Escrito por
La Redacción.
abril 13, 2017
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En esta fotografía del 16 de agosto de
2016, un cazco
azul brasileño abre una puerta grande en
una base de
la ONU
en el barrio pobre de Cite Soleil en Puerto Príncipe |
EN UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LAS MISIONES DE LA ONU EN LOS ÚLTIMOS 12 AÑOS, SE ENCONTRÓ CASI 2.000 DENUNCIAS CONTRA AGENTES DE LAS NACIONES UNIDAS ESTABLECIDOS EN ESE PAÍS.
PUERTO
PRÍNCIPE, Haití.- Entre las ruinas de un paraíso tropical donde alguna
vez personalidades del jet set disfrutaron copas de ron bajo el sol caribeño,
muchos niños y niñas abandonados buscaban sobrevivir.
Los menores mendigaban alimentos y buscaban comida
entre desperdicios, pero nunca juntaban lo suficiente para calmar su hambre hasta
que un contingente de cascos azules de la ONU se instaló a poca distancia.
Esos hombres habían venido de tierras lejanas,
hablaban una lengua extraña y ofrecían a los niños haitianos galletas y otras
golosinas.
En ocasiones les daban algunos dólares, pero el precio
era alto: los casos azules de Sri Lanka querían tener sexo con niñas y niños
que incluso tenían apenas 12 años.
"Ni siquiera
tenía senos aún", dijo una menor, conocida como V01 (Víctima Número 1).
Ella dijo a investigadores de la ONU que en los siguientes tres años, de los 12
a los 15 años, tuvo sexo con casi 50 cascos azules, entre ellos un
"comandante" que le dio 75 centavos.
Contó que a veces
dormía en camiones de la ONU, en la base próxima a lo que fue un centro
turístico, ahora en total deterioro.
La maleza y otras
plantas han invadido o devorado los otrora glamorosos inmuebles del lugar.
La justicia para
las víctimas como V01, sin embargo, es inusual.
En una
investigación sobre las misiones de la ONU en los últimos 12 años, se encontró
casi 2.000 denuncias contra cascos azules y otro personal del organismo por
abuso y explotación sexual, en lo que parece un indicio de una crisis mucho
mayor de lo que se conocía hasta ahora.
En más de 300
denuncias las víctimas eran menores, pero sólo una fracción de los
perpetradores fue a parar a prisión, encontró la investigación.
Jurídicamente, la
ONU está limitada para actuar. No tiene jurisdicción sobre los cascos azules y
la sanción de los responsables corresponde a los países que aportan los efectivos
militares.
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| La ONU trató el caso de Haití este año |
Se entrevistó a
presuntas víctimas e investigadores, así como a funcionarios y exfuncionarios
de la ONU, y se solicitó a gobiernos de 23 países información sobre el número
de sus cascos azules que enfrentaban ese tipo de denuncias y las acciones
emprendidas, si es que las hubo, para investigarlas.
Salvo raras
excepciones, pocos países atendieron las solicitudes de información reiteradas,
y en el caso de quienes fueron encontraron culpables sus nombres permanecen
bajo reserva, lo cual hace imposible determinar la rendición de cuentas.
Una solución se
vuelve inalcanzable por la falta de un acuerdo entre los Estados miembros de la
ONU para concretar una reforma amplia y una rendición de cuentas.
Aquí en Haití, al
menos 134 cascos azules de Sri Lanka estuvieron involucrados en una red que
utilizó sexualmente a nueve menores de 2004 a 2007, de acuerdo con un informe
interno de la ONU al que se tuvo acceso.
Después de la
difusión del documento, 114 cascos azules fueron enviados a su país y ninguno
terminó en la cárcel.
En marzo, el
secretario general de la ONU, Antonio Guterres, anunció nuevas medidas para
enfrentar el abuso y la explotación sexual por parte de cascos azules y demás
personal de la ONU.
"Digámoslo
con una sola voz: No toleraremos que nadie cometa o consienta la explotación ni
el abuso sexual. No permitiremos que nadie tape estos delitos con la bandera de
la ONU", expresó Guterres.
Sin embargo, esa
proclamación sonó penosamente familiar: Hace más de una década, Naciones Unidas
encargó un informe que prometía prácticamente lo mismo, pero la mayoría de las
reformas jamás se concretaron.
