Escrito por
La Redacción.
mayo 22, 2017
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| Donald Trump en una actividad reciente. |
Estados Unidos se encuentra en un
impasse peligroso pero nadie tiene la valentía de actuar.
WASHINGTON.- Si el sistema político de Estados
Unidos estuviera funcionando como debiera, Donald Trump estaría de salida. Ya
sea el Congreso habría iniciado un juico político o las personas alrededor del
presidente lo habrían declarado no apto para el cargo.
Pero el Sr. Trump tiene un as en la manga. Ningún
republicano elegido se atreve a confrontarlo. Cualquiera que lo contemple sabe
que se arriesgaría a un ataque electrónico que acabaría con su carrera.
El gobierno de Estados Unidos se encuentra en un
impasse peligroso. La mayoría de las personas saben que el Sr. Trump no es apto
para ocupar el cargo de presidente. Pero nadie con el poder para abordarlo ha
encontrado la valentía para actuar.
La tragedia para EEUU — y el resto del mundo — es que
es probable que esta situación persista hasta las elecciones de medio término
en 2018. Aun las señales obvias de que el Sr. Trump está intentando obstruir la
justicia, lo cual fue el primer artículo del juico político en contra de
Richard Nixon, están siendo minimizadas. Entre una cuarta y una tercera parte
de los estadounidenses son firmes partidarios de Trump. Tienen el poder para
rechazar a los republicanos rebeldes en las elecciones primarias.
Los seguidores de Trump están siendo alimentados por
un ecosistema cerrado de noticias que presenta al mundo de una manera
radicalmente diferente que el resto de los medios de comunicación. Por ende en
su versión de las noticias, el Sr. Trump no despidió a James Comey, el director
del FBI, la semana pasada. Según Fox News, el Sr. Comey renunció.
De la misma
manera, el Sr. Trump no reveló inteligencia vital al ministro de relaciones
exteriores de Rusia. Tampoco presionó al Sr. Comey para que dejara de
investigar a Michael Flynn, el primer asesor de seguridad nacional del Sr.
Trump. Todas son falsas noticias.
No deberíamos de subestimar el poder que el Sr. Trump
deriva de estas narrativas alternativas. Cuando las élites expresan su ira con
respecto a sus acciones, los seguidores de Trump quedan muy complacidos con su
angustia. Si esto significa que tiene que pasarles secretos a los rusos, el día
después de despedir al hombre que estaba investigando la presunta colusión de
su campaña con los rusos, tanto mejor.
Los académicos lo denominan “partidismo
negativo”. Las personas ya no se unen a un partido porque creen en su agenda
sino porque odian al partido opositor. Al burlarse de sus oponentes el Sr.
Trump está cumpliendo con sus promesas. Es un mandato para el nihilismo.
Esto plantea un terrible dilema para los republicanos.
Algunos están esperando hasta las elecciones de mitad de período. El índice de
popularidad del Sr. Trump es tan bajo que si las elecciones se llevaran a cabo
actualmente los republicanos perderían el control de la Cámara de
Representantes, y posiblemente del Senado.
En ese momento, los republicanos
comenzarían a abandonar al Sr. Trump. Es muy probable que los demócratas basen
su campaña en la promesa de destituirlo. Pero faltan 18 meses para que eso
pueda suceder. Otros republicanos quieren aprovechar todo lo que puedan antes
de que comience a hundirse el Titanic.
La mayoría de ellos, como Paul Ryan, el presidente de
la Cámara de Representantes, están dispuestos a sufrir la humillación de
trabajar con el Sr. Trump si les ofrece una oportunidad de pasar un enormne
recorte tributario. Desde el punto de vista del Sr. Ryan, dicho recorte
desataría los espíritus animales estadounidenses y restauraría la libertad
individual.
Es una postura coherente. Pero el Sr. Trump sigue
creando obstáculos para el Sr. Ryan conforme intenta presentar su plan. Ahora
parece probable que la tormenta de controversias que rodea al Sr. Trump
devorará su agenda económica. Y aun si el Sr. Ryan puede implementar su reforma
tributaria, ¿valdrá la pena el costo de hacerlo? La respuesta es no. Los
impuestos suben y bajan. Pero un gran partido no puede borrar la manera en la
que respondió en un momento crítico de la historia de la república.
Durante décadas, los republicanos han defendido la
seguridad nacional y la fibra moral del liderazgo estadounidense. El Sr. Trump
está deshaciendo esos principios descaradamente. No importa lo que piensen los
liberales, ni los independientes, los medios o el servicio diplomático estadounidense.
Los republicanos son los únicos que tienen el poder para obligar al Sr. Trump a
rendir cuentas. Y están ignorando la situación. Sólo un puñado de los 290
republicanos en el Congreso han pedido un fiscal especial para investigar al
Sr. Trump. Yo apuesto que si realizaran un voto secreto, la mayoría apoyaría la
idea.
Es posible que más republicanos revelarán su verdadera
postura cuando el Sr. Trump seleccione a un nuevo director del FBI para
reemplazar al Sr. Comey. Si nomina a un títere, las repercusiones serán
difíciles de contener, al igual que si hay más filtraciones devastadoras de las
agencias de inteligencia. Sin embargo, hasta que llegue ese momento, los
republicanos se están aferrando a su “trato trumpiano”. Más vale que valgan la
pena esos recortes tributarios.


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