Escrito por
La Redacción.
octubre 20, 2016
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Señor Presidente, este es un momento oportuno para dar
un giro al estado en que se encuentra la investigación agropecuaria en el país.
El primer paso en este sentido es apoyar con recursos económicos y técnicos los
centros que integran el sistema nacional de investigación, para poner a estos
en capacidad de generar y validar soluciones tecnológicas a los problemas que
enfrenta la agricultura, le dice Hipólito Mejía a Danilo Meina.
SANTO DOMINGO.- El
ex presidente Hipólito Mejía sugirió al presidente de la República Danilo
Medina dedicar más recursos al sector agropecuario, y en particular a la
investigación de rubros que serán cada día más importantes para la generación
de recursos y para la alimentación del pueblo dominicano.
En una carta remitida al presidente Medina, Hipólito dice que se prevé
que el 90 por ciento de los incrementos en producción en los próximos años sea
fruto de la aplicación de nuevos conocimientos y sólo el restante 10 por ciento
sea el resultado de la ampliación de las áreas cultivadas.
Mejía y Danilo Medina se encontraron el sábado pasado en Rancho Arriba,
San José de Ocoa, en donde compartieron y hablaron ampliamente, junto a Rafael
Perelló, presidente de Industrias Banilejas, entidad privada que abrió su
centro de producción cafetalero resistente a las enfermedades que han puesto
fin a la producción nacional de café.
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Rafael Perreló en una de sus fincas productoras de café
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De acuerdo con Hipólito Mejía, es necesario que el gobierno asuma
seriamente la tarea de atender los centros de investigación agropecuaria, y se
queja de que en los últimos 10 años los gobiernos dominicanos solo hayan
dedicado 250 millones de pesos a la investigación del sector agropecuario.
“La
inversión pública del país en investigación agropecuaria, en los últimos 10
años, apenas alcanza menos de 250 millones de pesos, es decir, aproximadamente
5 millones de dólares al año. Con estos niveles de inversión, es casi
imposible, impulsar condiciones de competitividad equiparable al de las
naciones con las cuales compite nuestra producción en los mercados
internacionales.”
Vea a continuación la carta remitida por
Mejía a Medina:
Excelentísimo señor Presidente:
Después de la provechosa actividad que auspició nuestro mutuo amigo Don
Rafael Perelló, en su centro de reproducción cafetalera en Rancho Arriba,
provincia San José de Ocoa, es oportuna la ocasión para compartir con Usted
algunas reflexiones sobre el estado actual de nuestra agricultura, especialmente
lo que concierne a la situación de la investigación y difusión tecnológica y
sus implicaciones en los avances del sector agropecuario, como uno de nuestro
más firmes pilares en el desarrollo económico y social del país.
Como es bien sabido por Usted, los grandes avances de la agricultura
así como el aumento de la producción de alimentos en el mundo son el resultado
de cambios tecnológicos generados a través de la investigación y la extensión
agrícola. A este respecto se prevé que el 90% de los incrementos en producción
en los próximos años sea fruto de la aplicación de nuevos conocimientos y sólo
el restante 10% sea el resultado de la ampliación de las áreas cultivadas.
La revolución verde que permitió duplicar y hasta triplicar los
rendimientos de los principales productos de la alimentación humana a través
del uso de fertilizantes, control químico de plagas, enfermedades y malezas son
el fruto de los avances científicos y el conocimiento desarrollado en los
centros de investigación.
Estos logros se tradujeron en mayor productividad y permitieron no solo
alimentar la creciente población mundial sino también salvar millones de
hectáreas de bosques de ser eliminadas para dedicarlas a la agricultura.
Ahora estamos frente a nuevos desafíos, ya que se estima que para los
próximos 30 años se duplicará la demanda actual de bienes agropecuarios, debido
principalmente al aumento de los ingresos de grandes núcleos poblacionales, que
pasarán a consumir más derivados cárnicos y lácteos, así como más frutas y
vegetales.
