Escrito por
La Redacción.
abril 08, 2017
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Las naciones,
antiguas adversarias de la Guerra Fría, han caído de nuevo en una espiral de
confrontación debido al reciente ataque de Estados Unidos contra una base
militar del presidente sirio Bashar Al Asad, un protegido de Rusia.
Ya sin el
optimismo de una “recomposición” de las relaciones, Estados Unidos y Rusia se
dieron con todo el viernes e intercambiaron fuertes acusaciones sobre qué país
violaba el derecho internacional.
“Se acabó. La
neblina restante de la elección se ha disipado”, dijo el viernes el primer
ministro ruso Dmitry Medvedev en su página de Facebook. Las relaciones
ruso-estadounidenses están “completamente arruinadas”, apuntó.
Dijo que Estados
Unidos se acercó peligrosamente a “un enfrentamiento militar” con Rusia tras
disparar 59 misiles crucero contra la base aérea de Shayrat.
Trump aseguró que
las fuerzas de Asad lanzaron un terrible ataque con armas químicas desde esa
instalación a principios de semana.
La intervención
militar de Trump, diseñada para castigar a Assad, fue la muestra más clara de
la disposición del mandatario estadounidense para desafiar al presidente ruso
Vladimir Putin, y en una forma que no lo hacía un gobernante de Estados Unidos
desde hace mucho tiempo.
Cuando elogiaba al
presidente ruso, emitía declaraciones cuestionables sobre las acciones
militares de Rusia en Ucrania y Siria, e insistía en una nueva relación con
Moscú, el multimillonario estadounidense había generado la percepción de que no
quería enfadar a Putin, un exagente de la KGB.
Esa percepción
ganaba fuerza con las investigaciones federales sobre una posible confabulación
entre el equipo de la campaña presidencial de Trump y la inteligencia rusa para
intervenir en el proceso electoral estadounidense.
Este sábado la
pregunta era si Putin se sentirá obligado a mostrar que no se le puede
contrariar sin que se la paguen.
Horas después del
ataque con misiles, Moscú anunció que interrumpiría una línea de comunicación
directa que ambos países establecieron en 2015 para evitar un enfrentamiento
accidental entre los aviones de Rusia y Estados Unidos en los concurridos
cielos de Siria.
Para el mediodía
del viernes, Estados Unidos insistió en que Rusia debía mantener abierto el
canal de “desconflicto”. Rusia insistió en que la línea sería suspendida la
medianoche del sábado en Moscú.
El gobierno de
Trump respondió y altos funcionarios militares de Estados Unidos dijeron que
investigan si Rusia fue cómplice en la utilización por parte del ejército sirio
de un gas neurotóxico similar al sarín, quizá mediante apoyo aéreo con algún
dron y asistencia a las fuerzas de Assad en su intento por encubrir el ataque.
En el Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas, la embajadora de Estados Unidos, Nikki Haley, se
mofó de lo que describió como el fracaso de Moscú para eliminar las armas
químicas de Siria según un acuerdo de 2013.
“Podría ser que el
régimen de Assad tome como tontos a los rusos”, señaló Haley.
A tres meses de
que comenzó la presidencia de Trump, casi se han evaporado las posibilidades de
colaboración con Rusia en la lucha contra el grupo Estado Islámico, en
reducción de arsenales y en la disminución de las tensiones en Europa oriental.
Una prueba crucial
en la que se verá si la relación puede ser salvada se dará cuando el secretario
norteamericano de Estado, Rex Tillerson, se convierta en el primer integrante
del gabinete de Trump en visitar Rusia la semana entrante. Es posible una
reunión de Tillerson con Putin mismo.
A pesar de la
situación en Siria, funcionarios estadounidenses insistieron en que el viaje de
Tillerson seguía en pie.
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