Escrito por
La Redacción.
mayo 27, 2017
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El presidente de Estados
Unidos, Donald trump,
rodeado en el G7 de
Taormina por Theresa May,
Angela Merkel, Paolo
Gentiloni y Shinzo Abe.
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La cumbre presiona al presidente de Estados Unidos para que dé marcha atrás en asuntos clave como el medio ambiente y el comercio internacional.
Taormina.- Nadie recordaba este viernes en
Taormina (Italia) una cumbre del G7 (el grupo de democracias más industrializadas)
con mayor tensión y fricción política. Un desencuentro provocado por la
diferencia de criterios del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los
otros seis mandatarios, en la mayoría de grandes acuerdos alcanzados en los
últimos años en comercio, medioambiente o en la relación con Rusia.
Pese a las
sutilezas en las que se basan estas citas, nadie ocultó el clima crepuscular
que se cierne sobre el G7. No está ni siquiera claro que se alcance una
declaración final conjunta. El mensaje del presidente del Consejo Europeo,
Donald Tusk, no pudo ser más apocalíptico: “Si no logramos una mayor unidad, la
situación del mundo se nos puede ir de las manos”.
La distancia es
tan evidente, que ni siquiera se malgastó el tiempo poniendo paños calientes.
Especialmente después de los roces del día anterior en Bruselas, donde Trump
reprochó el escaso gasto militar a los miembros de la OTAN y criticó el
superávit del comercio internacional de Alemania con la expresión “son muy
malos”. En ese campo, como en la mayoría, no hubo apenas avances.
La sensación en el
arranque de la 43ª edición del G7 —blindada por tierra, mar y aire con 10.000
hombres— era la del fin de una prolífica era de acuerdos y el inicio de un
insondable orden construido sobre intereses unilaterales. Muchas novedades
sobre la mesa, pocas esperanzadoras. Una cumbre que llega demasiado pronto para
unos, y en medio de un proceso electoral para otros. Debutaban cuatro
mandatarios Emmanuel Macron, Paolo Gentiloni, Theresa May y Donald Trump. Y los
focos se dirigieron principalmente a la británica, por primera vez representó
en el G7 a un Reino Unido con un pie fuera de la Unión Europea, y al presidente
de EE UU. Aislado por su propia visión del mundo —incluso físicamente en los
paseos que realizaron los mandatarios por Taormina—, el liderazgo de EE UU en
el G7 quedó voluntariamente diluido en Taormina.
Detectada la
vacante, y en vista de que más de la mitad de líderes no tenían experiencia en
esta cita, la UE disparó primero con una contundente rueda de prensa de Tusk y
del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. El tono fue
inusualmente directo, sin excusas, exigiendo mantener las sanciones a Rusia y
reclamando acuerdos comerciales y climáticos. Como si los 27 buscasen recuperar
en Taormina la autoridad perdida. “No es ningún secreto que los líderes que se
verán hoy tienen diferentes posturas en asuntos como el comercio y el cambio
climático”.
El medioambiente
era uno de los grandes temas que habían marcado a fuego la agenda de la cumbre.
Pero quedó también sepultado por la deriva unilateral impuesta por EE UU.
Donald Trump anunció cuando llegó a la presidencia del país que no respetaría
los acuerdos alcanzados en París en 2015. El cambio climático, dijo, le parecía
una “estafa”. Sin embargo, la presión recibida en los últimos días —incluso por
parte del papa Francisco, que le pidió explícitamente que diera marcha atrás—
invitan a pensar que puede haber alguna novedad. Paolo Gentiloni confirmó al
término de las reuniones que EE UU “ha abierto una reflexión interna” y que
tomará su propia decisión en los próximos días. Theresa May reconoció también
las diferencias pero aseguró que todos son conscientes de la importancia del
asunto. Merkel, sin embargo, más concisa y transparente, prefirió definir el
debate, como “controvertido”.
La fractura parece
tan amplia que, a media tarde, empezó a circular la idea de que será imposible
emitir este viernes un comunicado conjunto. Especialmente debido a las
discrepancias en los compromisos sobre inmigración. De hecho, uno de los
objetivos de celebrar la cumbre en Sicilia era poner el foco en la crisis
migratoria. Este año llegarán a las costas italianas unos 200.000 migrantes
procedentes de Libia y la idea era llegar a un acuerdo que fijase el problema y
su solución como un asunto global. Una propuesta que cuenta con el respaldo de
la canciller alemana, Angela Merkel, que es consciente del peso excesivo que ha
soportado Italia desde el comienzo de la crisis. Pero que, de nuevo, no entra
en las prioridades de la administración estadounidense.
Al final del día,
el chiste que resumía la jornada en los pasillos del G7 invocaba aquel lema con
el que comenzó la era Trump: America first. Una visión del mundo que
complica sobremanera este tipo de cumbres y cuyo significado pudo descifrar en
sus carnes el día anterior el primer ministro de Montenegro, Dusko Markovic,
que recibió un brusco manotazo de alguien que se abría paso a su lado. Al darse
la vuelta, descubrió a un satisfecho Donald Trump ajustándose la americana.
Acuerdo para combatir el terror en internet.- El terrorismo no desaparece, se transforma. Esa fue
una de las conclusiones a las que se llegó ayer en Sicilia y que permitió
añadir a la declaración conjunta contra el terrorismo un acuerdo para combatir
el auge del yihadismo en la Red. Se trata de una de las grandes demandas de la
primera ministra británica, Theresa May que, además, agradeció el apoyo
recibido tras el atentado de Mánchester.
El documento lo
resume así: “El G7 llama a los proveedores de Internet y empresas de redes
sociales a aumentar su esfuerzo para eliminar contenido terrorista. Les
animamos a desarrollar tecnología que detecte y elimine automáticamente el
contenido que promueva la violencia. Contrarrestaremos la propaganda que apoya
al terrorismo y el extremismo violento”.


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