Esas proyecciones constituyen excelentes oportunidades para naciones
como la nuestra, con gran potencial para la producción de estos rubros, pero
para aprovechar estas oportunidades el país tendrá que mejorar su capacidad de
producir competitivamente
bienes agropecuarios, con altos niveles de calidad e inocuidad.
La sostenibilidad medioambiental es otro de los grandes retos que enfrentan
los actuales sistemas de producción para garantizar que el uso intensivo del
suelo, así como la aplicación masiva de pesticidas y fertilizantes no tenga
secuelas irreversibles sobre el suelo, el agua y el medio ambiente.
En consecuencia, la existencia de un eficiente sistema de investigación
y transferencia tecnológica, es fundamental para alcanzar los niveles de
productividad, calidad e inocuidad en la producción de bienes agropecuarios,
que le permitan a la
República Dominicana convertirse en un país globalmente
competitivo.
Aunque el país dispone de una red de centros de investigación bajo la
coordinación del Instituto Dominicano de Investigación Agropecuaria y Forestal
(IDIAF), la falta de recursos económicos y recursos humanos especializados, dificultan
que estos centros puedan responder a las necesidades tecnológicas que requiere
la agricultura de nuestro país hoy día.
Son estos centros de investigación los llamados a generar tecnologías
para la producción orgánica bajo techo, sobre los polinizadores criollos que
pueden ser utilizados para aumentar la productividad de los cultivos
seleccionados, sobre los insectos predadores de las principales plagas de los
cultivos bajo invernadero, sobre las mejores formas de controlar plagas y
enfermedades utilizando agentes biológicos variados con seguridad y garantía
absoluta para los consumidores.
El país tiene una gran oportunidad en la producción de frutas
tropicales, dada la creciente demanda en los mercados internacionales de frutas
tales como banano, aguacate, piña, mango, guayaba y guanábana, entre otras,
pero para ello se necesitará generar conocimientos apropiados sobre el control
biológico de plagas, la nutrición dirigida y el manejo post-cosecha de los
cultivos. También debería contemplarse la introducción de nuevos cultivares
como son la pitajaya, carambola y, otras, así como aumentar las facilidades
para la reproducción celular de plantas, lo cual requiere de laboratorios
especializados.
Con el propósito de impulsar el desarrollo de tecnologías y sistemas de
manejos aplicados a la producción de frutas tropicales, se estableció la
estación de investigación en frutas localizada en Matanzas, Baní. Este centro,
que hoy se encuentra abandonado, sería el indicado para la reproducción del
material genético y la generación de los conocimientos que necesita nuestra
fruticultura para alcanzar los estándares que requieren los mercados
internacionales.
En el caso de los cultivos tradicionales, el país necesita recuperar su
capacidad de producción, y para ello se requiere el desarrollo y aplicación de
paquetes tecnológicos que reviertan la baja productividad y rentabilidad que
actualmente se observa en estos cultivos.
El valle de San Juan de la
Maguana tiene un clima muy apropiado para la producción de
granos de leguminosas y cereales y de hecho hasta hace poco esta zona fue la
principal productora de frijol, guandul y maíz del país. Lamentablemente, esta
capacidad se ha perdido y sólo el pasado año el país importó más de 800 mil
quintales de frijol y un monto superior a los 200 millones de dólares en maíz.
Es necesario convertir la estación experimental de Arroyo Loro, en San
Juan de la Maguana,
en un instrumento de tecnificación de la agricultura del valle y puerta de
entrada de innovaciones para diversificar y elevar la rentabilidad de los
productores.
El cultivo del arroz, base de la seguridad alimentaria del país,
requiere de una capacidad permanente de mejoramiento genético, multiplicación
de semillas, adaptación de nuevas prácticas de cultivo, fertilización, manejo
de agua y secado, por lo que es muy importante que la estación de investigación
Juma, Bonao, permanezca como un centro de experimentación de vanguardia para el
cultivo del arroz.
