Escrito por
La Redacción.
abril 24, 2017
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Carteles de publicidad
electoral de Le Pen y Macron
en un mercado de
Bethune, este lunes.
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Macron y Le Pen inician la fase final de una campaña que se plantea como un referéndum sobre Europa.
PARIS.- Francia
abre una era política marcada por el hundimiento de los viejos partidos y la
consolidación de nuevas fracturas geográficas, socioeconómicas e ideológicas.
Ni Emmanuel Macron ni Marine Le Pen, que el 7 de mayo se
enfrentarán en la segunda vuelta de las presidenciales, pertenecen a las
formaciones que han gobernado en las últimas décadas.
Ya no se oponen izquierda
y derecha, sino europeístas y soberanistas, liberales y proteccionistas,
reformistas y populistas. La primera vuelta de las presidenciales, el domingo,
deja un país dividido entre campo y ciudad, interior y costas, este y oeste,
personas con bajo y alto nivel educativo, incluso franceses infelices y
felices. El mapa se transforma.
Macron llama a la
unidad de los demócratas, de “los patriotas frente a la amenaza de los
nacionalistas”. Es un intento de reproducir la unidad nacional que cristalizó
en mayo de 2002 cuando el presidente neogaullista Jacques Chirac se disputó la
presidencia con Jean-Marie Le Pen, el viejo patriarca ultra y padre de Marine
Le Pen. Chirac sacó 82% de votos.
El candidato de En
Marche! no es un político profesional y longevo como Chirac, sino un novato.
Fue banquero y, tras un breve paso por el gabinete del presidente François
Hollande y dos años como ministro de Economía, sin haber ganado nunca antes
unas elecciones, se lanzó a la presidencia. Cree que izquierda y derecha son
categorías obsoletas y que hay que pensar en términos de conservadores y
progresistas. Hay conservadores y progresistas de izquierdas y derechas, en su
opinión, y él reclama el manto de este progresismo transversal.
Los sondeos dan
este lunes Macron en torno a un 62% de votos frente a un 38% de Le Pen, pero Macron
teme que dar la victoria por segura desmovilice a sus votantes y ponga en
riesgo la victoria.
Sobre la UE.- Sobre
la “globalización salvaje”, como dijo la candidata en un guiño a los votantes
de izquierdas que pueden sentirse seducidos por su programa económico. Sobre la
nación: “Francia sí o no”, resumió en una entrevista radiofónica su mano
derecha, Florian Philippot. Philippot es un hombre clave en los próximos días
puesto que, procedente del soberanismo de Jean-Pierre Chevènement, puede
ampliar la base del FN más allá de la esquina ultraderechista.
El voto del
descontento con el sistema va más allá de Le Pen. Los votos por la candidata
del FN y quienes apostaron el domingo por el izquierdista Juan-Luc Melenchon, líder del movimiento
Francia Insumisa, que, entre otras cosas llama a ponerse firmes ante una Europa
que, sostiene, ya no se preocupa por los ciudadanos, suman más de un 40%.
Para la izquierda,
proteccionismo económico; para la derecha, protección de las fronteras: este es
el terreno de juego que quiere delimitar Le Pen en la segunda vuelta.
Macron
—exbanquero, europeísta, liberal— es el candidato idóneo para esta partida, su
rival soñado, el que le permite reproducir de la manera más similar el duelo
entre Donald Trump y Hillary Clinton en las presidenciales de noviembre en EE
UU. Con la diferencia de que Macron, al contrario que Clinton, es un rostro
nuevo en la política francesa.
Y, aunque cuenta con el apoyo de los líderes de
los grandes partidos rechazados el domingo, y del establishment
económico, ofrece un mensaje de renovación generacional y de optimismo que contrasta
con la visión pesimista y la Francia en repliegue de Le Pen.
La desventaja de
la que parte Le Pen, y la celebración anticipada en algunos sectores del
macronismo, no ocultan la fuerza enorme del FN. Nunca había obtenido tantos votos en unas elecciones nacionales.
Ya es el primer partido de la derecha, un elemento asumido en el paisaje
político francés. Lo que en 2002 supuso una conmoción nacional —la llegada de
Le Pen padre a la segunda vuelta— hoy sus rivales lo ven como algo normal,
previsible, incluso una buena noticia porque Le Pen hija sacó menos votos de lo
esperado. Pero el resultado expresa una serie de fracturas que se han ahondado
en décadas pasadas y ahora emergen en su esplendor.
La fractura es
geográfica.- una divisoria que parte Francia por el medio, entre las regiones
atlánticas de Macron y las mediterráneas y orientales de Le Pen. Es lo que
Jacques Attali, consejero de presidentes y mentor de Macron, llama la
diferencia entre la Francia del interior y la Francia marítima, más encerrada y
pesimista la primera, más optimista la segunda.
Otra fractura
separa ciudades y campo. El ejemplo más claro es París, como señala Le
Monde, donde Le Pen no llega al 5% de votos, mientras que Macron se acerca
al 35%. Pero el esquema se repite por toda Francia: derrota del FN en las
grandes ciudades y victoria clara en los pueblos.
Es lo que el geógrafo
Christophe Giulluy llamó hace unos años “la Francia periférica”, la de las
pequeñas ciudades y pueblos lejos de las capitales, un país desconectado de la
globalización y de las élites metropolitanas.
Un sondeo
publicado por instituto Ipsos expone otra fractura: la de la educación. Las
personas con tres años de estudios universitarios como mínimo votaron en un 30%
a Macron y en un 9% a Le Pen.
Las personas sin bachillerato votaron en un 30% a
Le Pen y en un 19% a Macron. Los ingresos también condicionan el voto. Quienes
ganan más de 3.000 euros mensuales votaron en un 32% a Macron; quienes ganan
menos de 1.250, en un 32% a Le Pen.
El próximo
presidente deberá gobernar para estos dos países, cada vez más alejados. Para
lograrlo, gane quien gane el 7 de mayo, deberá obtener una mayoría
parlamentaria en las legislativas de junio. La segmentación política y social
no se lo pondrá fácil.



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