De acuerdo a Virginia Kice, vocera del ICE en el sur
de California, el pasado 29 de mayo había en todo el país 968.238 extranjeros
no detenidos con orden final de deportación.
Sin embargo, según un informe de la Oficina del
Inspector General de abril pasado, esa cifra es todavía mayor y en agosto de
2016 ICE supervisaba a 2,2 millones de inmigrantes que no estaban detenidos.
Mark Silverman, miembro del Centro de Recursos Legales
para los Inmigrantes (ILRC), advierte que los inmigrantes con una
orden de deportación final y que solicitaron detener el proceso pueden ser
repatriados “inmediatamente”, pues tienen “muy pocas probabilidades” de detener
un procedimiento a “discreción de los agentes del ICE”.
La anterior administración colocó a muchos de estos
inmigrantes al final de la lista de expulsiones del país, pero el cambio en la
política migratoria del gobierno de Donald Trump ha puesto a estas personas
nuevamente en la mira.
La mayoría de estos migrantes viven desde hace décadas
en el país, tienen hijos nacidos en EEUU y no tienen antecedentes criminales.
Es el caso Verónica Vela, de 43 años y oriunda de
Zacatecas, México, desde llegó hace 28 años al país y tiene tres hijos
estadounidenses.
“Estaba embarazada cuando me arrestaron para
deportarme, pero me permitieron quedarme por mi estado, y para que no dejara a
mis hijos desamparados”, explica Vela.
Desde hace ocho años la mexicana se presenta
puntualmente ante ICE y esta obligación podría llevarla a ser deportada como
otras madres en su misma situación.
La expulsión de Maribel Trujillo, una madre de cuatro
niños que residía en Ohio, y Guadalupe García, madre de tres hijos que vivía en
Arizona, fueron dos de los casos más visibles del peligro que enfrentan miles
de inmigrantes que están bajo supervisión del ICE.
“Imagínese si a ellas las sacaron con tanto apoyo, qué
puedo esperar yo. Lo único que me da miedo es con quién van a quedar mis hijos,
yo fui víctima de violencia doméstica y soy la única que responde por ellos”,
indica.
El miedo entre aquellos que solicitaron una prórroga a
la deportación es latente y cada día está aumentando, advierte el abogado de
inmigración Fernando Romo.
Por ello, muchos inmigrantes han pensado en no cumplir
esas citas rutinarias y quedarse como fugitivos.
José M, un mexicano que no quiso revelar su apellido,
dijo a Efe que no pretende asistir a la cita que tiene programada para el
próximo mes con ICE.
“No puedo dejar que me saquen del país, tengo una
familia que depende de mi trabajo y sin mí no la van a hacer”, explica.
El inmigrante sometió una solicitud de asilo político
que le fue negada y desde 2012 cumple con citas cada año para demostrar que
tras 22 años en Estados Unidos es un trabajador y padre ejemplar.
Silverman califica este tipo de acciones de ICE como
“crueles y de mala fe” y una muestra clara de la posición del gobierno de
Trump.
“Está empujando a estas personas a convertirse en
fugitivos para poder ir contra ellos”, opina.
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