En el café, el país ha pasado de ser un exportador importante a
importador de este grano. De aproximadamente 900 mil quintales anuales que se
producían en promedio en la década pasada, en los últimos dos años apenas se
produjeron menos de 300 mil quintales, viéndose el país obligado a importar
este grano para poder satisfacer su demanda interna.
La estación experimental localizada en la Cumbre, Puerto Plata, deber
ser rehabilitada para generar respuestas a los problemas que enfrentan los
productores de café, así como para probar y multiplicar variedades mejoradas de
mayor rendimiento y resistencia a la roya, con las cuales reponer las viejas
plantaciones susceptibles a las plagas y enfermedades que han estado afectando
el cultivo en los últimos tiempos.
El cultivo de tomate industrial ha estado en los últimos tres años
sometido a severos ataques de plagas y enfermedades que han afectado
notablemente la productividad del cultivo y arruinado la economía de los
pequeños productores que se dedican a la siembra de este rubro en la zona de
Azua. Por ello, es de vital importancia que el Centro de Investigaciones
Aplicadas a Zonas Áridas (CIAZA), localizado en el Valle de Azua, recupere la
capacidad de trabajar en la búsqueda de respuestas a los problemas que enfrentan
los productores de este cultivo y otros, como es el cultivo del plátano en la
zona de influencia del canal Yaque del Sur.
También, para la producción de vegetales orientales y la agricultura de
invernaderos, se necesita la generación de investigación especializada, ya que
los mercados hacia donde van dirigidos estos productos son muy exigentes en
cuanto al manejo de los residuos de pesticidas y la inocuidad de los mismos.
En cuanto a la ganadería de leche y carne, debido a que su producción
está en manos, principalmente, de pequeños y medianos ganaderos, el avance y
desarrollo de este sector requiere del auxilio estatal más que ningún otro.
Para elevar la productividad de la actividad pecuaria, el país necesita
trabajar en el mejoramiento genético, la mejora de pastos y los sistemas de
alimentación del ganado, así como el control sanitario, para lo cual, tanto el
Centro de Investigaciones Agropecuarias, con su sede central en el Km. 25 de la
autopista Duarte, como el Centro de Reproducción Caprina, ubicado en la
comunidad Las Tablas, Bani, deben dotarse de la capacidad de generar
tecnologías y conocimientos aplicados a la ganadería del país.
Señor Presidente, este es un momento oportuno para dar un giro al
estado en que se encuentra la investigación agropecuaria en el país. El primer
paso en este sentido es apoyar con recursos económicos y técnicos los centros
que integran el sistema nacional de investigación, para poner a estos en
capacidad de generar y validar soluciones tecnológicas a los problemas que
enfrenta la gricultura.
La inversión pública del país en investigación agropecuaria, en los
últimos 10 años, apenas alcanza menos de 250 millones de pesos, es decir,
aproximadamente 5 millones de dólares al año. Con estos niveles de inversión,
es casi imposible, impulsar condiciones de competitividad equiparable al de las
naciones con las cuales compite nuestra producción en los mercados
internacionales.
Aquellos países con sistemas agrícolas altamente desarrollados y
competitivos, como son Israel, Japón, los Estados Unidos, España y Chile,
entre otros, se caracterizan por dedicar montos significativos de inversión a
la investigación y experimentación agropecuaria.
Señor Presidente, estoy convencido que la inversión, así como los
recursos dedicados a la investigación y a la creación de conocimientos
aplicados a la agricultura, tienen el más alto retorno económico y social; son
la mejor contribución que se puede hacer para garantizar la seguridad
alimentaria; y constituyen una fuente confiable de generación de divisas y
promoción de la sostenibilidad medioambiental.
Con la seguridad de que estas reflexiones recibirán su oportuna
atención, le saludo con sentimiento de mi más alta consideración,
Muy atentamente,
Hipólito Mejía





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