Escrito por
La Redacción.
abril 23, 2017
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La ultraderechista Marine Le Pen
y el
socioliberal Emmanuel Macron
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París.- El
centrista proeuropeo Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen
disputarán el 7 de mayo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en
Francia, un duelo que castiga a los dos partidos tradicionales.
Es la primera vez,
en casi 60 años, que la derecha estará ausente de la segunda vuelta y la
primera que no habrá representantes de los dos grandes partidos que dominan la
política desde hace medio siglo: los socialistas del presidente saliente
François Hollande y los conservadores.
Según las primeras
estimaciones de tres institutos de sondeos, la diferencia entre Macron y Le Pen
es muy estrecha, con entre 23-24% para el primero y el 21,6-23% para la
segunda. Les siguen el conservador François Fillon (19-20,3%) y el izquierdista
Jean-Luc Mélenchon (19,5-20%).
A sus 39 años, al
frente de un nuevo partido, ¡En Marcha!, Macron ha ganado una
apuesta que muchos daban por perdida hasta que despuntó en las encuestas a
finales de enero.
“Los franceses han
expresado su deseo de renovación”, declaró Macron, al que los sondeos
dan como ganador en una segunda vuelta. Uno de los grandes perdedores del día,
el conservador François Fillon, pidió el voto para Macron. “No tenemos más
opción que votar contra la extrema derecha”, afirmó.
El primer ministro
del gobierno socialista, Bernard Cazeneuve, también llamó a votar por él.
Marine Le Pen,
de 48 años, estaba exultante de alegría ante un “resultado histórico” y “una
primera etapa superada” para el partido Frente Nacional (FN), con el que
repitió la hazaña de su padre 15 años después.
Cualquiera de los dos haría
historia: Macron
como el presidente más joven de Francia y ella como la primera mujer en la
jefatura del Estado.
Una victoria de Macron en mayo supondría
una bocanada de aire fresco para la Unión Europea. Macron, exministro de
Economía de Hollande, ha hecho campaña con un programa abiertamente proeuropeo
y liberal. Si se impusiera Marine Le Pen se avecinaría en cambio una época de gran incertidumbre
para la UE debido a su defensa de la salida del euro, que podría propinar un
golpe fatal a un bloque ya debilitado por el Brexit.
Capitalizando el
hartazgo de los franceses con el sistema, la ultraderechista se benefició de la
misma ola populista que propulsó la victoria de Donald Trump en Estados Unidos,
con un programa centrado en el “patriotismo” y la “preferencia nacional”. Pese
a la amenaza de atentados yihadistas que planeaba sobre estos comicios, los
franceses no se dejaron amedrentar y acudieron masivamente a las urnas.
La participación
rondó el 70%, una de las más altas de los últimos 40 años. La recta final de la
campaña se vio sacudida esta semana por un ataque en la emblemática avenida de
los Campos Elíseos de París y el desbaratamiento de un atentado inminente, en
un país ya traumatizado por una ola de ataques yihadistas que ha provocado más
de 230 muertos desde 2015.
En este clima de
tensión máxima, las autoridades no escatimaron en medios para garantizar la
seguridad en todo el territorio para la votación, con el despliegue de más de
50.000 policías y gendarmes, que contaron con la ayuda de 7.000 militares. A
nivel interno, estas elecciones son consideradas cruciales en un país con una
economía maltrecha por el desempleo y un crecimiento que no acaba de arrancar
desde la crisis de 2008.
La carrera por el
Elíseo ha sido muy atípica. Debilitado por una impopularidad récord, Hollande
se vio obligado a renunciar a presentarse de nuevo, algo nunca visto en Francia
en más de 60 años.
El candidato
socialista Benoît Hamon no pasó del 7% de los sufragios. La campaña estuvo
marcada por los enredos judiciales, relegando a un segundo plano el debate
sobre los temas de fondo. Fillon está imputado a raíz del escándalo de empleos
públicos presuntamente ficticios de su esposa y de dos de sus hijos.
Le Pen
no se queda atrás y está siendo investigada por empleos presuntamente ficticios
en el Parlamento Europeo, donde ocupa un escaño, y supuestas irregularidades en
el financiamiento de campañas pasadas. Sin embargo se niega a ser interrogada
por la justicia, invocando su inmunidad parlamentaria. Mélenchon, el último en
colarse entre los favoritos en los sondeos con un discurso combativo contra “la
casta” política, volvió a quedarse fuera del dúo de cabeza.
Este exsocialista
convertido en estandarte de la “Francia insumisa”, fue un gran admirador del
exlíder venezolano Hugo Chávez y del cubano Fidel Castro. Macron y Le Pen
disponen ahora de 15 días para convencer a los 47 millones de electores de que
son la mejor opción para dirigir el país. El que lo consiga tendrá luego que
tejer alianzas de cara a las legislativas a dos vueltas de junio, que hasta
ahora han favorecido a los partidos tradicionales.


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