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lunes, 10 de abril de 2017

México asume el liderazgo de América Latina en la crisis de Venezuela




Los enfrentamientos entre opositores y chavistas
han sido interminables en las últimas semanas.

La postura firme de las últimas semanas supone un cambio en la diplomacia mexicana, históricamente activa, tibia en la última década.  Pese a la situación, Nicolás Maduro llama a elecciones regionales mientras las protestas siguen en Venezuela.  Pero, la mayoría de los estudios de opinión vaticinan una aplastante derrota en las urnas para el chavismo.

México.- La escalada del autoritarismo de Nicolás Maduro ha llevado a Venezuela a límites que parecían imposibles de superar. A tenor de lo que ha ocurrido en el último año y medio, no da la impresión de que la situación vaya a revertir. La oposición ha vuelto a recuperar la fuerza en la calle que había perdido en octubre, pese a la violenta represión a la que ha sido sometida en los últimos días. 


Mientras, la comunidad internacional ha intensificado su presión sobre el régimen chavista. En el caso de América Latina, México ha decidido dar un paso al frente y asumir el liderazgo de la región ante la crisis del país sudamericano. Una actitud hasta ahora inusual, que supone cambio sustancial en la política exterior mexicana en la última década.

México lidera al grupo de 14 países de la región –todos a excepción de Ecuador, Bolivia, Nicaragua y el bloque caribeño que, desde hace tiempo, ha mostrado su preocupación por el deterioro de Venezuela. 

Argentina, con la llegada de Macri a la presidencia, encabezó en un primer momento esa corriente, que acompañaron, entre otros, Perú, Chile, Colombia, Brasil y México, bajo cuyo liderazgo, y ante las últimas decisiones del régimen de Maduro, ha elevado el tono. 

El último comunicado conjunto, por primera vez, reclamaba la liberación de los presos políticos, fijar un calendario electoral y que “se reconozca la legitimidad de las decisiones de la Asamblea Nacional”.

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“No podemos y no debemos seguir siendo indiferentes, se trata de una violación sistemática a los principios de la democracia”, aseguró recientemente el canciller, Luis Videgaray, la declaración más rotunda de la diplomacia mexicana hasta la fecha, que propició que su homóloga venezolana, Delcy Rodríguez, le tachase de “servil”. 

Otro gesto llegó esta semana. El presidente, Enrique Peña Nieto, recibió a Lilian Tintori. El mandatario era uno de los pocos dirigentes mundiales que aún no había recibido a la esposa del preso político Leopoldo López. Entre los principales presidentes latinoamericanos, solo Juan Manuel Santos (Colombia) y Michelle Bachelet (Chile) han rehusado esa reunión. Más allá del contenido, el simbolismo de este tipo de encuentros suele ser considerados como una afrenta por el Gobierno de Nicolás Maduro.

“Una suma de coyunturas ha propiciado tener un papel más activo”, reconoce Luis Alfonso de Alba, embajador de México ante la Organización de Estados Americanos (OEA). Uno de los motivos es el “estancamiento” del diálogo, impulsado por Unasur y respaldado por El Vaticano, de tres los expresidentes iberoamericanos, entre ellos el español José Luis Rodríguez Zapatero. 

“No damos por rota esa mediación, pero tendría que haber un planteamiento novedoso porque no han logrado destrabar la situación”, asegura el diplomático mexicano, una opinión que en buena parte de la oposición venezolana es más drástica. “Zapatero ha quedado descalificado”, aseguró recientemente Henrique Capriles, líder opositor inhabilitado por el chavismo durante 15 años el pasado viernes.

El objetivo de México al frente de esta suerte de G-14 es propiciar una alternativa para evitar retomar la mediación de los expresidentes y también una hipotética expulsión de Venezuela de la Organización de Estados Americanos (OEA). “Tenemos que ver cómo reacciona el Gobierno y la oposición, es esencial que haya unidad”, asegura De Alba, quien asegura que los contactos con la diplomacia venezolana son constantes. “Buscamos una respuesta mucho menos retórica”, añade, al tiempo que descarta rotundamente cualquier intervención extranjera en Venezuela, como suele sugerir el chavismo.

Los movimientos de las últimas semanas suponen un cambio sustancial en la concepción de la política exterior mexicana respecto a América Latina. El sexenio de Felipe Calderón (2006-2012) estuvo marcado por la cooperación con Estados Unidos y la guerra contra las drogas, mientras que Peña Nieto, hasta ahora, había hecho más énfasis en promover sus reformas.

