Escrito por
La Redacción.
mayo 31, 2017
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Donald Trump canta el
himno nacional con motivo
del Día de los Caídos,
en el cementerio nacional
de Arlington, Virginia.
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El presidente estadounidense devuelve el golpe a Ángela Merkel con un tuit en el que responsabiliza a Berlín del déficit comercial.
WASHINGTON.- La primera ley de Trump es: golpea siempre que puedas. Y la segunda: hazlo por Twitter. En 140 caracteres, el presidente de Estados Unidos ha dado este miércoles la razón al histórico veredicto de la canciller alemana, Angela Merkel. Washington ha dejado de ser un aliado y Europa debe empezar a tomar las riendas de su futuro.
Una reflexión de profundidad mineral que en Trump suscitó este tuit: “Tenemos un déficit comercial MASIVO con Alemania, además ellos pagan MUCHO MENOS de lo que deberían a la OTAN. Muy mal para USA. Esto va a cambiar”
La respuesta
muestra al desnudo la ideología de la Administración estadounidense. Ya no hay
intereses comunes por encima de los nacionales. Una clave que afecta a todo el
árbol de relaciones multilaterales. El acuerdo sobre cambio climático está en
duda, la estrategia de defensa mutua de Occidente dependerá del gasto que cada
uno haga y las alianzas se supeditan al beneficio propio, un elemento que en la
visión de Trump no se puede disociar del apoyo a las áreas deprimidas por la
globalización que le votaron frente a la demócrata Hillary Clinton.
En este horizonte,
el
patriotismo económico propugnado por el presidente y su
estratega jefe, Steve Bannon, tiene en Alemania su blanco perfecto. La nación que
resurgió de las cenizas de la mano del Plan Marshall ve ahora cómo su
prosperidad desata los peores humores de su hermano trasatlántico.
Alemania es el
país con mayor superávit comercial del planeta (253.000 millones de euros el
año pasado). La cifra saca de quicio a Trump y a su consejero comercial, el
sulfúrico y extremista Peter Navarro. Para ellos representa, más que un triunfo
de un aliado, un fracaso propio. EE UU sufre un déficit en su balanza de
470.000 millones (50.000 millones con Alemania). En su ardor proteccionista,
Navarro ha llegado a acusar a Berlín de forzar un euro débil para favorecer sus
exportaciones y ha amenazado con imponer muros fiscales a los productos
alemanes.
Ante este pulso,
Merkel ha mostrado los dientes y su Gobierno llegó a sugerir que estaba
dispuesto a emprender una guerra comercial. La sangre no ha llegado al río,
pero el desencanto tampoco ha dejado de crecer. La visita de la canciller a
Washington en marzo ya dio un anticipo de esta glaciación. Merkel aterrizó con
la idea de que era “mejor hablar uno con otro, que uno de otro”. Bajo esta
argumento, recordó la larga amistad germano-estadounidense y los intereses
compartidos. De nada sirvió. El viaje se saldó sin avances y en la retina del
mundo sólo quedó una imagen: Trump evitando (o eso pareció) dar la mano a la
canciller.
La primera gira al
exterior del presidente
de Estados Unidos no ha estabilizado la relación. Por el
contrario, Trump ha salido al extranjero para demostrar que donde mejor se
encuentra es en casa, ejerciendo de gran patriota económico. Las cumbres de la
OTAN en Bruselas y del G-7 en Taormina (Italia) han materializado este
despegue. Como buena doctora en Física, Merkel ha dado con la ecuación que
resume el cambio: “Los tiempos en que los que podíamos depender completamente
de otros, han terminado. Los europeos tenemos que pelear por nuestro propio
destino”.
Trump ha
validado esta conclusión.- En su
esquematismo, en su estocada de 140 caracteres, tira por la borda 70 años de
amistad. Alemania ya no es un aliado fiel sino un deudor que se aprovecha de
las debilidades americanas. Y él, el presidente encargado de evitarlo y
devolver lo perdido a Estados Unidos. Nadie sabe aún cómo. Pero pocos dudan de
que será como le gusta a Trump: golpeando siempre que pueda.
Una actitud que en
Alemania enciende pasiones, como demostró ayer Martin Schulz, el candidato
socialdemócrata que se enfrentará a Merkel en las elecciones de septiembre. El
cabeza de lista de la socialdemocracia (SPD) dijo que Trump es “el destructor
de los valores occidentales”. “Destroza el respeto y la cooperación de los
pueblos basada en la tolerancia mutua”, afirmó Schulz, dejando claro que la
animadversión al inquilino de la Casa Blanca es un asunto prácticamente
nacional y no patrimonio exclusivo de la canciller. “Hay que interponerse en el
camino de ese hombre y su ideología de desarrollo armamentístico”, añadió el
candidato del partido que ahora gobierna en coalición con la CDU de la
canciller. Thomas Oppermann, el jefe del grupo parlamentario del SPD consideró
que el tuit de Trump “deja claro que considera a Alemania su adversario
político”.
Sigmar Gabriel,
ministro de Exteriores alemán y también socialdemócrata, trató de calmar los
ánimos y de inyectar algo de optimismo trasatlántico en medio del fuego
cruzado. “Es verdad que atravesamos un momento difícil entre EE UU y Alemania
[…] pero el vínculo con EE UU es más antiguo y mayor que el conflicto actual y
pienso que volveremos a tener buenas relaciones en un futuro”.
La canciller
Merkel, que el domingo se desmarcó de su natural templanza en Baviera, durante
un mitin de la CSU, se mostró ayer algo más comedida, pero evidenció de nuevo
que el vínculo trasatlántico que une a Alemania -y por lo tanto a la UE- con
Estados Unidos se debilita por momentos. Durante la visita del primer ministro
indio, Narendra Modi, a Berlín, Merkel exhibió, frente a la hostilidad hacia
Trump, complicidad máxima con su homólogo indio, en una escenificación que rozó
lo pueril. Coincidieron en lo prioritario de la lucha contra el cambio
climático y la vigencia del Acuerdo de París del que Trump se desmarca y
acordaron profundizar las relaciones comerciales, precisamente el área en la
que EE UU acusa a Alemania de no jugar limpio. “También volvió a repetir que
“los europeos tenemos el destino en nuestras manos”, en una clara alusión a la
neonata desconfianza hacia el aliado estadounidense.


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