Escrito por
La Redacción.
mayo 24, 2017
-
0
Comentarios
![]() |
|
El presidente Donald Trump en Israel.
|
El proyecto de presupuesto recorta las ayudas a los desfavorecidos, aumenta la partida militar y destina 1.400 millones al muro con México.
WASHINGTON.-
Nunca se vio con tanta claridad el verdadero rostro de Donald Trump. Bajo la
promesa de restaurar el sueño americano, su Administración presentó este martes
su gran proyecto de presupuesto.
Un plan de 4,09 billones de dólares (3,6
billones de euros) para 2018, que solo permite el aumento de las partidas
destinadas a defensa y seguridad nacional, incluyendo el muro con México, pero
que propone recortes de tal magnitud (3,6 billones de dólares, 3,2 billones de
euros, en una década) que dejarán los programas sociales y sanitarios para los
más desfavorecidos al borde de la asfixia.
Bautizado con el
ampuloso nombre de Nuevo Fundamento de la Grandeza Americana, el presupuesto
exhibe tanto esa ambición torrencial que caracteriza al presidente de Estados
Unidos como sus prejuicios. Los inmigrantes sin papeles, los desfavorecidos y
sus hijos, la población subsidiada y hasta los discapacitados pasan por la
guillotina contable. Ya no se trata solo del recorte del Obamacare, la reforma
que amplió el seguro médico a 20 millones de estadounidenses, sino de la caída
de los grandes programas que han logrado dar estabilidad a una sociedad con más
de 40 millones de pobres.
“Hasta ahora se
pensaba solo en quienes recibían dinero. Eso se ha terminado. Hemos dado un
giro y elaborado unos presupuestos poniéndonos en los zapatos de quienes pagan
ese dinero, en el contribuyente. La compasión ya no se mide por el número de
subsidiados o el dinero gastado, sino por aquellos que vuelvan a trabajar”,
glosó el director de la Oficina Presupuestaria, Mick Mulvaney.
Las magnitudes
presupuestarias son astronómicas. En 10 años Trump y sus asesores prometen que
su proyecto reducirá el gasto en 3,6 billones de dólares, liquidará por
completo el déficit (ahora situado en 600.000 millones) y rebajará la deuda
publica del 76% del PIB al 59%. Todo ello bajo un constante aumento de los
ingresos, que pasarían en ese decenio áureo de 3,65 billones a 5,72 billones.
Para lograrlo, el
presidente y sus economistas confían en un crecimiento sostenido del PIB. Una
imparable subida que el año próximo sería del 4,4% (la mayor de este siglo) y
que en 2027 alcanzaría un aumento del 55% respecto a 2018. Esta es la piedra
angular de su proyecto y, a su vez, su punto más débil.
Trump hace
descansar esta formidable expansión en su reforma fiscal. El plan, del que solo
se han facilitado pinceladas de trazo grueso, propone la rebaja de la carga
impositiva para los más ricos (del 39% al 35%), facilitar la repatriación de
capital, simplificar el IRPF de siete a tres tramos y sobre todo, reducir el
impuesto de sociedades del 35% al 15%. En paralelo, propone movilizar 200.000
millones de dinero público para incentivar la inversión en infraestructuras.
Pese a que este
diseño implica una caída fuerte en la recaudación (dos billones en 10 años,
según Tax Foundation), el presidente y sus consejeros confían ciegamente en que
la rebaja impositiva detonará un crecimiento tan poderoso que compensará las
arcas públicas y elevará la economía americana a su máxima potencia. Es la
curva de Laffer. La teoría que, desde su enunciado en 1974, ha extasiado a los
liberales de todas las galaxias pero que nunca ha superado la barrera crítica,
y que, en el caso de la actual economía estadounidense, con un crecimiento
medio en los últimos 10 años del 1,3%, parece muy alejada de cualquier meta
realista.
A las dudas sobre
la sostenibilidad del presupuesto se añade su polémica configuración ideológica.
En consonancia con las promesas electorales, Trump apuesta por la seguridad. La
partida militar aumenta un 10% (54.000 millones) y permite sumar 56.400
soldados al servicio activo, así como adquirir 84 aviones de combate y 8 naves
de guerra. También se refuerzan las fronteras con 2.600 millones para
tecnología y nuevas infraestructuras. Entre ellas, el denostado muro con México
al que se destinan 1.600 millones (1.423 millones de euros).
Frente a este
fortalecimiento de la seguridad, la guadaña cae con fuerza entre los más
débiles. Trump propone una reducción de 616.000 millones en 10 años de los
fondos destinados a la cobertura sanitaria para los pobres (Medicaid). También
plantea un recorte de 193.000 millones en el mismo periodo para el Programa
Asistencial de Nutrición Suplementaria. No es un golpe al azar. Bajo este
nombre burocrático se parapeta la entrega de cartillas alimentarias para los
desfavorecidos. Una iniciativa a la que en 2016 se acogieron 46 millones de
personas, un 15% de la población.
El hacha golpea
asimismo a los créditos a estudiantes (143.000 millones), las ayudas a
discapacitados (72.000 millones) y a familias necesitadas (21.000 millones) y
al sistema de apoyos por hijo menor (40.000 millones), del que además se
excluye a todos los inmigrantes sin papeles y a aquellas personas que no estén
autorizadas a trabajar en Estados Unidos. “Este presupuesto lucha por
reemplazar la dependencia por la dignidad del trabajo", se justifica el
documento.
El ataque a la
médula de los programas sociales marcará el pulso de la contienda
parlamentaria. El presupuesto muestra al Trump más descarnado y feroz. Aquel
que cumple no solo su promesa de desmontar el legado de Barack Obama, sino que
da pábulo al sueño conservador de asfixiar el incipiente Estado del bienestar
americano. Esta radicalización, ejemplificada en el rechazo a subvencionar
entidades que faciliten el aborto, le asegura al presidente el apoyo de los halcones
de su partido. Pero tiene un efecto negativo.
En noviembre del
año que viene se renueva toda la Cámara de Representantes y 34 de los 100
escaños del Senado. Ante el miedo a perder cabe la posibilidad de que los
congresistas republicanos se dividan y que, como ya ocurrió con el primer
proyecto de reforma sanitaria, Trump no logre mayoría. Para atraerse el voto
moderado, el presidente ha insistido en que el proyecto no altera las pensiones
ni la cobertura sanitaria para los mayores. Pero los recortes son de tal
calibre que es difícil para los más centristas aceptar estas cuentas. Y, desde
luego, ofrece a la oposición un blanco fácil. La batalla del presupuesto no ha
hecho sino empezar.



No hay comentarios.
Publicar un comentario
Deje su comentario