Titulares

miércoles, 10 de mayo de 2017

El Real Madrid amansa al Atlético y jugará la final de la Champions


Isco celebra el gol y Cristiano Ronaldo
manda a callar al Calderón.

El cuadro de Zidane se sobrepone al vendaval del rival en el inicio y luchará por la duodécima frente a la Juventus. Los rojiblancos, que llegaron a tener un 2-0, se despiden a hombros de su afición.

MADRID.- Por orgullo que no quede: lo tuvo el Madrid y lo tuvo el Atlético. Con los madridistas colmados rumbo a la final, los rojiblancos se despidieron a hombros de una afición a la que dieron motivos para ello. 


Donde otros hubieran sacado bandera blanca, el equipo de Simeone se conjuró para acentuar el credo de los suyos y lo logró con una puesta en escena volcánica que alimentó la quimera local. 

Luego, cuando el juego prevaleció sobre el ánimo, se encumbró el Madrid. Por más que fallara en la ida, poco debe reprocharse este Atlético que con Simeone al frente nunca se frenó ante los imposibles. Como imposible le ha resultado en Europa este Madrid de tantos vuelos, ya en su tercera final en cuatro años.

Con el césped del Manzanares convertido en un campo de minas y las gradas en combustión, el Atlético arrancó como un equipo de corsarios. Con el corazón en la boca y desde el primer parpadeo, el pelotón de Simeone acogotó al Madrid, que no tenía tiempo ni para respirar. No había nanas a la pelota. 

Era lo de menos. De entrada, el Atlético logró lo que quería, que el duelo fuera arrebatador, más esgrimista que futbolero. Sobre cada madridista había decreto de prisión, una emboscada a la vista. Los tambores locales hicieron dudar a los de Zidane, vacilantes al decidir sobre el juego con luces largas o cortas. Y aparatosos con ambos manuales.

El fútbol machote y frenético de los rojiblancos hizo soñar al Atlético antes incluso de lo que hubiera fantaseado el más optimista de los suyos. Con Carrasco de agitador, casi caza el gol Koke a los cinco minutos, pero respondió bien Keylor. No se aplacaron los truenos y al cuarto de hora la parroquia colchonera vio la luz del paraíso. 

En un córner, Saúl se anticipó a Cristiano —obligado al repliegue ante el colonizador asalto del adversario— y batió al meta costarricense con un cabezazo demoledor. Oblak, poco antes, había frustrado un frentazo de Casemiro en la primera apertura del Real Madrid.

El atronador tanto de Saúl amplificó el acoso rojiblanco. Del momento febril sacó mayor tajada. Varane atropelló a Fernando Torres, asistido por Carrasco, y al árbitro no se le escapó el claro penalti. Griezmann, con un tiro titubeante, superó por un dedo a Keylor, que llegó a tocar el balón con la mano derecha. 

La tremenda descarga inicial del Atlético le dejó a un paso del milagro, con el Calderón tan embelesado como pasmado, y supuso un volantazo para el partido. Ahí, en ese instante, comenzó otro encuentro. Ese lo ganó el Madrid.
Tan cerca del prodigio y sabedor del gancho de hierro de su rival, el Atlético procuró que el tiempo menguara a su favor. Con más de 75 minutos por delante para sellar al menos la igualada, el conjunto del Cholo reculó para blindar a Oblak. 

Interpretó que ya no tocaba la caballería, era el momento de jugar a que no marcara el Madrid, de cerrarle los espacios con hormigón. Además, ni siquiera un Atlético sobrenatural hubiera resistido prolongar el desfogue del comienzo. Había que regular el depósito físico.

Con los de Simeone más enclaustrados, Isco cogió el mástil. El Madrid, que no dio la sensación de tiritar por el impacto del 2-0, por fin encontró el balón, una muleta para sostenerse. Con Isco el juego gravitó como le convenía al Madrid, máxime cuando Modric tocó las mismas teclas que el malagueño. Uno y otro marchitaron poco a poco a su rival y el Real cogió aire.

No logró invadir el área de Oblak, pero cuando un equipo como el Madrid se subordina al balón es difícil que no encuentre la red. Sus números lo certifican: al llegar al Calderón llevaba 60 retos con al menos un tanto a su favor. La casa vecinal no fue una excepción.

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