Escrito por
La Redacción.
abril 04, 2017
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| Michel Temer |
BRASILIA.- Brasil se prepara para un nuevo
capítulo de su convulsa vida política, que comenzará este martes, cuando la
Justicia electoral empezará a juzgar supuestas irregularidades de la campaña en
2014 de la fórmula Dilma Rousseff-Michel Temer.
En manos de los siete miembros del Tribunal Superior
Electoral estará la decisión que puede anular la victoria en las urnas de esa
fórmula en octubre de 2014, lo que supondría que Brasil volvería a perder a su
presidente, ahora Michel Temer, tras la destitución de Rousseff en agosto
pasado, por irregularidades fiscales.
La corte analizará denuncias referidas a supuestas
“donaciones” recibidas para la campaña electoral, que habrían tenido como
origen la red de corrupción que operó en Petrobras y concretamente al grupo
Odebrecht, implicado en esa trama.
Por paradojas de la política y los propios tiempos que
corren en el país, la denuncia fue formulada por el Partido de la Social
Democracia Brasileña (PSDB), cuyo candidato presidencial Aécio Neves perdió las
elecciones de 2014 por escasos tres puntos porcentuales.
A inicios de 2015, cuando se dirigió al tribunal
electoral, el PSDB no imaginaba aún que Rousseff sería destituida poco más de
un año después y que Temer lo llevaría al actual Gobierno, en el que ayer es
una de las formaciones más influyentes.
El expresidente Fernando Henrique Cardoso, reconocido
líder del PSDB, no comentó las contradicciones que existen al respecto en su
partido, pero sí alertó hoy de que una eventual destitución de Temer sólo
traería “más confusión” al país.
“No sé si es peor la enmienda que el soneto”, declaró
a la radio CBN el exgobernante, quien advirtió que, si Temer cayera, el mandato
que termina el 1 de enero de 2019 sería concluido por un dirigente escogido por
el Congreso, en unas elecciones indirectas.
Cardoso refrendó palabras de la defensa de Temer, en
el sentido de que “Brasil lleva mucho tiempo en crisis, y ahora que empieza a asentarse un poco, un juicio pone en riesgo la
situación”, lo cual pudiera tener impacto negativo entre los inversores.
Los miembros de la fórmula que será juzgada,
enemistados desde la destitución de Rousseff, se defienden por separado pero
coinciden en negar irregularidades financieras en la campaña y exigen que el
juicio sea anulado por supuestas faltas de pruebas.
En el caso de Temer, la defensa también demanda, si es
que el proceso continúa, que las cuentas de uno y otro sean juzgadas en forma separada, pues sostiene que cada uno se ocupó de
su propia recaudación y que en el caso del actual mandatario no hubo fraudes.
En los entornos de Temer y Rousseff también se confía
en el tiempo y en la tradicional lentitud de la justicia brasileña, que podría
prolongar el proceso durante más de un año.
En la primera de las cuatro audiencias que se
celebrarán esta semana se espera que la corte decida sobre las diversas
demandas presentadas por las defensas, para luego escuchar al instructor del
caso, Herman Benjamin, quien presentará su análisis sobre el asunto.
A partir de ese momento, cada uno de los otros seis
magistrados deberá exponer su opinión, aunque en medios jurídicos se prevé que
alguno de ellos pedirá suspender el juicio a fin de estudiar mejor las
acusaciones, lo cual alargaría los lapsos procesales.
Esa práctica es común en la justicia brasileña y se
cree que será usada en este caso, sobre todo porque el informe que presentará
el instructor tiene poco más de 1.000 páginas y estará acompañado por cerca de
10.000 documentos.
Si así fuera, el juicio se suspendería por tiempo
indefinido y sólo sería dictada sentencia a su conclusión.
Aún así, el tiempo seguiría jugando a favor de Temer,
quien podría apelar un posible fallo condenatorio primero ante la propia
justicia electoral y luego frente a la Corte Suprema, que también es conocida
por su celo burocrático y su lentitud.
Mientras las apelaciones estén en curso, Temer seguiría
en el poder y a ello ha hecho alusión el propio mandatario, quien ya en
diciembre pasado presentó un esbozo de su estrategia de defensa.
“Si hubiera una sentencia definitiva será acatada”,
dijo entonces Temer, abogado constitucionalista, pero agregó que todo fallo
“puede ser y sería apelado”, lo que daría lugar a “recursos y más recursos” de
su defensa, que pudieran extender el proceso más allá de enero de 2019.


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