánimos a Europa
para reaccionar unida a los muchos desafíos que tiene ante sí, empezando por
prepararse para el pulso que avecina con la administración Trump en el terreno
comercial y económico.
“Debemos empezar a definir ‘la Europa que protege”, afirmó Macron. Los líderes europeos se
mostraron dispuestos a hacer suyo el mantra del presidente francés y abrieron
la puerta a un enfoque económico más proteccionista que preserve a los
ciudadanos de lo que llaman desajustes de la globalización. En su primera
cumbre, Macron sacó adelante su plan para instaurar un mecanismo de “control de
inversiones” de terceros países en sectores estratégicos. La idea ha ganado
tracción en los últimos meses en reacción a los pasos de China para entrar en
el mercado europeo pero también a los intentos de empresas estadounidenses de
adquirir compañías europeas.
Será la Comisión Europea la que se encargue de evaluar
las operaciones si bien “se respetará plenamente las competencias de los
estados miembros”, afirman las conclusiones de la reunión para tranquilizar a
los países menos partidarios de la idea, entre ellos España y países más
pequeños por temor a que desincentive la llegada de capital extranjero. Francia
recuerda que Estados Unidos practica activamente el control de inversiones sin
que eso lleve a represalias comerciales. Los países pequeños replican que no
todos tienen los instrumentos de presión política y militar de Washington, pero
soplan vientos proteccionistas desde el otro lado del Atlántico e incluso los
países con economías más abiertas, como Holanda y Suecia, se han subido al
tren, con la promesa de que la iniciativa volverá a ser debatida por el
Consejo.
El apoyo de Alemania ha sido fundamental para que el
mecanismo de control de inversiones se abriera camino en Europa. Temido y a la
vez añorado, el motor francoalemán puede volver a ponerse en marcha con Macron
y Angela Merkel, que ha premiado su promesa de reformar la economía francesa
con guiños a sus planes para la zona euro que en su día negó a su antecesor,
François Hollande. Sus respectivos gobiernos trabajan en una hoja de ruta para
la reforma de la unión monetaria con planes y calendario concretos, anunciaron.
En la campaña electoral, Macron lamentó que se hubiera
dejado el monopolio de criticar a Europa a los antieuropeos. “Los europeístas
deben criticar Europa para mejorarla”, dijo en una entrevista con Monocle.
Este jueves, ya como presidente de Francia, tachó de
“ingenua” la actitud de la UE en los últimos años respecto al libre comercio y
la globalización, explicó que a veces no se puede defender a Europa porque ha
dejado de guiarse por “el sentido común” y abogó por que el proyecto “recupere
el carácter protector que parece haber perdido”. “Europa ha sido hasta hace
poco el único espacio que no se defendía de las medidas comerciales
anticompetitivas, que consideraba que las inversiones extranjeras en sectores
estratégicos no debían ser objeto de debate europeo”, criticó.
El nuevo líder francés fue recibido con entusiasmo por
casi todos sus colegas, excepto el primer ministro húngaro, Viktor Orbán.
“Algunos veteranos llevamos décadas trabajando”, declaró Orbán, enfadado por
los comentarios de Macron de que la UE “no es un supermercado”, un ataque a los
países del Este por su falta de solidaridad en la crisis de refugiados y una
clara nuestra de apoyo a Merkel.
Un hilo común recorre las decisiones adoptadas ayer en
Bruselas en el terreno de la defensa, el comercio o la lucha contra el cambio
climático: la voluntad de “tomar el destino de Europa en nuestras propias
manos”, como dijo recientemente la canciller alemana después de constatar que
ha dejado de tener un aliado en la Casa Blanca. El Consejo Europeo respondió a
Trump que el acuerdo de París “no es renegociable” y se comprometieron a
defenderlo en el mundo.
La nueva determinación europea se tradujo en la
aprobación de los planes más ambiciosos de su historia para reforzar la defensa
común, ahora que Londres ha dejado de frenarla y Trump, con su desdén por la
cooperación transatlántica, ha acabado por impulsarla. Los líderes europeos
dieron luz verde al despliegue de grupos de combate con financiación
comunitaria y a la propuesta de la Comisión de crear un Fondo Europeo de
Defensa para proyectos de investigación y desarrollo de material militar, con un
apoyo económico de 1.500 millones anuales.
El Consejo Europeo bendijo las cooperaciones
estructuradas permanentes (conocidas como PESCO) para realizar juntos misiones
militares europeas más ambiciosas y se dio tres meses para pactar los criterios
para decidir a qué tipo de misiones se dedican y quién va a participar en
ellas. Con estas decisiones, los líderes europeos “han cruzado el Rubicón pero
aún queda camino para llegar hasta Roma”, admitían fuentes diplomáticas. Como
en todos los temas en los que la unidad es ahora la tónica, al llegar a los
detalles aparecen las discrepancias. Francia y España defienden que sean lo más
ambiciosas posibles. Alemania, que sean inclusivas y se sume el mayor número de
países posibles. Ayer Europa se sintió más capaz de superar sus diferencias.
“No debemos ser complacientes ni ingenuos”, admitió Tusk, pero “pese a las
sombrías previsiones Europa se está convirtiendo de nuevo en un punto de
referencia estable para el mundo”.
Las
opiniones.- Varios líderes, cada uno a su manera,
emitió sus consideraciones, tanto sobre el nuevo orden de Europa y, particularmente,
sobre lo creen del presidente Emmanuel Macron.
“El proyecto europeo debe recuperar el carácter
protector que parece haber perdido”, Emmanuel Macron, Presidente de Francia.
“Nunca había tenido la convicción tan fuerte de que
las cosas avanzan en la buena dirección”, Donald Tusk , Presidente del Consejo
Europeo.
“La cooperación franco-alemana ha ido muy bien y nos
llevará a resultados muy positivos”, Agela Merkel, Canciller de Alemania.
“El presidente francés es muy joven. Ayer dijo que
podía pisar a los países de Europa Central. Esto no funciona así”, Víktor Orbán,
Primer ministro de Hungría.


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