Escrito por
La Redacción.
mayo 17, 2017
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El presidente Macron
con representantes
de la candidatura
olímpica de París.
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El Elíseo aplaza 24 horas, hasta este miércoles, los nombramientos para “verificar” que están a prueba de escándalos.
París.- Emmanuel Macron no quiere sorpresas
en un gabinete en el que ya va a tener que hacer suficientes equilibrios entre
los poderes de izquierda y derecha que quiere aunar.
Por eso, el nuevo presidente francés decidió este
martes retrasar 24 horas la publicación de la lista de ministros, con el fin de
“verificar” que nadie de su equipo tiene cuestiones fiscales sin resolver o
algún tipo de conflicto de intereses que pueda manchar el gobierno
“irreprochable” que ha prometido el nuevo jefe de Estado galo.
“Conforme a su compromiso
de moralizar la vida pública, el presidente, de acuerdo con el primer ministro,
ha deseado introducir un tiempo de verificación”, anunció el Elíseo en un
comunicado.
Son 24 horas extra durante las cuales la Dirección
General de Finanzas Públicas y la Alta Autoridad para la Transparencia de la
Vida Pública, el organismo que controla el patrimonio de los funcionarios
públicos en puestos de responsabilidad, deberán dar luz verde a los futuros
ministros.
La ley francesa prevé ya una verificación de la
situación fiscal de estos cargos públicos, pero esta se efectuaba hasta ahora
una vez nombrados, no antes, como ha impuesto Macron.
Además, los miembros del nuevo Gabinete deberán
firmar, una vez investidos, un “compromiso de honor de integridad y moralidad”
por el que asegurarán el ejercicio de su función gubernamental “de manera
irreprochable”.
En la nota oficial
del Elíseo no se mencionan casos concretos, pero no hace falta. En la mente de
todos los franceses está el caso de Jérôme Cahuzac, el primer ministro de
Hacienda que nombró François Hollande al comienzo de su mandato en 2012, y que
tuvo que dimitir menos de un año más tarde, después de admitir que mantuvo una
cuenta oculta en Suiza durante 20 años. Cahuzac, que precisamente ocupó la
cartera que debía dirigir la lucha contra el fraude fiscal, fue condenado el
pasado diciembre a tres años de prisión firme y cinco de inhabilitación en la
vida pública por blanqueo, fraude fiscal y por haber mentido en sus declaraciones
fiscales. El escándalo persiguió a Hollande durante todo su mandato.
Durante la campaña
electoral que acaba de concluir, la sombra de la corrupción acosó también a dos
de los candidatos. Marine Le Pen, la líder de extrema derecha que se midió
contra Macron en la segunda vuelta, tiene abiertas varias investigaciones por
presunta corrupción, entre otras por haber desviado supuestamente fondos del Parlamento
Europeo para pagar a empleados del Frente Nacional.
La corrupción fue también
la espada de Damocles de quien comenzó como favorito a ocupar el Elíseo, el
candidato de Los Republicanos François Fillon. La revelación de que habría
estado pagando durante años un salario a su esposa, Penelope, como supuesta
asistenta parlamentaria del ex primer ministro fue solo el principio.
Luego se
conoció que también había contratado a dos de sus hijos y que había aceptado
como regalo trajes por miles de euros. También fue cuestionado por una
consultora que creó justo antes de ocupar su escaño de diputado, sorteando así
por la mínima una ley que prohíbe combinar esas dos actividades. Fillon tiene
una cita ante los jueces que investigan los salarios a su esposa el próximo 30
de mayo.
La aprobación de una
ley de “moralización de la vida pública” que precisamente impida prácticas como
las de Fillon —y tantos otros parlamentarios que contratan a familiares o
próximos a cuenta del Estado— es una de las prioridades de Macron. De hecho,
podría ser presentada en el primer consejo de ministros que celebre, este
jueves, una vez su equipo reciba la verificación de “irreprochables”.


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