Escrito por
La Redacción.
abril 28, 2017
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Donald
Trump durante una entrevista de prensa.
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En plena escalada, el presidente de Estados Unidos señala que la mediación de China corre el riesgo de fracasar y que espera que Kim Jong-un sea "racional".
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Kim Jong-un, presidente de Corea.
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WASHINGTON.-
La escalada prosigue. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, disparó
las alertas mundiales al sugerir que un choque bélico con Corea del Norte está
sobre el tablero de juego.
“Hay una
posibilidad de que podamos terminar teniendo un gran, gran conflicto con Corea
del Norte. Absolutamente”, dijo en una entrevista de prensa.
Aunque el
mandatario apostó por la vía diplomática, la declaración, lejos de calmar las
agitadas aguas bilaterales, supone un nuevo paso hacia un enfrentamiento
sobre el que se cierne el espectro nuclear.
La pugna con Corea del Norte
arrecia. El claustrofóbico régimen de Pyongyang está embarcado en un histórico
pulso con Estados Unidos. Su objetivo
es poseer un misil intercontinental y desde hace 20 años no ha
dejado de afinar su rudimentario armamento hasta desarrollar una bomba atómica
de 30 kilotones (dos veces la de Hiroshima) y una potencia balística suficiente
para amenazar a Corea del Sur y Japón.
Estados Unidos ha tratado de frenar esta escalada.
Tras el fracaso de las sanciones, ha optado por aumentar la presión militar e
incluso ha mostrado su disposición a emprender un ataque preventivo.
En esta coreografía ha enviado al poderoso
portaviones nuclear Carl Vinson y a su grupo de combate a aguas de
la península coreana. Al mismo tiempo, ha desplegado su escudo antimisiles en
Corea del Sur.
“La mejor manera de reducir la tensión en la península
coreana es proporcionando un poder de combate creíble 24 horas al día y siete
días a la semana”, ha dicho el responsable militar en el Pacífico, el almirante
Harry Harris.
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Soldados norcoreanos
desfilan ante Kim Jong Un.
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Esta demostración de poder ha servido para cargar aún
más la retórica de Pyongyang. Detrás del telón comunista se oculta una tiranía
hereditaria y venenosa que ha hecho de la amenaza de guerra su principal signo
de identidad.
Una máquina de poder personal, en manos del líder
supremo Kim Jong-un, que desafía a Washington, una economía 1.600 veces más
poderosa, con un planteamiento suicida: la disposición a recibir una andanada
del mayor ejército del planeta, a cambio de golpear con el arma nuclear, aunque
solo sea una vez, a su enemigo o algunos de sus aliados.
Este terrorífico escenario ha logrado mantener al
régimen a flote y ha evitado que las presiones devengan hasta ahora en acciones
militares.
En este horizonte, Trump ha apostado por una política
de mano dura y, tras los éxitos de los bombardeos en
Siria y Afganistán, ha enseñado los dientes. La posibilidad de que
este pulso acabe en un enfrentamiento armado es vista por los expertos como muy
lejana, pero la narrativa de Trump parece indicar lo contrario. “Nos gustaría
resolver estas cosas diplomáticamente, pero es muy difícil”, ha afirmado en la
entrevista.




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