Escrito por
La Redacción.
abril 02, 2017
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Por Juan Bolivar Díaz
Periodista,
doctor en Filosofía. Premio Nacional de Periodismo. Catedrático
Universitario, conferencista sobre diversos temas, ex embajador de la
República Dominicana en varios países, comentarista de radio y
televisión.
La marcha de Santiago, culminando un trimestre de grandes movilizaciones sociales sin quemar una goma ni repartos clientelistas, selló el éxito del movimiento verde contra la corrupción y la impunidad, que ahora afronta el desafío de la consolidación.
SANTO DOMINGO.- La marcha del domingo 26 en Santiago contra la corrupción y la impunidad superó todos los vaticinios y ya no dejó la menor duda de la fortaleza de la mayor movilización social de la historia del país al margen de los partidos políticos y los sindicatos, sin quemar una goma ni tirar una sola piedra y con incorporación masiva de las clases medias.
El Movimiento Verde, que ha cifrado su éxito en su carácter policlasista,
multisectorial y de dirección muy colectiva, que ha dejado al gobierno y su
partido desconcertados y sin respuesta, afronta ahora el desafío de manejar su
diversidad y evitar el aventurerismo, para lograr una consolidación que le
garantice alcanzar sus objetivos.
Santiago es Santiago.- Volvió a cobrar vigencia el acertijo de que
“Santiago es Santiago”. Prometieron que superarían el tremendo éxito de la
manifestación del 22 de enero cuando decenas de miles de capitalinos marcharon
despertando sectores sociales adormecidos, y lo lograron.
Entre observadores
sociales hay consenso en que la marcha del 26 en “la ciudad corazón” alcanzó
las dimensiones de la capitalina y la superó por lo menos en entusiasmo y
creatividad, incluyendo una comparsa carnavalesca con máscaras que proclamaban
el fin de la impunidad.
Tras esta manifestación las centenares de bocinas gubernamentales en los
medios de comunicación y las redes sociales, tuvieron que admitir que están
frente a un fenómeno social y fueron reprogramadas, enfilando ahora sus cañones
a la difusión de intrigas que procuran incentivar competencias y división en el
múltiple liderazgo del movimiento.
Ya el 5 de marzo en Puerto Plata tuvo lugar otra marcha multitudinaria y
constituyó un éxito el libro verde que en febrero logró reunir 312 mil firmas
de ciudadanos y ciudadanas demandando el fin de la impunidad para contener la
expandida corrupción gubernamental y política. Entre el 13 y el 19 de marzo,
una llama verde recorrió el país expandiendo y generalizando el sentimiento de
indignación que se agiganta en la medida en que pasan meses sin la menor
coerción judicial por el escándalo de corrupción internacional de Odebrecht que
alcanzó aquí el mayor nivel en términos proporcionales. El verde fue enarbolado
hasta en los estadios de beisbol del país y Miami.
Una gran diversidad.- La principal característica del movimiento verde es
su heterogeneidad y el papel protagónico de las clases medias, a través de
grupos emergentes que no conocían el fragor de las protestas callejeras. Pero
su dirección no es tan improvisada, pues incluye entidades sociales con
experiencia en las movilizaciones que lograron la inversión del 4 por ciento en
educación, que levantaron campamentos para defender de una cementera el parque
nacional de Los Haitíses y de una explotación minera la loma Miranda. Más
recientemente esos movimientos sociales lograron la recuperación de la Bahía de
las Aguilas y del barrio Los Tres Brazos y paliar la desnacionalización de los
domínico-haitianos con la ley 169-14.
El Foro Ciudadano, que agrupa a más de cien entidades sociales y
comunitarias, el Centro Bonó, el movimiento Participación Ciudadana, Copadeba, Acopro,
Poder Cudadano y el Centro Juan XXIII ya habían sido protagonistas en las
coaliciones por la Educación Digna y Justicia Fiscal. Están también
agrupaciones sociales, barriales y campesinas vinculadas a las viejas luchas
populares, como el Frente Amplio de Lucha Popular, Feflas, Articulación
Nacional Campesina y Conamuca. Y resaltan nuevos agrupamientos, en
especial cibaeños, como la Fundación Masada, Santiago Somos Todos y Somos
Pueblo.
El movimiento ha tenido decenas de voceros en sus actividades y
presentaciones mediáticas, muchos de ellos jóvenes debutantes en las
luchas sociales, pero ha contado con la experiencia de incansables activistas
como María Teresa Cabrera, Manuel Robles, Mario Bergés, Mario Serrano, Fernando
Peña, Domingo de la Cruz, fortalecidos con profesionales como de José Luis
Taveras, Lucienne Carlo, Giovanny D´Alesandro, Ricardo Ripol, Mario Fernández y
otros. Han contado con un amplio apoyo en los medios de comunicación, expertos
en publicidad y en el manejo de las redes sociales y de periodistas de la
categoría de Altagracia Salazar, Ricardo Nieves, Jhonatan Liriano, Natalia
Mármol y Franiel Genao.