Dos años después
de aquellos compromisos, los soldados continuaron abusando de los menores en
Haití. Y en años posteriores, han pesado sobre los cascos azules acusaciones
similares en todo el mundo.
En uno de los
peores casos en Haití, un adolescente dijo que cascos azules uruguayos lo
violaron tumultuariamente en 2011 y grabaron la agresión sexual con un celular.
Decenas de mujeres
haitianas también afirman que las violaron, y decenas más dicen que recurrieron
al eufemísticamente llamado "sexo de sobrevivencia", en un país donde
la mayoría de sus habitantes vive con menos de 2.50 dólares por día, según se determinó.
El abogado
haitiano Mario Joseph intenta conseguir una indemnización para las víctimas de
una cepa mortal de cólera vinculada a la llegada de cascos azules nepaleses.
Según algunos cálculos, 10.000 personas murieron debido a la enfermedad.
Hoy, Joseph intenta
conseguir manutención infantil para poco más de 10 mujeres haitianas a las que
cascos azules dejaron embarazadas.
"Imagine que
Naciones Unidas va a Estados Unidos, viola a menores y lleva cólera",
declaró Joseph en Puerto Príncipe. "Los derechos humanos no son sólo para
la gente blanca rica".
El senador federal
estadounidense Bob Corker coincide con el abogado.
El legislador
republicano de Tennessee, que preside la Comisión de Relaciones Exteriores del
Senado, exige reformas en Naciones Unidas.
Corker bien podría
impulsarlas durante la presidencia de Donald Trump, cuyo gobierno ha propuesto
una reducción de 31% al presupuesto estadounidense relacionado con la
diplomacia y la asistencia exterior.
Corker y la
embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, quieren una revisión de
todas las misiones del organismo mundial.
El senador recordó
su disgusto durante una audiencia sobre los casos de abuso sexual de personal
de la ONU en la República Centroafricana que salieron a la luz el año pasado.
"Si yo escuchara
que una misión de paz de la ONU va a llegar cerca de mi casa en Chattanooga,
tomaría el primer avión para regresarme y proteger a mi familia", dijo el
legislador.
Un poco de
historia.- El centro
turístico Habitation Leclerc era muy famoso en Puerto Príncipe, un exuberante
lugar en medio de las tétricas callejuelas de la capital. Durante su época de
gloria en la década de 1980, celebridades como Mick Jagger y Jackie Onassis
solían descansar cerca de la piscina o recorrer las instalaciones, que incluía
un templo vudú.
Para 2004, el
complejo estaba convertido en un conjunto de inmuebles deteriorados y varios
niños, huérfanos o abandonados por sus padres, vivían en las ruinas.
Fue ahí donde V01
conoció a otras víctimas, dos adolescentes señaladas en el informe de la ONU
como "V02" y "V03", y un chico, "V08". El
muchacho las ayudaba inicialmente y les traía de manera ocasional comida de
casa de una tía, pero casi siempre tenían hambre.
Los cascos azules
llegaron ese año como parte de una nueva misión para contribuir a la
estabilización de Haití tras la destitución del presidente Jean-Bertrand
Aristide.
Los ceilaneses,
unos 900 efectivos, llegaron a un país históricamente inestable, afectado por
la violencia y los secuestros, durante un gobierno deficiente y mal preparado
para confrontar el caos.
Algunos de los
cascos azules del contingente de Sri Lanka se instalaron cerca del otrora
centro turístico.
En agosto de 2007,
Naciones Unidas recibió quejas de "interacciones sospechosas" entre
soldados ceilaneses y menores de ambos sexos de Haití. Los investigadores de la
ONU entrevistaron entonces a nueve víctimas así como a testigos, pero la red
sexual continuó activa.
V02, que tenía 16
años cuando un grupo de la ONU la entrevistó, dijo a ese equipo que tuvo sexo
con un comandante ceilandés al menos en tres ocasiones. Ella lo describió como
un tipo pasado de peso que usaba bigote y llevaba un anillo de oro en el dedo
medio.