 “Durante dos años y medio, Peña Nieto fue cómplice de Maduro, nunca alzó la voz ni hizo críticas; con la llegada de Videgaray cambió el tono”, asegura el excanciller Jorge Castañeda. “Si en América Latina no sales de frente a defender la democracia y los derechos humanos, no tienes bandera. Ahora se ha vuelto a una posición tradicional, México condenó las dictaduras militares y contribuyó a la paz en Centroamérica”, añade Castañeda.

La reunión en la isla de Contadora en 1983 entre México, Venezuela, Colombia y Panamá, que sentó las bases para pacificar Centroamérica, es uno de los ejemplos a los que recurren los expertos, entre ellos Armando Chaguaceda, profesor de la Universidad de Guanajuato y miembro de la directiva de la sección venezolana de LASA (Latin America Studies Association). 

“La solución a la crisis vendrá desde de dentro de Venezuela, pero hay que seguir aumentando la presión, si se rompe la vía diplomática que sea por el Gobierno de Maduro, que es el único actor que tranca cualquier salida”, asegura Chaguaceda, quien sostiene abiertamente una posición que cada vez cala más entre los círculos políticos y diplomáticos conocedores de la situación: “Lamentablemente, una negociación efectiva, para que no tenga dilación y sirva para destrabar, se dará en un contexto más violento, de cierre total del régimen, con una oposición unida y movilizada; será rápida porque alguien del propio régimen instará a buscar una salida”.

Nicolas Maduro

Nicolás Maduro insiste.-
Acuciado por una semana de desórdenes callejeros y de reveses en el plano internacional, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pidió a las autoridades electorales que se apresten a organizar pronto los comicios para elegir a gobernadores de estados y alcaldes.

 “Yo estoy ansioso por que se convoquen las elecciones de gobernadores y alcaldes para darles una pela (una paliza, en el castellano criollo de Venezuela) a esa gente (la oposición)”, dijo Maduro el domingo, en referencia a los opositores, desde la ciudad de Barquisimeto, capital del estado de Lara (centrooccidente del país). La oposición ha convocado este lunes a nuevas protestas en Caracas y otras ciudades.


El llamado a elecciones regionales debió producirse el año pasado, de acuerdo a los plazos determinados en la Constitución vigente. Sin embargo, el Gobierno, valido de su control sobre el organismo electoral, se las arregló para posponerlo, del mismo modo en que logró bloquear la iniciativa opositora para convocar a un referendo revocatorio del mandato presidencial. La mayoría de los estudios de opinión vaticinan una aplastante derrota en las urnas para el chavismo, en caso de que se celebren elecciones.

La pronta realización de elecciones es una de las exigencias de los protestantes que colmaron las calles de Caracas y otras ciudades de Venezuela a lo largo de tres días de la semana pasada. En la actualidad el Gobierno tiene en su haber 20 de 24 gobernaciones provinciales. La previsible pérdida en las urnas de ese capital representaría para el Gobierno una evidencia inocultable de su erosión en términos de apoyo popular.

La reacción de los sectores de oposición ha sido, no obstante, de escepticismo ante el gesto de Maduro. Sus líderes temen que se trate de una manzana envenenada que busca solo un efecto inmediato, el de enfriar la protesta popular.

“Para creerle a Maduro no debe haber ni políticos inhabilitados ni presos políticos”, dijo el lunes en la mañana Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional y dirigente del partido Primero Justicia (PJ). Borges ofreció sus declaraciones mientras los partidarios de oposición se concentraban en la plaza Brión de Chacaíto, centro geográfico de Caracas y límite entre el Este de clase media y el oeste obrero y popular.

La oposición llamó a sus seguidores a marchar este lunes desde ese lugar, como parte de la agenda de acciones de protesta que diseñó para enfrentar al “golpe de Estado continuado” que, según sostiene, se produce en Venezuela desde que el pasado 29 de marzo un dictamen del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), controlado por el oficialismo, despojó a la Asamblea Nacional de sus facultades y autorizó al presidente Maduro para legislar. Aunque luego el propio Supremo revirtió los aspectos más controvertidos del veredicto, la oposición pide sanción para sus autores.

Parte de la marcha se dirigió hacia la autopista Francisco Fajardo de Caracas, con la intención de alcanzar la sede de la Defensoría del Pueblo. En esa arteria vial, la principal de la ciudad capital, que la atraviesa de noreste a suroeste, se registraron enfrentamientos entre manifestantes y piquetes de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).

La alianza opositora, Mesa de Unidad Democrática (MUD), espera reunir el próximo miércoles, 19 de abril, la que ha llamado “la madre de todas las movilizaciones”. Para lograrlo, le resulta crucial mantener vivo durante el asueto de Semana Santa el impulso protestatario de los días recientes.
 
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