Sin partidos ni
sindicatos.- En la memoria
colectiva hay coincidencia en que las manifestaciones del Movimiento Verde son
las mayores protagonizadas en el país sin el concurso directo de grandes
partidos ni del movimiento sindical cada vez más distante de las luchas
populares. Aunque el mayor partido de la oposición, el Revolucionario Moderno,
las ha respaldado desde el principio, sus dirigentes no han tenido incidencia.
Lo mismo los de Alianza País, Alianza por la Democracia, Opción Democrática,
Frente Amplio, Dominicanos por el Cambio, Partido Comunista del Trabajo, Patria
para Todos y otros partidos. Han respetado el carácter apartidista del
movimiento, aunque a título particular profesionales y cuadros vinculados a
ellos han tenido participación en tareas organizativas.
Otra característica relevante del movimiento contra la corrupción y
la impunidad es que no ha levantado reivindicaciones sectoriales, como tampoco
ha quemado una goma ni se ha ejercido presión para lograr participación o
paralizaciones de actividades, a diferencia de las grandes jornadas de lucha
popular y paros generales de las décadas de los ochenta y noventa. Su carácter
absolutamente pacífico ha facilitado la incorporación de las clases medias en
proporciones sin precedentes.
Al principio las bocinas gubernamentales pretendieron estigmatizar el
movimiento atribuyéndolo al PRM, lo que abandonaron cuando la encuesta Gallup
mostró que el 91 por ciento de la población lo respaldaba. Luego han querido
afiliarlo a los intereses de los generadores eléctricos, pero cada vez es más
evidente que tiene un carácter masivo, con costo mínimo, porque no reparte ni
regala nada, como tampoco promete. Los paraguas, camisetas y gorras verdes se
venden y la mayor parte cubre su transporte.
Los próximos pasos.- Con el mes de abril comienza un segundo trimestre
clave para el movimiento contra la corrupción y la impunidad, para alcanzar
junio-julio cuando se espera que la justicia brasileña haga públicas todas las
implicaciones del escándalo Odebrecht que, según se adelanta, sacudirán el
sistema político de los países implicados.
Después de las manifestaciones masivas, los activistas del movimiento
discuten este fin de semana los próximos pasos para mantener encendida la llama
que ha conmovido la nación. Tienen pendiente terminar de recoger los libros
verdes esparcidos por todo el país y en el exterior y presentar un balance que,
según habría duplicado las 312 mil firmas de febrero. También se contempla la
posibilidad de algunas marchas regionales en el sur, este y nordeste y
enfatizar la necesidad de profundas reformas políticas, electorales e
institucionales fundamentales para combatir la corrupción y la impunidad.
No han faltado propuestas de una paralización nacional, pero predomina la
convicción de que ese es un recurso extremo, descartado en la actual etapa de
espera del desenlace judicial y que podría implicar recogimiento de los importantes
segmentos de las clases medias, fundamentales en la lucha contra la impunidad,
por su mayor independencia económica y su influencia en los medios de
comunicación, en las redes sociales y en la opinión pública. En todo caso
buscan mantener el consenso, aunque implica mucho tiempo.
Afianzar la compactación.- En el liderazgo del Movimiento Verde hay
conciencia de las dificultades de afianzar la compactación de tan gran
diversidad y pluralidad de grupos, segmentos y personalidades tan independientes
y saben que ese es su principal desafío. También están alertas de los esfuerzos
que podrían provenir de los poderes políticos y voceros beneficiarios de la
corrupción y la impunidad, que buscarían sembrar cizañas en el liderazgo
social.
Pero hay quienes advierten contra las tendencias a sobreestimar los
éxitos, a atribuirse protagonismos y liderazgos, a manipular políticamente el
movimiento o a asumir un discurso antipartidos que desconozca el rol de estos
en la democracia y le vuelque en contra todo el sistema político. Han insistido
en que se trata de un movimiento esencialmente cívico, de ciudadanía, por lo
que rechazan las banderas partidistas en sus actos, pero no excluyen la
participación de dirigentes y militantes políticos coincidentes en la necesidad
de contener la corrupción y la impunidad.
Al liderazgo social le convendría una reflexión profunda sobre la suerte
que han corrido las grandes movilizaciones nacionales del pasado y las
internacionales de los últimos años, como los indignados de España, Grecia,
Nueva York o de la primavera Arabe, que se han diluido por no haber hecho
alianzas tácticas con los sectores políticos más sanos sin alcanzar los
objetivos fundamentales. Más temprano que tarde las decisiones son siempre
políticas, en el Congreso, la justicia y sobre todo en el gobierno central. (Tomado del periódico Hoy. Domingo, 2 de abril de 2017)
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