Ella afirmó que
ese comandante a menudo le mostraba una fotografía de su esposa. Los cascos
azules también le enseñaron algo de su lengua para que pudiera entender las
insinuaciones sexuales. Los menores incluso conversaban en ceilanés entre ellos
cuando los investigadores de la ONU los entrevistaron.
V03 identificó a
11 efectivos de Sri Lanka mediante fotografías, uno de los cuales ella dijo que
era un cabo que tenía una cicatriz de bala "distintiva" entre la
axila y la cintura. V04, entonces de 14 años, dijo que tenía sexo a diario con
los soldados a cambio de dinero, galletas o jugo.
Otra víctima
joven, V07, recibió una llamada telefónica de un casco azul de Sri Lanka cuando
la entrevistaban los investigadores. Ella explicó que los soldados pasaban a
los miembros del nuevo contingente el teléfono de ella para que la llamaran y
tuvieran sexo.
El chico, V08,
dijo que tuvo sexo con más de 20 ceilaneses. La mayoría de ellos se quitaban
sus identificaciones antes de llevárselo hasta unos camiones militares de la
ONU, donde él les hacía sexo oral o era sodomizado.
Otro chico, V09,
tenía 15 años cuando comenzaron sus encuentros con los cascos azules. Dijo que
durante tres años tuvo sexo con más de 100 cascos azules ceilaneses, y a veces
el promedio por día era de cuatro, según los investigadores.
De acuerdo con la
ley haitiana, tener sexo con un menor de 18 años es considerado estupro. El
código de conducta de la ONU prohíbe la explotación.
"Los actos
sexuales descritos por nueve víctimas son simplemente demasiados para ser
presentados exhaustivamente en este informe, en especial en virtud de que cada
una afirma haber tenido múltiples acompañantes sexuales en diversos lugares
donde los contingentes de Sri Lanka estuvieron instalados durante años en
diversas partes de Haití", se dijo en el informe.
Los investigadores
mostraron a las víctimas más de 1.000 fotografías que incluían retratos de
efectivos de Sri Lanka y los lugares donde los menores tuvieron sexo con los
soldados.
"La evidencia
muestra que de finales de 2004 a mediados de octubre de 207, al menos 134
miembros de los contingentes ceilaneses, actuales y anteriores, explotaron y
abusaron de al menos nueve menores haitianos", según el informe.
Después de la
presentación del informe, 114 cascos azules de Sri Lanka fueron regresados a su
país, y hasta ahí llegó la red sexual. Sin embargo, prosiguió la depredación sexual
de haitianos.
Y, las historias
siguen.- Janila Jean dijo
que tenía 16 años y era virgen cuando un casco azul brasileño la atrajo hacia
una instalación de la ONU hace tres años con el anzuelo de darle mantequilla de
maní en un pan. El militar la violó a punta de pistola y la embarazó. Ahora,
ella llora constantemente.
"A veces me
imagino estrangulando a mi hija", dijo Jean en entrevista bajo la sombra
de un árbol de plátano cerca de la exbase Jacmel.
Con ella se
encontraban otras tres mujeres que también dijeron haber sido violadas por
cascos azules. Una de ellas estaba sentada en cuclillas mientras retiraba la
pulpa a un coco y la echaba a un caldero con agua y maíz, uno de los
principales alimentos para las mujeres y sus pequeños.
El almirante
Ademir Sobrinho, de las fuerzas armadas de Brasil, dijo en conferencia de
prensa en Londres que entre sus efectivos jamás hubo casos de violación, abuso
sexual o explotación sexual.
Al igual que
muchas otras víctimas, Jean no denunció la violación. Unas 12 mujeres entrevistadas
dijeron que tenían mucho miedo de denunciar los delitos por temor a que las
responsabilizaran de lo ocurrido o peor, ver de nuevo las caras de sus
victimarios.
En las
indagatorias se encontró que unas 150 denuncias de abuso y explotación sexual
por parte de cascos azules y demás personal de la ONU fueron presentadas en
Haití de 2004 a 2014, de un total de casi 2.000 a nivel mundial. Aparte de la
red sexual de los efectivos de Sri Lanka, algunos perpetradores fueron
encarcelados por otros casos.
Los militares
implicados en las denuncias procedían de Bangladesh, Brasil, Jordania, Nigeria,
Pakistán, Uruguay y Sri Lanka, según la información de la ONU y las
entrevistas.
Más países podrían
estar implicados, pero Naciones Unidas apenas comenzó a revelar las nacionalidades
de los presuntos perpetradores después de 2015.
La lista de abusos
sexuales es larga.- En julio de 2011,
cuatro cascos azules uruguayos y su comandante presuntamente violaron en forma
tumultuaria a un adolescente haitiano.
Los efectivos
grabaron la agresión con sus celulares y las imágenes tuvieron amplia difusión
por internet. Estos hombres nunca fueron enjuiciados en Haití.
Cuatro de los
cinco fueron condenados en Uruguay por "violencia privada", un cargo
menor. Las autoridades uruguayas dijeron entonces que se había tratado de una
broma que se salió de control y que nunca hubo violación.
El año siguiente,
tres paquistaníes integrados en las unidades de la policía de la ONU en Haití
fueron acusados de violar a un chico discapacitado mental de 13 años en la
ciudad de Gonaives, en el norte.
Los investigadores
de la ONU viajaron a Haití para hacer las pesquisas, pero los paquistaníes
secuestraron al chico para impedir que diera detalles sobre los abusos, que
continuaron durante más de un año, según uno de los investigadores del caso que
solicitó el anonimato para hacer declaraciones, por temor a represalias del
organismo mundial.
Los hombres fueron
enjuiciados por un tribunal militar paquistaní en Haití y al final fueron
regresados a su país. En teoría, el tribunal podría haber permitido el acceso a
testigos, pero se desconoce si se llamó a alguno. Las autoridades paquistaníes
también se rehusaron a permitir a la ONU observar los procedimientos. Al final,
un elemento fue enviado un año a prisión, según Ariane Quentier, la portavoz de
la misión para Haití.
Las fuerzas
militares de Pakistán han rechazado diversas solicitudes para hacer
declaraciones sobre el caso.
La información
revisada correspondiente a un periodo de 12 años está incompleta y varía en su
nivel de detalle, en particular en los casos previos a 2010.
Centenares de
casos más fueron cerrados con poca o ninguna explicación. En la revisión de los
informes se analizó la información de los informes anuales así como la
proveniente de la Oficina de Servicios de Supervisión Interna.
Después de la
investigación sobre la red sexual infantil, un equipo ceilanés pasó dos semanas
en Haití en octubre de 2007. El grupo entrevistó sólo a 25 soldados de más de
900 en el país y concluyó que sólo dos cabos y un soldado raso tuvieron sexo
con dos víctimas "jóvenes".
Tres soldados
negaron haber tenido encuentros sexuales pero se sospecha que mintieron, según
el informe de la investigación de la ONU.
Durante seis
meses, el ejército y el gobierno de Sri Lanka declinaron responder a las
preguntas sobre el caso de 2007. En su lugar, los funcionarios eludieron
primero las consultas repetidas, después hicieron declaraciones vagas de que el
escándalo representaba un incidente aislado.
El mes pasado, el
gobierno de Sri Lanka reconoció que sus fuerzas militares habían investigado a
sólo 18 soldados implicados y que "el secretariado de la ONU reconoció por
escrito que el gobierno había adoptado medidas e informó que el secretariado
considera el asunto cerrado desde el 29 de septiembre de 2014".
Algunos de los
cascos azules implicados en la red continuaban el año pasado en las fuerzas
militares de Sri Lanka, dijeron funcionarios castrenses del país. Naciones
Unidas, por su parte, mantuvo el envío de cascos azules ceilaneses a Haití y
otras partes a pesar de haber corroborado los abusos sexuales infantiles.
El secretario de
Defensa de Sri Lanka, Karunasena Hettiarachchi, en apoyo de sus efectivos,
afirmó que "la gente está muy contenta y cómoda con los cascos azules".
Aldea de Leogane y
otros lugares.- En la parte superior de una banca oxidada en una parada de
autobús abandonada en la aldea de Leogane cuelga un letrero que dice:
"Construido por el 16to Batallón de las Fuerzas de Paz de Sri Lanka".
El objeto es una de las pocas cosas que recuerdan la misión del batallón,
además de algunos niños cuyos padres fueron personal de la ONU.
Hubo algunos
pasos.- Marie-Ange Haitis dijo que conoció a un comandante ceilanés en
diciembre de 2006 y él pronto comenzó a hacerle visitas nocturnas en su casa en
Leogane.
"Para enero ya
habíamos tenido sexo", afirmó la mujer. "No fue violación pero
tampoco una situación consensual exactamente. Sentí como si yo no tuviera otra
opción", agregó.
Haitis dijo que
cuando se dio cuenta de que estaba embarazada, el traductor haitiano asignado a
los ceilaneses le indicó que abortara. Después, funcionarios de la ONU la
acusaron de mentir, comentó la mujer.
Mientras la mujer
conversaba, su hija Samantha permanecía sentada sobre una de sus piernas. La
niña tenía puestas unas gafas para sol que le quedaban grandes y les faltaba un
lente.
Cuando la
entrevistaron en agosto, Haitis dijo que tenía casi una década esperando a que
la ONU considerara un reclamo de paternidad para la manutención de la niña.
Finalmente, a
principios de este año, las autoridades de Sri Lanka y de Naciones Unidas
dijeron que se hizo un pago único por 45.243 dólares para la hija de Haitis.
Naciones Unidas
dijo que Sri Lanka aceptó el reclamo de la paternidad sin ninguna prueba de ADN
y el comandante fue dado de baja. Es muy raro que se hagan ese tipo de pagos.
¿Cómo se ayuda a víctimas?.-
Funcionarios de la ONU dijeron que no pudieron encontrar a ningún miembro de la
misión en Haití que hubiera respondido por las víctimas en el caso de la red
sexual infantil y dijeron desconocer la suerte de los menores.
Una organización
italiana no gubernamental, AVSI, señaló que ayudó a los menores buscándoles
casa, además de que les brindó asesoría y los ayudó a reintegrarlos en
escuelas, pero también les perdió la pista poco después del devastador sismo de
2010 que sacudió al país.
Atul Khare, jefe
de apoyo de campo de la ONU que supervisa la conducta y disciplina de los
efectivos de las fuerzas de paz, reconoció la magnitud del problema y señaló
que organismo debe hacer más para ayudar a las víctimas, como reunir
información precisa y darle seguimiento con los países que aportan los
efectivos.
Una revisión de
los informes sobre la conducta de las misiones de campo de la ONU mostró
irregularidades en la conservación de expedientes. En un documento de 2008, por
ejemplo, 19 denuncias fueron presentadas en Haití, pero la ONU registró sólo
dos incidentes a nivel mundial que implicaban a menores, lo que pareció
contradecir el propio informe de la investigación del organismo mundial de
finales de 2007, en el que detalló la red sexual infantil con al menos nueve
víctimas menores de edad.
Algunos haitianos
se preguntan si la ONU ha hecho más daño que bien a un país que ha resistido
diversas tragedias desde que se convirtió en la primera república negra en
1804.
Lo que habría
hecho la ONU.- El personal de la ONU afirma que durante años ha contribuido a
la estabilidad de la nación caribeña, salvado vidas después del terremoto de
2010 e impedido hechos de violencia durante periodos de agitación.
La misión, que
tiene en la actualidad 5.000 personas y cuyo número se espera sea reducido en
octubre, también ha adiestrado a contingentes policiales, proveído seguridad
durante elecciones y apoyado al sistema judicial.
"No me
atrevería a decir que hemos logrado todo lo que nos propusimos, pero estamos
comprometidos en un proceso de mejora continua tal que cualquier perjuicio a
las poblaciones podría ser minimizado, si no es que completamente
erradicado", afirmó Khare.
Muchas personas en
Haití no están convencidas del todo.
"Me gustaría
ver a mi agresor cara a cara y decirle cómo destruyó mi vida", dijo Melida
Joseph, de 21 años. La joven afirmó que fue violada por un casco azul y apenas
logró escapar a una violación tumultuaria en Cite-Soleil, un barrio pobre a la
orilla del mar. Al igual que otras víctimas, ella jamás denunció el delito.
"Ellos ven
esto como una gran broma", dijo. "En lo que refiere a la ONU,
vinieron para protegernos, pero sólo trajeron destrucción", apuntó. (Este trabajo fue elaborado por Paisley Dodds, de Prensa Asociada –AP-)



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